martes, 30 de marzo de 2010

Filósofos franceses del siglo XX

Por: José Arizala

Se ha dicho que en Francia el siglo XX es el siglo de Jean-Paul Sartre. Si bien este fue el más brillante, no el único que mantuvo en alto la antorcha de la filosofía en el país galo. Por lo menos una docena de filósofos de primera línea sobresalieron entonces, sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial.


Alain Badiou, de la última camada de estos pensadores, ha publicado un breve libro (2008) en el que recoge su testimonio sobre estos filósofos con los que convivió, discutió , quiso y que tanto aportaron a que muchos de sus compatriotas y lectores de otros países, incluyendo los nuestros, formaran sus visiones del mundo.

Desde Jacques Lacan (l901- 1981) hasta Francoise Proust (1947- 1991), pasando por Sartre, Althusser, Deleuze, Derrida, Foucault, Lyotard. 14 en total. Apenas unas páginas para cada uno. El título del libro: Pequeño panteón portátil (Fondo de Cultura Económica, Argentina, 2009).

Páginas del autor escritas en momentos y motivos distintos. Badiou fue profesor de filosofía de la prestigiosa Escuela Normal Superior (ENS), hasta la edad de jubilación. Aunque hay cierto análisis de las obras de los autores reseñados, dada la brevedad de los textos, se refieren principalmente a la vida de los filósofos, anécdotas y el trato amistoso tenido con ellos. Escritos a propósito de homenajes o de su muerte, pero suficientes para dar una idea de su talante y aporte al pensamiento europeo y universal. Tuvimos la oportunidad de escuchar, en Bogotá, una conferencia de Badiou en la Universidad Nacional de Colombia hace algunos años, en un seminario sobre la filosofía francesa contemporánea.

Sartre murió en 1980. Después de los Acontecimientos de Mayo del 68, Sartre radicalizó sus posiciones políticas, convirtiéndose en un activista al lado de los grupos comunistas que proclamaban a Mao como el líder de la revolución mundial, secundado por el propio Badiou. Por ello el texto dedicado al autor de la Crítica de la razón dialéctica se refiere principalmente a las reflexiones sartrianas de ésta época militante: la lucha, el Partido, el problema de la violencia política, la revolución.

Jean Hyppolite fue un filósofo profesional, dedicado a la enseñanza, traductor de Hegel al francés, con tal precisión y brillantez que más de un profesor alemán consideraba su versión de La fenomenología del espíritu, mejor que el libro original de Hegel, “hizo de él un monumento, algo completamente nuevo” (Junger Brankel). Fue un importante historiador de la filosofía. Una de sus características era la forma como la enseñaba: en tiempo presente. Las categorías del pasado las actualizaba convirtiendo la filosofía en algo vivo e interesante. Preocupado por los sucesos de su tiempo. Le daba gran importancia a la literatura, conocedor de las novelas contemporáneas y de la poesía: Valery, Claudel…

Louis Althusser era el caso diferente. Filósofo militante, miembro del Partido Comunista Francés. Después de Stalin se propuso restaurar al marxismo en los rieles “ortodoxos”. Produjo obras importantes como La revolución teórica de Marx. Recuperado de una enfermedad que le ocasionó hechos trágicos, escribió una autobiografía estremecedora El provenir es largo. El artículo de Badiou sobre Althusser es uno de los más originales y densos que se han escrito sobre este autor.

En aquella tarde miles de jóvenes rodeaban, sin poder entrar, al Auditorio León de Greiff, porque estaba a reventar. Jean-Francoise Lyotard, comenzó su intervención diciendo: “Creo que ha habido un equívoco: yo no soy una vedette sino un filósofo”. ¿Por qué tanto interés, tanta expectativa? No sé. Probablemente la mayoría de los asistentes no había leído sus libros, pero quizá estaba enterada de que se trataba de un filósofo “pos-moderno”. Quizá los jóvenes colombianos de fin de siglo querían algo nuevo, que fuera más allá de la sociedad en que vivían y padecían. Esperaban encontrar en sus palabras un camino…Lyotard le había dedicado l5 años al combate político, con su grupo “Socialismo o barbarie”. Entonces él creía que “la política lo era todo (y) sentido el más intenso amor por la abnegación política”, dice Badiou. Luego había comenzado a descubrir que el marxismo es un discurso “vagamente anticuado”, pero “¿Cómo resistir sin el marxismo?”, se pregunta Lyotard.

Michel Foucault es descrito así : “Un sabio, en la excelencia del término, lleno de humor, modesto, capaz - cuando la ocasión la requería – de una gran violencia racional… Hay que mencionar el racionalismo de Foucault”.

Todos los filósofos incluidos en el libro por Badiou han muerto. Algunas de sus tesis sobreviven en medio de las hecatombes del siglo XXI.

martes, 16 de marzo de 2010

El cristianismo, otra página de la filosofía (XII)

Por: José Arizala

Con el final de la Escuela de Alejandría termina una etapa de la filosofía que duró 1.000 años. Desde Tales de Mileto en el 550 a.C. hasta Proclo que murió en 485 d.C. y a la desaparición de los centros de la filosofía pagana en el 529 d.C. Se inicia un nuevo período de la filosofía que durará otros 1.000 años y que coincidió con una nueva época de la historia universal. La ocupará casi en su totalidad una nueva religión, la cristiana. que surge en la esquina oriental del Mediterráneo, en una sociedad todavía tribal, dominada por Roma y en menor medida con el aporte de los judíos y los árabes.

Como ya lo habíamos anotado, el fundamento filosófico del cristianismo no está ni en el Viejo ni en el Nuevo testamento, sino en la filosofía griega, que se convierte en la inspiración directa de la filosofía medieval y que muestran de manera relevante sus mayores filósofos: Agustín, siguiendo a Platón y Tomás de Aquino, a Aristóteles. El aporte místico al cristianismo vendrá de los mitos griegos y orientales y desde luego de la nueva sensibilidad originaria de la sociedad patriarcal de Judea, expresada en el Evangelio con la muerte de Cristo como el acontecimiento central, es decir, de la crucifixión. Cuando el espíritu puro y eterno de los griegos, que Hegel llama la Idea, encarna en un hombre, que sufre y reclama la salvación.

Hegel lo dice en su lenguaje filosófico : “El primer interés con que nos encontramos en la religión cristiana es, por tanto, el de que el contenido de la Idea se le revela al hombre; dicho en términos más precisos, que el hombre adquiere conciencia de la unidad de la naturaleza divina y la naturaleza humana” (Hegel,Lecciones sobre la historia de la filosofía T. III p. 76 y s.s.F.C.E.,1955)

La aparición de Jesús como hijo-de-Dios y su sacrificio en la cruz, es el elemento concreto que le faltaba al neoplatonismo para que los hombres percibieran e hicieran suyo lo absoluto, que es , al fin y al cabo, la máxima aspiración de las religiones. Pero en el cristianismo el espíritu “es existente, presente, inmediato en el mundo; en que el espíritu absoluto es conocido como hombre en el inmediato presente”, añade Hegel. El espíritu absoluto no como algo externo, abstracto, sino formando una unidad armónica con el universo.

El conocimiento de esta verdad, el de la unidad Dios-Jesucristo, que la hace parte íntima de su subjetividad, lo convierte en partícipe de la divinidad. De aquí se deriva, agrego, el aspecto más positivo del cristianismo: tratar de elevar al hombre de sus intereses materiales egoístas, al nivel del espíritu, que el creyente solemniza en el culto y en la práctica de la “caridad”, es decir, del amor al semejante, a su prójimo, que hoy secularizamos como la solidaridad con los otros.

Según la interpretación hegeliana el Dios cristiano sin el hombre sería un dios incompleto, todavía no el verdadero Dios. “Necesita que se de, también, la identidad de la naturaleza divina y la humana y la conciencia de esto se le revele de modo inmediato en la persona de Cristo”. Aparecerá luego la contraposición absoluta a lo anterior, lo finito en el espacio y en el tiempo, el universo, pero formando una unidad con lo eterno e infinito.

La religión griega es antropomorfa, pues sus dioses tomaban las formas y los actos humanos. El cristianismo es proclive, también, a representar a Dios y a sus santos, los elegidos, en formas y procederes humanos, lo que es negado por otras religiones compatibles con el Viejo Testamento, en especial, por el judaísmo. El hombre a través de la intuición adquiere la verdad de que el logos se hace carne en Cristo, remontándose de esta manera a la espiritualidad. Pero para alcanzar la plenitud de ésta debe renunciar a lo inmediato y a “su querer, su saber y ser naturales”, como lo contempla la pasión y muerte de Cristo.

El cristiano es redimido por el sacrificio de Cristo. “Cristo fue un hombre completo, compartió la suerte común a todos los hombres: la muerte, sufrió y se sacrificó como hombre, negó su naturaleza y fue exaltado por ello”. (Hegel). El muestra como se produce el fenómeno de la conversión humana en espíritu y la exigencia del dolor que esto implica, el dolor de ver muerto a Dios mismo, la fuente donde emana la santificación y la exaltación del hombre a Dios. Así trasforma su condición finita y mortal. De ser vivo tiene la posibilidad de llegar a ser espíritu, pero este no le es dado por naturaleza.

Los acontecimientos relatados en el Evangelio serán desarrollados y generalizados por los “Padres de la Iglesia” y relacionados con la filosofía griega y con la historia. Se inicia un proceso del que no fueron plenamente conscientes los apóstoles que acompañaron al Maestro, pues no habían llegado a comprender la infinita significación de Cristo, “todavía no creían en El cómo verdad divina”.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Ajuste político en Chile

Por: José Arizala 

Los cables de la mayoría de las agencias noticiosas y comentaristas de prensa del continente, han afirmado que en las pasadas elecciones presidenciales de Chile triunfó la derecha con el candidato Sebastián Piñera, un multimillonario, quien ya lo había intentado en las elecciones anteriores, en que ganó  Michelle Bachelet.

Si bien Piñera es un militante de la derecha, al derrotar al candidato de la Concentración, Eduardo Frei-Table, quien ya había sido presidente (1994-2000), al igual que su padre Frei Montalva, pertenecientes al partido Demócrata-cristiano, no es del todo cierto que  producirá un viraje brusco   hacia la derecha, pues,  el gobierno de la Concentración que presidió la saliente Bachelet, no era un gobierno homogéneo de izquierda, sino de una coalición formada por demócratas-cristianos, liberales, social-demócratas, socialistas . El partido Socialista que hace parte de la Concentración tiene dentro de ella menor poder político que la suma de sus otros socios. Si bien el partido Demócrata-cristiano ha hecho su aporte al proceso democrático chileno, estuvo comprometido con el golpe de Estado  de 1973 y en los primeros meses apoyó la dictadura de Pinochet.

El gobierno de Bachelet ha sido uno de los más prestigiosos de la historia de ese país. Hasta el final gozó de un porcentaje favorable superior al 80%, el mayor que presidente alguno de América haya tenido en los años que corren. Entre las causas de tan alto prestigio está el ejemplo de su vida. Cuando asumió el ministerio de defensa en el gobierno anterior de Ricardo Lagos, se presentó ante los militares de la siguiente manera: “Soy mujer, socialista, separada y agnóstica. Reuno en mí cuatro pecados capitales. Pero vamos a trabajar bien”. (Le Monde Diplomatique, diciembre. 2009). Su padre, Alberto Bachelet, general de aviación, fue encarcelado y torturado por la policía pinochetista y murió poco después de salir de prisión. Ella y su madre se vieron obligadas a exiliarse en la República Democrática Alemana, donde continuó sus estudios de medicina.

El largo período del gobierno de la Concentración trató de mejorar las condiciones de vida de la población, disminuir los efectos negativos más agudos producidos por el neoliberalismo de la dictadura, con reformas que disminuyeron el número de pobres, aumentaron la cobertura educativa y de la salud, pero sin alcanzar la meta prometida de convertir a Chile en un país del primer mundo, consecuencia, también, de la crisis económica global.

Michelle Bachelet esbozó su política básica así: “Ser progresista quiere decir garantizar derechos sociales permanentes, con el fin de que la corrección de las desigualdades sea efectiva en el tiempo. No se trata de dar asistencia hoy para quitarla mañana”. Su gabinete ministerial fue paritario de hombres y mujeres. Pero todo no fue de color de rosa. Al comienzo de su mandato, dentro de la coalición, se manifestaron dudas sobre su capacidad de gobernar, nos informa el periodista Libio Pérez. Los estudiantes secundarios – más de un millón – protestaron violentamente por el bajo nivel de la educación pública, con el apoyo de numerosos profesores y padres de familia; afrontó las reivindicaciones de los indígenas mapuches de la Araucanía, hubo problemas en el transporte público, huelgas, pero se abstuvo de aplicar la legislación antiterrorista dictada por Pinochet. La socialista Michell Bachelet era el rostro amable de la izquierda latinoamericana.

Las diferencias económicas y sociales entre la población siguen siendo muy notables. Los sectores más pobres tienen un ingreso per cápita de tres dólares diarios, es decir, de 6000 pesos colombianos.

Esta situación tan precaria ha conducido a que sectores de izquierda radical y de la misma Concentración expresen su descontento. Exigen más actividad y diligencia en la solución de los problemas sociales. El joven Marco Enríquez Ominami, de tendencia socialista, ha  fundado un “centro de izquierda independiente”, que ha logrado un apoyo popular sorprendente. En las pasadas elecciones del 13 de enero, el Partido Comunista eligió por primera vez en mucho tiempo, tres diputados al Congreso Nacional.

Es previsible que el nuevo gobierno del empresario Sebastián Piñera no esté muy interesado en resolver estos problemas del pueblo más necesitado. Por el contrario, puede generar una oposición enérgica que estimule las luchas sociales, en un país como Chile de una larga y poderosa influencia de la izquierda democrática de inspiración marxista, como lo demostró la elección del gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende. Otros consideran que la victoria de Piñera, indica un repliegue de la ola electoral de la izquierda, que se extendía por las costas del sub-continente.

jueves, 18 de febrero de 2010

Lección Oportuna


Por: José Arizala


Ernest Cassirer fue un filósofo alemán del siglo XX. Publicó  El problema del conocimiento (4 tomos), La filosofía de las formas simbólicas (3 tomos), La filosofía de la Ilustración, Antropología filosófica, Kant, vida y doctrina, El mito del Estado todos vertidos a nuestra lengua en el Fondo de Cultura Económica (FCE). Recientemente en la colección Breviarios apareció Rousseau, Kant, Goethe. 

La lectura de Herman Cohen, por insinuación de su profesor Goerg Simmel, pone a Cassirer en la pista para la lectura y comprensión de Emmanuel Kant, que impresionará su pensamiento hasta el punto de convertirse en el principal intérprete del kantismo de la Escuela de Marburgo. Ésta participa, como lo afirma Roberto R. Aramayo, el prologuista de los últimos ensayos mencionados, “en la lucha sin cuartel entre un obsoleto idealismo y el monopolio que pretendían conquistar las ciencias de la naturaleza”. Boris Pasternak quién estudió en Marburgo en los comienzos del siglo XX, contribuye a dar una visión de dicha Escuela: además de extraer los tesoros del Renacimiento italiano, del racionalismo francés y escocés, se interesaba por la ciencia: “Concebida de esta manera, la filosofía habitada por la historia se rejuvenecía e impregnaba de una sabiduría que la volvía irreconocible”.  

En 1929 tuvo lugar en Davos (Suiza) un duelo filosófico entre Cassirer y Martin Heidegger, quién, con Ser y tiempo (1927), el libro más famoso de entonces, se colocó en el cenit del pensamiento filosófico. Cassirer defendía la tradición filosófica y Heidegger desplegaba las armas de un pensar desconocido y enigmático, que se convertiría en la fuente intelectual más influyente en la segunda mitad del siglo XX. 

Pero como lo mostrarían los años por venir, ese día se discutía algo más que filosofía. Cassirer criticaría al Nazismo que en 1933 llegaría al poder en Alemania, mientras Heidegger, se afiliaría a él. Cassirer, siguiendo a Kant, fue un admirador de la gran revolución francesa, mientras Heidegger lo sería de la revolución nacional socialista, aunque en años posteriores se retirara de dicho partido. Cassirer, además de demócrata, era de origen judío, y, por consiguiente, una temprana víctima del antisemitismo que ya existía en Europa desde antes del triunfo electoral en Alemania del nazifascismo. 

A finales de la segunda guerra mundial, en 1945 se publicaron los ensayos recogidos ahora en el breviario del FCE que comentamos. Cassirer, respondiendo las críticas a Rousseau de algunos autores, de que éste no es un pensador riguroso sino un “filósofo del sentimiento”, dice: “En su doctrina se encuentra el punto de vista de dos corrientes espirituales diferentes: la una conduce en Alemania al Werther de Goethe y al romanticismo, mientras que la otra desemboca en las doctrinas políticas de la revolución francesa, así como en la moral y la filosofía de la historia de Kant”.

Hitler llega al poder cuando Cassirer escribe este texto sobre Rousseau: “La libertad es negada, cuando se exige el sometimiento a la voluntad de uno solo o de un grupo dirigente […] ningún privilegio particular puede atribuirse a un individuo en cuanto tal o a una clase determinada […] conllevaría a la disolución del pacto social y el retorno al estado de naturaleza, que en ese contexto quedaría caracterizado como un estado de violencia”. Previendo el accionar de Hitler señala: “Allí donde reina el simple poder, donde gobierna un individuo o un grupo de individuos y se imponen sus mandatos a la totalidad, es convincente y necesario poner límites al soberano, vinculándolo a una Constitución escrita que no pueda sobrepasar o modificar”.
  
Para gobernar y ser obedecido se requiere la “voluntad de legitimidad”, pues, sin ésta, resulta imposible evitar que las “leyes fundamentales” sean interpretadas por el soberano, a la hora de aplicarlas, en un sentido que le sea favorable y las manipule a su antojo. Buena lección de derecho constitucional cuando el soberano aspira a mantenerse indefinidamente en el gobierno. 

El paralelo entre Rousseau y Kant lo construye Cassirer en el contraste de sus personalidades. Dos temperamentos opuestos, dos vidas completamente diferentes. Rousseau el aventurero, el caminante de los bosques y las montañas, solitario, soñador, poseído de amor por la naturaleza, explorador de la conciencia humana, creador del romanticismo. Kant, tranquilo, sereno, sometido voluntariamente a una rutina estricta, frío y penetrante en el análisis metódico del pensamiento, hasta el punto de encontrar los límites de la razón; sociable, cordial con sus amigos, trabajador incansable en la cátedra universitaria o sobre su escritorio, confortable en su estudio, que no tiene otro adorno que el retrato de Jean-Jaques Rousseau. El primero, arquitecto del alma humana; el segundo, del entendimiento humano. Dos corrientes poderosas de la voluntad y del intelecto en el siglo XVIII, que se unían en la admiración y el respeto al derecho y a la justicia.

lunes, 8 de febrero de 2010

Banquete a comienzos del siglo XX

Por: José Arizala

No hay una mesa ni sabrosas viandas, pero sí una revista que hace las veces de aquella. Están sentados a su alrededor, Baldomero Sanín Cano, quien la preside, Ricardo Hinestrosa Daza, Max Grillo, J. García Ortiz, Antonio Gómez Restrepo, Víctor M. Londoño e Ismael López (Cornelio Hispano). La revista Contemporánea, se edita en Bogotá, en los años inmediatamente posteriores (1904 – 1905) a la guerra civil que duró mil días. Las incipientes estadísticas calculan que solo el 5% de la población colombiana sabe leer y escribir. El primer número no publica manifiesto ni editorial en el que se consignen los ideales que inspiran a sus fundadores y colaboradores. Pero se puede leer un artículo de su director, el “empleado de tranvía y literato” Sanín Cano, que sirve como carta fundadora de la nueva publicación.

El siglo XIX ha tenido un final sangriento. Es el primer siglo de la independencia de Colombia. Muestra algunos avances sociales (la libertad de los esclavos) y políticos (régimen republicano), pero sin dejar atrás algunos de los grilletes de la colonia española. Un siglo conservador, católico, oligárquico, de aislamiento de los demás países, donde la brisa de los dos mares a penas penetra en su interior, interrumpida por cordilleras enormes.

 La guerra civil no resolvió ningún problema fundamental del país. La opresión política y religiosa continúa por parte de la presidencia conservadora y de la Iglesia Católica. Al contrario, precipitó la pérdida del istmo de Panamá (1903), “puente del mundo”, según Bolívar. Los jóvenes de entonces soñaban con una nueva patria. Los creadores de la Contemporánea, como su nombre lo indica, comprendían que esto solo sería posible renovando el pensamiento, ahincado en la escolástica, colocándolo a la altura de los tiempos y de la cultura mundial. La revista en su breve existencia (un año) dio mensualmente pruebas de cumplir las expectativas intelectuales que despertaba.

La tarea no era nada fácil. Una aventura política y comercial. Si bien al final de la contienda armada podía esperase cierto renacimiento de la tolerancia mutua, también mantenerse los rencores en los heridos y en la memoria de los muertos. De todas maneras los poderes del Estado y de la Iglesia, de la sociedad terrateniente, mantenían su poder y su amenaza.

Los comensales a nuestro banquete prefirieron los platos de la renovación y de la libertad. Ante todo en el idioma. Se debía remozar el lenguaje, el instrumento del pensamiento y el relato de la sensibilidad. No podía seguir siendo un medio de propaganda política y religiosa. Como en el Banquete  platónico toma el Arte como motivo: “Según el pensamiento de los de los Redactores, la propaganda, o excluye la noción pura de la belleza, o lastima su esencia”. La belleza y la  verdad van juntas, abren nuevos horizontes a las ideas y a los derechos de los colombianos.

La solidaridad venezolana no se hizo esperar. El redactor del Cojo Ilustrado, en Caracas, del 15 de julio de 1905 se apresura a distinguir “entre la Nueva Granada rancia y  estrecha, ceremoniosa y cortesana”, de la de los “buenos muchachos entusiastas, enamorados del arte”, que acompañan a Sanín Cano. Palabras que contrastan con las del bogotano José María Rivas Groot, quien afirma que en esa revista, (la Contemporánea)” donde en general aparecen escritos de mala tendencia filosófica y por añadidura en un castellano decadente e inteligible ( …) publicación neurótica y enrevesada”, el no colabora.

La Universidad Externado de Colombia, en edición de lujo ( 2006) reproduce la totalidad de los textos de dicha revista, con presentación del rector Fernando Hinestrosa y un comentario del profesor-investigador del claustro, Gonzalo Cataño. Un siglo después todavía su lectura resulta interesante e ilustrativa, nos traslada a la aurora de la segunda centuria de la patria. Sus autores escriben sobre todos los temas importantes de la cultura, literatura, arte, ciencia, en notas, artículos, ensayos, poemas, etc.

BSC muestra una prosa tersa y sencilla, llena de claridad y de ideas, destinada a sembrar en nuestro  medio provinciano los valores de las personalidades avanzadas y firmes en los principios liberales y democráticos. La inspira una auténtica rebeldía contra la academia que pretende apropiarse del idioma cuando este es del pueblo, “el verdadero y único dueño de las lenguas”. Si bien Sanín y sus compañeros no eran políticos, comprendían su importancia  para lograr el progreso de Colombia y vieron en la práctica de las libertades y en el predominio de las instituciones republicanas, los medios para alcanzar esos cambios que nos apartaran del coloniaje y de la barbarie. Iba más allá de su tiempo hasta el punto de expresar admiración por el socialismo. En 1904 escribió: “el mundo se está haciendo socialista a la vista de todos”, las reformas que se han implantado (en unas partes) impulsadas por las organizaciones obreras “ya tienen al socialismo obrando en la historia”. Baldomero Sanín Cano y algunos de sus colaboradores fueron fieles a su ideario democrático hasta el final de sus días. Un temprano antecesor de los escritores “comprometidos” que iluminarían el siglo XX.

lunes, 1 de febrero de 2010

Pañuelo trágico

Por: José Arizala

Hay un momento en la vida de un gran escritor: cuando sube al podio de la Academia Sueca, donante del Premio Nobel. Es el instante inolvidable en que culmina una existencia de trabajo, esperanza, dolor y felicidad. Breves minutos que resumen una vida, una época, un sueño, un mensaje. El escritor ( a ) transcribe en pocos reglones el talento de muchos años. Esas palabras, que surgen más del corazón, que de la pluma o de la voz, nos hablan de un mundo particular, que se ha vuelto universal. Pensamientos al que todos queremos acercarnos para medir la profundidad del pozo o la extensión del horizonte, sombrío o pleno de luz.


El 7 de diciembre de 2009 le correspondió el turno al discurso de aceptación del esperado Nobel, a la escritora rumana-alemana Herta Müller, en Estokolmo. Es un texto inesperado, absolutamente original, con un título enigmático: “Cada palabra sabe algo sobre el círculo vicioso”. Tratemos de interpretarlo: cada palabra es distinta, nos dice algo nuevo, pero guarda un misterio, porque se refiere a lo que ocurre siempre, dibujando con la elipse un ojo ciego y por ello repetitivo. Un círculo que recorre un camino infinito para regresar al punto de partida, tal como el prisionero que marcha hacia adelante pero descubre luego que ese espacio no es otro que el patio de la cárcel. ¿La autora querrá decirnos que la existencia equivale a un encierro, es una casa sin puertas ni ventanas, aunque el huésped anhela el vuelo, la libertad?



"La parte más importante del discurso de la Nobel es cuando explica porque ella escribe. Sencillamente porque no podía hablar. Al escribir se sentía gozando de libertad".



La frase clave alrededor de la cual construye su testimonio es ¿TIENES UN PAÑUELO? Es la pregunta que todas las mañanas le hace su madre cuando la niña, la adolescente, la mujer trabajadora, se apresta a salir de su casa. Es dicha con ternura o indiferencia, pero la hija la escucha siempre porque sabe que es una manera de recibir el amor, el cuidado de su madre. Regresa al cuarto a recoger el pañuelo, más bien pequeño de bordes azul celeste, que apretará en sus manos o acariciará su rostro en alguna hora del día o de la tarde, cuando el clima o las circunstancias lo apremien : “El amor se disfraza de pregunta (…) como si en el pañuelo estuviera mi madre”.

Veinte años después Herta es traductora en una fábrica de maquinarias [en Rumania]. Al comienzo de la jornada se oye el himno a través de los altavoces. Al medio día se escucha el coro de los obreros. Almuerzan con las manos embadurnadas de aceite y la comida envuelta en papel periódico. Al tercer año de empleada comienza una verdadera tragedia. Un hombre forzudo, gigantesco, del Servicio Secreto está en su oficina y le clava los ojos azules centelleantes. Le exige convertirse en “colaboradora”. Pero ella rechaza firmar la carta que le ha puesto sobre su escritorio .Le dice que ella carece de ese “carácter”, es decir, que jamás será policía o denunciará a sus compañeros. El hombre se pone histérico, “rompió la hoja y tiró los trozos al suelo” . El oficial alaba “su inusual conocimiento del ser humano” e insiste, pero ella rechaza el elogio.

La traductora comienza a ser víctima del director de la fábrica y del presidente del sindicato. Es desalojada de su oficina sin previo aviso. Se ve obligada a despachar en una escalera entre el primero y el segundo piso. Todos los días extiende su pañuelo para sentarse y manipular los gruesos diccionarios. El pañuelo se convierte en el único lugar que todavía le une al empleo. Y para colmo comienzan a verla sus colegas como una “soplona”. Finalmente es despedida de la fábrica.

“El hijo de mi abuela se llama Metz”. En una escuela alemana de Tomizoara, maestros del Reich alemán lo convirtieron en un nazi fervoroso.”Ladraba consignas antisemitas”. El abuelo lo reprendió varias veces, pero le habían “ lavado el cerebro”. Durante la guerra quiso ir al frente de voluntario de las SS. Luego celebró la boda y apenas regresó al frente fue destrozado por una mina. En la foto “sobre el fondo negro, el paño blanco parece tan pequeño como un pañuelo de niño”.

El pañuelo se convierte, pues, en un elemento importante de la vida campesina. Incluso cruza las fronteras, “pasando entre montañas y estepas hasta adentrarse en un gigantesco imperio sembrado de campos de trabajos forzados”. Recuerda su conversación con Oskar Pastior, quien permaneció en uno de esos campos. Recibe de una madre soviética un pañuelo que guarda como una reliquia y que llevó a casa cinco años después, como símbolo de la esperanza y el miedo. No renunció a él porque, “cuando uno renuncia a la esperanza y al miedo, muere”.

La parte más importante del discurso de la Nobel es cuando explica porque ella escribe. Sencillamente porque no podía hablar. Al escribir se sentía gozando de libertad, “cuantas más palabras nos es permitido usar, tanto más libres somos”. Su oración termina con una nota de desesperanza: La naturalidad ya nunca regresa cuando la dictadura a uno se la ha robado por completo. “Ya nada es cierto y todo es verdad”. El círculo vicioso se ha cerrado.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Plotino, filósofo de Alejandría (XI)

Por: José Arizala

No solo existe la poesía de las palabras, sino, también, la del pensamiento. Plotino es un claro ejemplo de ello. Su talento alcanza las mayores alturas, acercándose al lugar misterioso donde residen las almas puras que no han descendido a la Tierra. Ignoran el Cielo y el Infierno, el premio y el castigo. Lo que indica que el topos uranos platónico sería anterior al cosmos, al tiempo y al espacio, anterior al Anterior más lejano.


Hegel ha escrito una página sugerente y bella sobre Plotino, filósofo nacido en Licópolis, Egipto (204 – 270), perteneciente a la Escuela Alejandrina. Expondremos aquí brevemente los rasgos de su rostro y de su pensamiento. Comenzaremos diciendo que el núcleo de su visión del mundo y del universo, es griego, heredero de Platón, Aristóteles, Pitágoras. Pero el puerto de Alejandría es una escala en el mar, donde confluían las ideas más serias de su tiempo y las fantasías de Oriente, los cultos egipcios y el soplo de la magia. Extraña mezcla de razón y mística, de reflexión y de sueños.

Plotino es uno de los filósofos más sutiles y profundos. Su idea de lo Uno lo acerca al Ser único, inmutable y eterno de Parménides de Elea; su adhesión a lo Absoluto lo hermana a Platón; a Pitágoras con su concepción del Número, las cosas que existen como números en el logos; la centralidad de lo Uno y de lo Bueno lo hace discípulo de Sócrates. En el Dios de Plotino se encuentra lo Uno, el nous y el alma. Con ello inicia una tarea que ocupará a la filosofía y a la teología durante siglos: la comprensión racional de Dios, el desvelamiento de la divinidad. ¿ Quién es Dios? Es la unidad suprema, la sustancia absoluta que ilumina, que crea las cosas, los contenidos del universo. Plotino ha visto la “esencia” de Dios. La concibe como una fuente creadora y única que se manifiesta en la emanación de la luz, que al cobrar su forma determinada constituye la sustancia de la cosas. Hoy diríamos que es la luz del Génesis que da vida a lo increado y, por ello, permanecerá. Es lo más real de la luz o como dice bellamente Hegel, “la luz de la luz”.

En aquel entonces la sabiduría ( Hegel no la llama filosofía) india y brahamánica estaba en gran predicamento e influyó en Plotino. Este se trasladó a Roma donde logró éxito como maestro público entre todas las clases sociales, incluso con el emperador Galiano y la emperatriz, que estaban dispuestos a entregarle una ciudad de la Campania para que instaurase en ella la república platónica, lo que fue impedido por la “sensatez” de sus ministros. Plotino vivía en una forma singular: no comía carne , ayunaba frecuentemente y vestía el traje de los pitagóricos antiguos. Fascinado por la mística, siempre en busca de lo insondable e indeterminado de la sustancia divina única y todopoderosa, origen de sí misma y de todas las cosas, pero que se manifiesta en la naturaleza. Por ello algunos filósofos ven en su pensamiento semejanzas con el panteísmo.

Comenzó comentando a los filósofos antiguos. Reunió sus obras bajo el título de las Enéadas. Seis en total y cada una de nueve cuadernos. Sin embargo, no constituyen una obra coherente, sino que tratan diversos temas, según los problemas planteados por sus alumnos. Tienen un carácter metafísico. “El espíritu de Plotino flota de un modo vago sobre cada materia y trata ésta de un modo razonador y dialéctico, pero reduciéndolas todas a una solo idea (…) Lo fundamental, lo característico de Plotino es el elevado y puro entusiasmo por la exaltación del espíritu al plano de lo bueno y lo verdadero, a lo que es en sí y para sí”. ( Hegel. Lecciones de historia de la filosofía T. III p.34. FCE. 1955 ). Plotino se coloca, pues, en la pura intuición, en el pensamiento puro. Provoca dentro de sí un estado de “arrobamiento”, de éxtasis, sin dejar de cifrar la verdad única y exclusivamente en la razón y en la comprensión. Por esto último Hegel no lo considera un místico a la usanza de los monjes orientales, sin dejar de reconocer en la Escuela Alejandrina algunos rasgos de magia y de milagrería, lo que era común a paganos y cristianos en esa etapa del mundo que referimos.


Se acostumbra al iniciarse un nuevo año hacer votos por un mejor futuro. Lo primero es desear la paz para los colombianos y venezolanos. ¿ Por qué estamos solos? Ha llegado la hora de que los colombianos nos reconciliemos. Se requiere el intercambio humanitario, de secuestrados y prisioneros. Que todos ellos logren la libertad . El abandono de métodos crueles y degradantes La iniciación, otra vez, de conversaciones de paz entre el gobierno y la insurgencia. En lo internacional, una reunión de Colombia, Ecuador, Venezuela y E.E.U.U. con observadores amigos de Brasil y la Unión Europea, entre otros. Si resolvemos el conflicto interno de una manera civilizada recuperaremos el respeto de los demás países de América y el mundo y dejaremos atrás los años de soledad. Debemos tomar en cuenta que, además, Colombia es uno de los países más desiguales del mundo.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Los neo-platónicos ( X )

 Por: José Arizala Posso

En anteriores artículos nos hemos referido a los dos primeros escenarios de la filosofía: el griego, el más amplio y profundo y el romano que la unió a la espada y al derecho. Ahora la filosofía se embarca en naves cargadas de ideas en dirección a la orilla opuesta del Mediterráneo. Enfilan sus proas hacia Egipto, el país del Sol, que cada día se segmenta en nuevos dioses que despejan la oscuridad de la noche e iluminan el conocimiento de la Tierra y  del Cielo. Los egipcios midieron por primera vez la redondez de la Tierra y volvieron a calcular con precisión los eternos giros de la Luna y del Astro Rey. La religión solar y monoteísta fue introducida por Akenatón en el siglo XIV a.de C.

Los griegos y romanos desembarcan en Alejandría, situada al borde del Río Nilo y del mar. Contribuyeron sus arquitectos a diseñar  la ciudad famosa, cuyo orgullo fue poseer – aún hoy -  una biblioteca de 700.000 volúmenes (papiros). Entre los libros que cubrían las estanterías de la biblioteca universal, estaban  los de Platón, que los alejandrinos  leían en el día y por las noches a la luz de las antorchas, aunque los nativos no parecían nacidos para filósofos, sino para sacerdotes, predispuestos para honrar el más allá.

Cuando la filosofía griega desciende en Alejandría pisa un suelo nuevo. Se despoja del criterio subjetivo que ha predominado en las escuelas posteriores a Sócrates (epicureísmo, estoicismo, escepticismo) y retorna a la filosofía platónica. “Tal es la fisonomía que toma la filosofía en los neo-platónicos, afirma Hegel, corriente que va íntimamente unida a la revolución operada en el mundo por el cristianismo” (Lecciones de historia de la filosofía. T.III, p.7, FCE. 1955).Dichos antecedentes han sido considerados por Hegel como una huída a la abstracción, la “absoluta pobreza de contenido determinado”, la satisfacción subjetiva, que ha llevado a la coronación del escepticismo. Por ello el regreso al platonismo no debe sorprender. Otra vez lo absoluto surge como un requisito que exige el desarrollo del mundo, el “espíritu del mundo”, para utilizar la expresión hegeliana.

De este salto atrás, de la reconquista de Platón, se aprovechará el cristianismo. La filosofía griega aparece como el gran puntal sobre el cual se erige la “filosofía cristiana”. El puente entre Atenas y Jerusalén,  lo construirá el platonismo, cuya sede, en los primeros tres siglos de la nueva era, estará en Alejandría, donde residen varios filósofos griegos pertenecientes a la Academia Platónica, algunos de los cuales serán considerados “padres de la Iglesia” cristiana. Desde entonces, filosofía griega y en menor grado, mitología griega, irán de la mano con el cristianismo, durante la nueva navegación del pensamiento que se inicia entonces.

San Pablo, judío , conocedor de la cultura griega, convertido al cristianismo, unirá  estas poderosas corrientes que, más el judaísmo, darán a luz a la civilización Occidental. Ocurre ahora el encuentro perdurable entre Grecia y Judea, entre Jesús y Platón. La Idea platónica (el Hacedor, el Demiurgo) se fundirá con el Dios revelado de los libros sagrados.

Platón se apoya en el logos de Heráclito, el fundamento del universo y de la razón. Y en la noción del nous de Anaxágoras, el pensamiento en general que lleva las riendas del cosmos y se manifiesta en la inteligencia humana. Pero serán las religiones monoteístas (en orden de aparición) la judía, la cristiana y la mahometana, las que hablarán de un Dios personal, creador de todo lo existente y cercano a la criatura humana, hasta el punto de aceptar el diálogo con ésta y escuchar la súplica de misericordia y de perdón.

El Dios de la filosofía griega es el espíritu puro y absoluto en sí y para sí que actúa. En él va implícito el principio de la evolución, del desarrollo. Lo ajeno al espíritu es algo finito y que se destruye. El espíritu marcha hacia lo particular, deja de ser algo simple, abstracto y se torna concreto con particularidades distintas, pero la presencia del espíritu vivo que llevan dentro de sí, origina la diferencia, la contradicción, permitirá los cambios, el  desarrollo de los seres finitos.

La conciencia subjetivizada anterior hará de lo absoluto su objeto, hasta llegar a la fe en Dios que ahora se manifiesta para la conciencia. Esto explica desde el punto de vista filosófico, la adoración y la contemplación de Dios. Se crea una relación en que Dios se halla en el más allá y el hombre en el más acá, en una aparente libertad.

Alejandría se ha convertido en un centro cultural de primer orden, sobre todo en la época de los Ptolomeos, donde confluyen religiones y mitologías de Oriente y Occidente. De ese ambiente participa la Escuela Alejandrina, convirtiéndose en la verdadera filosofía de entonces, aunque con vacilaciones y confusiones, con tendencia a la unilateralidad y al dogma. Por la parte griega, influenciada por Platón, Aristóteles y Pitágoras. “Entre la cultura superior aportado por los alejandrinos figura principalmente el sentido profundo de que la esencia absoluta debe ser comprendida como conciencia de sí”. (Ídem, p.29). Es decir, residiendo en la conciencia individual.

Comentario a “Maquiavelo en Colombia”

Por: José Arizala Posso

El hombre ha sido siempre el mismo en la medida en que vive y cambia. Es el ser que se modela a sí mismo en el ámbito del mundo humano. Un mundo propio que ha construido en el tiempo, producto de un impulso que surge de sí mismo, a través del sentir y del pensar. Las generaciones, primero, las épocas después, muestran la naturaleza de esos hombres forjados en el recorrido del existir.

Hay un momento privilegiado en la historia: el Renacimiento Italiano. La modernidad ha llegado, el hombre nuevo ha llegado. En esos mismos lares mil años lo separan del hombre antiguo, de Atenas y de Roma. El prototipo de ese hombre renacido es Nicolás Maquiavelo.

Florencia, el puente “Viecco” que medita sobre el agua que fluye en el Arno, el palacio “Viecco”, que guarda el pasado grandioso, las torres que dialogan con el viento que viene de lejos, de la Academia Platónica, la cual celebró aquí su tercera sesión luego de Atenas y Alejandría.

Desde los tratados de Aristóteles sobre La política y la Etica en el siglo III a.C, na-da semejante se había leído hasta el siglo XVI cuando se publicó El príncipe de Maquiavelo. La reflexión sobre el Estado, sus instituciones, la conducta, la moral, la ética, la templanza, la prudencia en la mente filosófica profunda del griego, cede lugar al conocimiento minucioso del quehacer humano ligado a sus emociones e intereses, del florentino inmortal. Nadie como él ha conocido tan lúcidamente el vínculo entrañable que une a los hombres con el Poder. Ha expuesto con pluma elegante y discreta las interioridades del mando y de la obediencia, del dominio y de la entrega, del gobernar y del sometimiento al mandato del Príncipe y de la Ley.
 
¿Cuál es el punto decisivo de Maquiavelo?, ¿qué es lo que nos hace recordarlo una y otra vez cuando hablamos de lo que ha ocurrido u ocurrirá? Maquiavelo desvela el secreto de la historia. Hasta entonces los sucesos humanos estaban asistidos por los dioses. Maquiavelo descubre que es el hombre el verdadero protagonista de ellos, con la ayuda de la Virtud y de la Fortuna. La Virtud es el actuar del hombre, la fuerza de su carácter, el juicio claro de su mente, el coraje de su audacia. La Fortuna, la presencia no de la providencia, sino del azar, del sí y del no, de lo aleatorio, esquivo, que llega a ser o se escapa, que nos eleva o arrastra al abismo. Somos también frutos del creer y del tal vez.

El hacer que también incluye el no hacer, lo inescrutable, la sorpresa que nos espera, son fuerzas y tendencias del mundo material. Sí, es verdad, Maquiavelo menciona a Dios, pero es un Dios espectador que ve imperturbable el deambular del hombre y de los pueblos, que no interviene, que no decide, que deja hacer, que no se conmueve con el pedido humano, producto del dolor y la desesperación, quizás porque es impotente ante el juego de dados del universo, tal como lo sugiere en sus libros políticos e historiográficos en que expone con mayor hondura sus pensamientos.

Las ideas centrales de Maquiavelo lo lanzan a la modernidad: el conocimiento concreto de la realidad social, es decir, la identificación de los problemas auténticos de la vida cotidiana y la necesidad de construir la nación, unir fuerzas para constituir un poder decisivo en el concierto de los Estados y de los pueblos. Ideas básicas de una ideología que comienza a formular la nueva clase dirigente, la de las ciudades mercantiles y manufactureras italianas, que pronto competirán con Amberes, Flandes, Hamburgo, Liverpool, entre otras. Nociones que harán de Maquiavelo un adalid por la creación de un Estado con instituciones propias, contar con un ejército permanente, apartando a los condottieres, militares sin patria y sin ley diferente de la paga.

Maquiavelo no fue un sociólogo ni un economista, ciencias apenas en formación para la época, pero sí un político y sobretodo un teórico de la política. La política es una síntesis de la filosofía y de la economía y de la situación social concreta, además, contiene la experiencia histórica de un pueblo. Hay intelectuales que expresan el rico contenido de la época como un todo. Ellos conducen, señalan a los otros los caminos, porque están orgánicamente unidos a su pueblo y a su tiempo. Maquiavelo es el intelectual orgánico de Florencia y del siglo XVI de Europa. El adelantado de la burguesía europea que entonces consolida su fuerza e influirá cada día más en la cultura del continente.

Sin el capitalismo naciente de las ciudades itálicas Maquiavelo no habría existido. Dibujó como nadie el mapa de las fuerzas y tensiones de una sociedad que despierta con el comercio y extiende sus límites hasta donde se conjugan y enfrentan los intereses particulares, pero que se concentran, en medio de alianzas y pugnas, en el poder político; en este caso de la Señoría de Florencia, umbral del régimen republicano, desconocido en la Edad Media.

Algo que asombra cuando leemos a Maquiavelo es su sentido de la realidad, de sus circunstancias y su tiempo, lo que le permite descubrir el entramado que existe entre esa realidad política y social y el gobierno, la lucha de los partidos y de los estamentos sociales, del clero, la nobleza y la plebe, de los productores, comerciantes y navegantes de Venecia, Génova y Nápoles, Florencia.

Maquiavelo pertenecía a una familia urbana de clase media, propietaria de una pequeña finca en las afueras de Florencia, pero ligada por el lado de su padre a la burocracia del Estado florentino y a las familias reinantes. Fue escogido como Secretario de la Cancillería de Florencia después de superar concursos y debates. Permanecerá en él catorce años. Pero no pasará de ese límite. Pierde el puesto y debe dedicarse a las labores del campo para ganar la congrua subsistencia y la de sus hijos. Sin embargo, su enorme talento, los viajes a los países vecinos en labores diplomáticas, su dedicación al estudio de los clásicos griegos y latinos, le mostraron las verdaderas razones de las acciones humanas y los fines materiales e individuales que se esconden tras las palabras y las maniobras políticas. Con esa riqueza intelectual y cultural construyó su obra. Pero el juicio de Maquiavelo no es un juicio moral sino político. Este es el momento en que nace la política en su forma prístina, con su propio rostro y condición. Así como ha apartado la política de la religión, ahora la separa de la moral.

Maquiavelo no niega la moral, sigue creyendo en los principios morales formados por la comunidad civilizada durante centenares de años, no desconoce ni el bien ni el mal. Simplemente cree que estos principios tienen una vigencia limitada, parcial, en el mundo de la política y del Estado. Lo que le permite distinguir entre la moral particular y la moral pública. No es lo mismo servir los intereses verdaderos del Estado, que los intereses individuales; la conveniencia pública, que la conveniencia privada. Estas condiciones significan un gran paso al conocimiento de lo que Hegel tres siglos después llamará “la sociedad civil” y la “eticidad” del Estado, fuente del derecho institucional y de la filosofía política de la modernidad.

Maquiavelo aporta una nueva categoría a la política: la  del “Nuevo Príncipe”. Este es el fundador del Estado, el creador y ejecutor de nuevas formas de gobierno. Es el personaje de la modernidad. El príncipe capaz de romper con el pasado, porque ha accedido al poder viniendo del seno del pueblo, quizás de la pobreza o de la exclusión social. El pasado, la tradición, está presente en su entorno, pero en este príncipe existe un espíritu nuevo, visionario, imaginativo, deseoso de cambios y de transformaciones no sólo para sí, sino para el goce de su gente, de su pueblo, de los súbditos del nuevo Estado.

La obra El príncipe está dedicada al Nuevo Príncipe, aquél que no ha heredado el trono, que sus padres y abuelos no forman parte de la nobleza y que no es la pie-za maestra de una sociedad de antiguos poderes y privilegios. Por ello, incluso a su pesar, debe estar dispuesto al uso de la astucia y de la fuerza para permanecer en el poder. Al Nuevo Príncipe nada le viene del antiguo respeto y la obediencia que merecen los nobles y sus antepasados. No cuenta a su favor sino con su inteligencia, su audacia y su valor personal. Sin embargo, debe legitimar su mandato con la práctica que podríamos llamar de ética estatal, su gestión debe velar por sus gobernados, y hasta donde le sea posible, defender sus bienes y merecimientos. El provecho personal del príncipe está excluido de la república maquiavélica. Sólo el logro del bien colectivo justifica la transgresión de la ley o de las instituciones. Los fines supremos del Estado están por encima de los medios para alcanzarlos. No he encontrado en El príncipe la expresión literal de que “el fin justifica los medios”, pero sin duda el sentido de la exposición de Maquiavelo lo indica claramente. No obstante dicha idea debemos colocarla en el contexto de su ensayo. Se refiere no a cualquier fin sino a aquellos que condensan los intereses generales, los dirigidos a favorecer la conveniencia su-prema de la república, lo que se ha dado en llamar “razón de Estado”.

La misión suprema del príncipe es la de construir el Estado, la de impulsar la so-ciedad, enriquecerla con el desarrollo del comercio y de la industria, fortalecer sus fuerzas armadas, contar con una diplomacia hábil que saque provecho de las alianzas y conflictos entre los Estados vecinos y lejanos.

Su estrategia, su ideología, es desde luego ambigua. Fines altruistas pero en la práctica pugna despiadada por los intereses económicos, y a veces, métodos sórdidos. Maquiavelo es portador de una nueva concepción del mundo surgida entonces: la de la burguesía.

Simultáneamente a su vida ocurría en el siglo XV el inicio de un movimiento en la conducta y en el pensamiento que no haría sino acrecentarse y fortalecerse hasta el punto de convertirse en el fundamento de la modernidad. Me refiero al individualismo y al racionalismo: la personalidad comienza a dibujarse en el gris cuadro del Medioevo tardío. La figura humana como en el fresco de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, se va colocando a la altura de Dios. Al lado de los nombres de los reyes y de los papas, surgen los de los capitanes de ejércitos, de los inventores, de los poetas, escritores y pintores que despliegan una nueva forma de la belleza terrenal, de colores vivos en la profundidad de la perspectiva.

Una pléyade de nuevos filósofos descubre una realidad desconocida que se pue-de sintetizar en el Eureka de Descartes: “pienso, luego existo”, es decir, la fluidez del pensamiento y la fluidez del mundo en que éste existe; el cogito y la extensión. Sobre esta diferencia Galileo diseña la nueva ciencia que llegará a dominar el mundo y a los hombres, a través de la técnica y de su producto, el mercado. El crecimiento de la producción mercantil transforma al mundo, impulsada por los increíbles descubrimientos marítimos de nuevos continentes, entre ellos el descubrimiento de América, el más importante de la historia universal. Comienza a acumularse el capital, gracias a la producción de mercancías en los talleres y del ingreso del oro y la plata de las Indias Occidentales.

Maquiavelo es testigo y estudioso de estos acontecimientos que lo convertirán en uno de los intelectuales de la era moderna. No sólo es escritor, poeta, ensayista, dramaturgo, filósofo, historiador, político, burócrata, pequeño empresario agrario, sino todo esto a la vez, a la par que su dedicación principal consiste en reflexionar para el consumo y provecho de sus contemporáneos. Sus libros siguen leyéndose y su nombre se repite más ahora que durante su existencia. Vive para pensar sobre sí mismo y la sociedad, partiendo del modo de ser del mundo que lo rodea.

El Príncipe Moderno no debe ser otra cosa que el individuo, mejor, el sujeto, en acción. Como Cesar Borgia, que crea y destruye las conspiraciones que lo acer-can o alejan del poder, que es aceptado u odiado por los súbditos, que no es objeto de los acontecimientos sino que los impone y dirige, el verdadero artífice de la obra en que Dios está ausente.

A diferencia de la escolástica todavía predominante, que proclamaba el origen divino del poder y por consiguiente el sometimiento del Estado a la Iglesia, Maquiavelo se pronuncia por lo contrario. Así como el Estado debe contar con un ejército propio, nacional, la Iglesia, en este caso la cristiana, debe estar subordinada al Estado. Prueba de la claridad con que Maquiavelo veía el ámbito del poder estatal y su papel en la sociedad post-feudal que se abría en Florencia y otras ciudades europeas. Escribe El príncipe con un objetivo muy preciso: obtener de nuevo los favores del gobernante, para regresar a ocupar cargos en el gobierno de Florencia, pero desde luego el libro va mucho más allá; resultó un tratado sobre la Política, que si bien no es aplicable al pasado medieval, sí lo es a partir de la era moderna hasta nuestros días; por ello algunos autores le dan el calificativo de una obra científica. Pero también ha sido llamado un manual de la arbitrariedad y del despotismo. En realidad lo que el autor reclama al príncipe es el conocimiento de “las virtudes y defectos de la imperfecta naturaleza humana” y actuar en consecuencia para el ejercicio y la permanencia en el poder. El príncipe debe buscar ser amado por la población pero, en el caso de que la búsqueda de ese sentimiento ponga en peligro su liderazgo, no debe temer ser rechazado por aquélla. Maquiavelo no tenía una buena idea de la naturaleza humana; los hombres son “ingratos, hipócritas, inconstantes e interesados”, pero no se trata de un juicio moral de su parte sino de la constatación de hechos objetivos corroborados en la vida práctica y en los sucesos de la historia. Existe un doble juicio sobre la naturaleza humana: quienes destacan su maldad e imperfección, como ocurre en Maquiavelo y Hobbes y quienes afirman sus nobles condiciones como Locke y Rousseau. Sin dejar a un lado a quien se coloca en lugar intermedio, como Inmanuel Kant, que confía en su mejoramiento continuo, pero no desconoce que es semejante a una rama torcida.

Resulta extraño que Maquiavelo sostenga que el príncipe no tema ser temido. El miedo es algo terrible porque enajena, enloquece a su víctima, lo obliga a hacer lo más horrendo. El escritor Elías Canetti dice: “No quiero infundir miedo alguno. No  hay nada en el mundo de que me avergüence tanto. Es preferible ser despre-ciado que temido”.

Me he detenido brevemente en el miedo porque en el mundo actual no hay senti-miento más extendido que éste: “tener miedo a…”, destinado a paralizar la rebeldía, la legítima defensa de la vida y del pensamiento hasta el punto que podríamos caracterizar nuestro mundo como el reino del miedo.

Como lo indica el título de una premiada biografía del político florentino: Maquiavelo en el infierno, éste siempre ha estado allí y solo en los últimos años ha empezado a salir de él, en la medida en que la problemática de nuestro tiempo ayuda a la plena comprensión de sus tesis y de su experiencia política. Ya en el siglo XIX, su gran filósofo, Federico Hegel, inició la reivindicación de este gran pensador político que fue más allá de las circunstancias y formulaciones ideológicas de su tiempo.

Quisiera mencionar el aporte del gran teórico marxista del siglo XX, italiano tam-bién, Antonio Gramsci, quien afirmó que los partidos comunistas que se proponen construir no sólo un nuevo Estado sino una nueva sociedad, son en nuestros días la encarnación colectiva del “Nuevo Príncipe”.

Maquiavelo vivió en el filo de los siglos XV y XVI (1489 – 1527), siglos de un nuevo comienzo para la humanidad. En la edad media a partir del aquitanense en el siglo XIII, comenzó la reflexión sobre la monarquía de origen teocrático. Maquiavelo se enfrenta al reconocimiento no solamente de los estamentos y jerarquías de la sociedad, sino del Estado mismo muy bien representado entonces por la república de Florencia. La sola utilización del término Estado, que había desaparecido de la literatura política durante mucho tiempo, demuestra la novedad de su pensamiento.

Como lo anoté en mi librito sobre la filosofía del derecho, Maquiavelo demuestra una comprensión de las fuerzas que conforman el Estado, sus móviles, objetivos, el carácter del político, el arte y la ciencia del gobierno, las relaciones del príncipe con sus enemigos, los deberes del gobernante con el pueblo, la creación del ejército nacional y de la nación, convirtiendo en un apasionado deber la unidad de las ciudades y pequeños reinos de la península, para la creación de un gran país y una gran nación italiana.

Contrariamente a lo que se dice con superficialidad, Maquiavelo en El príncipe y en su Discurso sobre la primera década de Tito Livio le da gran importancia al derecho y a la creación de una completa y clara normatividad para la conducción y el ejercicio del gobierno. Maquiavelo fue también un filósofo del Derecho. La modernidad es la época de la formación de la iusfilosofía propiamente dicha, cuando el derecho natural recibe la paulatina influencia del racionalismo. Un paso decisivo en la formación del derecho moderno. El florentino logra desprenderse de creencias antiguas y prejuicios, desnuda al Estado y trata de encontrar sus resortes más íntimos. El Estado que él concibe es un Estado laico, independiente de la iglesia y sin tutela divina. Debe poseer una alta personalidad moral.

Hay aspectos malévolos en la práctica del pensamiento maquiavélico sin duda, pero… es sólo un aspecto de su concepción política y social. Nos atrevemos a decir que el saldo es favorable a la vida pública.
Maquiavelo es lo que podríamos llamar hoy un escritor comprometido con su propio proyecto político, el cual sintetizamos diciendo que busca fortalecer el poder y la creación de una gran nación en la cual ocuparía lugar prominente su ciudad. Sin embargo, dado su precario estatus político y social, habla por los demás, tra-tando de interpretarlos, es decir, usa sus voces para que se escuche la propia.

La recopilación Maquiavelo en Colombia, editada por la universidad Sergio Arboleda en 2007, la encabeza un serio estudio de Iván Duque Márquez, abogado y politólogo perteneciente a las nuevas generaciones colombianas, trabajo que muestra su vocación intelectual y política. Duque Márquez ha tenido la feliz idea de rescatar para la imprenta el Nicolás Maquiavelo de los colombianos, la imagen y las dimensiones intelectuales que tenemos de éste, elaboradas por nuestros compatriotas desde las diferentes esquinas del pensamiento. Frailes, gnósticos y ateos dan su elocuente y a veces sabio testimonio de la vida y obra del príncipe de las letras italianas, sin olvidar las circunstancias de la Italia de entonces que Duque Márquez resume así: “Estados conquistados, incipientes repúblicas, ciudades regidas por los dictámenes eclesiásticos, principados heredados, eran la constante en un país atomizado”.

El príncipe fue publicado en 1532, cinco años después de la muerte del autor. No sólo ha tenido muchos lectores sino que importantes personajes estamparon en sus bordes comentarios profundos. Tal fue el caso de Napoleón, de Voltaire, Fe-derico El Grande y muchos otros, para no hablar de los tratadistas y analistas de la política y del Derecho. Es posible que Maquiavelo al escribirlo no haya pen-sado en el gran público. El tono menor que utiliza y los asuntos tratados tienden más al consejo y a la confidencia, que al deseo de producir escándalo. El autor de la recopilación que comentamos trae interesantes anotaciones de los personajes mencionados arriba, algunos de ellos con duras críticas para el florentino.

Maquiavelo, recuerda Duque Márquez, vivió en una época de laxitud moral. En su ensayo introductorio dice que “la Iglesia estaba carcomida por la corrupción, la legalidad era flexible y acomodaticia al igual que la ética y la moral. La ‘razón de Estado’ y la aplicación de gobiernos fuertes eran conceptos necesarios para la preservación de la estabilidad y la gobernabilidad”.

El de Iván Duque Márquez es el ensayo más completo de los que conforman la compilación. Muestra con claridad y agudeza las facetas de un talento tan variado como el de Nicolás Maquiavelo. Como afirma Federico Chabod, Maquiavelo tiene la capacidad de observar desde fuera la actuación de los hombres, así como la de esculpir sus caracteres esenciales.

Duque Márquez termina su ensayo mostrando una visión moderna de Nicolás Maquiavelo, es decir, espulgada de las mayores tergiversaciones y prejuicios del pasado sobre su pensamiento y conducta y reflexiona sobre los ensayos recogi-dos de nuestros compatriotas.

El poeta Luis Vidales, uno de los primeros colombianos en escuchar el sonido de los timbres de la revolución de octubre en Rusia, le dedica a Maquiavelo un artículo en el cual subraya las características de su estilo literario que compara con un ser vivo: “Un prosa de poros abiertos como una piel” ajena a la lujuria especulativa de la palabra, que nos conecta al “ritmo – universo”. Es decir, que el estilo de Maquiavelo hace parte de la armonía universal, en el que hombre, época e idioma, se unen como una constelación digna de un sistema planetario. Éste esgrime en la mano más que una pluma, un instrumento de precisión, tan claro y magro, tan lúcido y exacto es su lenguaje. Vidales compara el tiempo de Maquiavelo con el nuestro en que “el mundo se halla al comienzo de la más basta y profunda revisión de todas las corrientes del pensamiento acumulado en la historia. Llega otra vez la época de los ‘enciclopedistas’. Ayer la razón, hoy la dialéctica”.
Resulta una grata sorpresa leer el ensayo de los frailes Luis Alberto Alfonso y Gabriel Flórez Arzuyuz. Se trata de un análisis brillante, profundo, bien escrito, que expone el verdadero pensamiento de Maquiavelo donde están ausente los ataques que le hace por ejemplo el prócer civil conservador Marco Fidel Suárez, aunque en prosa cristalina y elegante.

Francisco Posada escribe el ensayo más denso y esencial del libro porque se refiere a lo más hondo. También es el texto más polémico. Se enfrenta al problema filosófico principal que plantea Maquiavelo. Éste da un paso importante para el inicio de la ideología liberal, mas, al mismo tiempo, golpea la tesis sobre la cual el liberalismo levanta la concepción política con la cual espera gobernar el mundo y por consiguiente a embridar los acontecimientos a su favor.

Maquiavelo destaca la dinámica social, las libertades que se merecen los pueblos, el tener buenos gobernantes, ser dirigidos sin opresión, aparte de la religión y de sus jerarquías, enfrentándose así al reciente pasado teocrático, a las castas de la nobleza y el clero, pero simultáneamente comprende que todo esto no puede lograrse exclusivamente a través de la libertad y de la justicia, al someti-miento ciego a la ley y al orden establecido.

“Maquiavelo jamás olvidó que toda política se remite ineludiblemente a fines”, afirma Posada. Y que esos fines no son simplemente declarativos o abstractos. El “bien común”, por ejemplo, ¿es igual para el campesino, para el príncipe o para el arzobispo, están hablando de lo mismo, les corresponde por igual, se trata de la misma ley que busca el mismo fin? La historia le enseñó al florentino que su discurrir establece prioridades, “que el bien común puede dejar de serlo, que el curso del tiempo borra de modo insensible el lindero entre derecho y prerrogativas, entre derecho y abuso”.

Maquiavelo ya no piensa solamente de acuerdo con la forma lógica, escolástica, sino con una dialéctica espontánea que se irá abriendo campo en la mente del hombre moderno. Hay procedimientos políticos que parecen opuestos a los fines, a las metas propuestas, pero una vez logrados ¿es posible retroceder al estado anterior y decir que el medio era injustificable en virtud de la naturaleza del fin? Todo lo contrario, ahora parece como si hubiera sido el mejor de los medios posibles.

Maquiavelo contradice la tesis liberal de que “el uso de un medio impropio destru-ye las posibilidades del fin”. ¿Qué es el bien, qué es el mal, acaso del mal no puede surgir el bien o viceversa? Ninguno de los dos es absoluto. La realidad y la verdad están divididas en grados, son relativos, el uno se transforma en el otro. Posada hace una observación aguda: “Maquiavelo fue un adversario de las utopías”. La política que desborda los límites lógicos de la realidad, de lo presente, de lo inmediato y razonablemente posible no tiene el menor interés. Lo ideal solo cabe en función de lo real. Es el comienzo del pragmatismo de la sociedad más “materialista” que ha conocido la historia: el capitalismo.

La política no excluye a la violencia. Según Maquiavelo es consustancial a ella. El Estado es violencia, la actividad política es dominio y sujeción. El político que desprecia el arte de la guerra está predestinado a perecer. La fuerza del derecho es la del poder. El derecho es una de las formas de plasmar los fines que se propone un grupo de hombres cuando asume los riesgos de dirigir una sociedad. Educación y coacción al mismo tiempo, sostiene Posada.  Por ello podemos hablar de “la teoría más revolucionaria de ese momento: la dictadura nacionalista y popular de Maquiavelo”, trasladada a la del Nuevo Príncipe. Sin embargo, en una carta a un amigo confiesa: “¿por qué se me considera culpable de herejía o indiscreción por preferir la república a la monarquía?”.

Para Maquiavelo lo nuevo surge de la lucha de intereses concretos y contrapues-tos que imponen inevitablemente la utilización de la fuerza, de la violencia. Si queremos verdaderamente esos fines debemos estar dispuestos a utilizar la fuerza del león y la astucia del zorro, quebrar la ley que beneficia los poderes antiguos, no para lograr nuestro goce, sino el del pueblo que espera la decisión consecuente del Nuevo Príncipe, por ello se requiere la intervención de ejércitos populares, nacionales, dispuestos a combatir por la patria, por la nación y por consiguiente por los florentinos y los italianos.

Algunos han afirmado que tales ideas y procedimientos conducen a la dictadura y al totalitarismo e incluso se atreven a decir que Maquiavelo es un antecedente del fascismo. ¿Están la libertad, el derecho y la moral por encima de todas las cosas?

Francisco Posada es uno de los pensadores importantes de nuestro país, de una sólida formación filosófica, en buena parte influida por el marxismo. Sus libros sobre la revolución cubana, el papel de la violencia en la sociedad colombiana, el desarrollo del marxismo latinoamericano y el futuro de la izquierda se encuentran plenamente vigentes.

Jorge Padilla, periodista y político de la república liberal, escribe una lírica sem-blanza de Florencia, la ciudad de Maquiavelo, de los Borgias y los Médici, príncipes y papas, ricos y lujuriosos y también la de Fray Gerónimo Savonarola (1452 - 1498), el terrible dominico que truena contra el placer y la riqueza. Desde el púlpito grita: “¡oh Florencia no eres más que un pedazo de carne con ojos. Malditos sean los libros inútiles. Maldita sea la vanidosa belleza. Maldita sea la falsa ciencia. Maldita sea la alegría!”. Pero serán esas mismas llamas a las que condena todo lo alegre las que destruirán su cuerpo en la hoguera por hereje, como otros tantos, víctimas de sus propias palabras. Fue la contraparte de Maquiavelo: la lucidez de éste contra las tinieblas de aquél, de la tolerancia contra el fanatismo, el respeto a los clásicos de la filosofía y la literatura, contra el sometimiento esclavo a los dogmas de la fe en Dios. Maquiavelo observa al profeta Savonarola que llegó a dominar la república florentina pero que fue derribado. “Todos los profetas armados vencieron y todos los profetas desarmados fueron vencidos”.

Padilla evoca su existencia en San Casiano. La época dorada de Maquiavelo ha pasado. Solo le quedan las labores domésticas en su rústica finca heredada no lejos de la ciudad espléndida: “Así llega la hora de almorzar y tomo los alimentos que me permiten mi pobre mujer y mi magro patrimonio. Regreso a la posada y me encuentro con el posadero, un carnicero, un molinero (…) regreso al hogar al anochecer, me despojo de los rústicos atavíos cubiertos de lodo y me pongo traje de Corte. Así, honorablemente vestido, entro en las Cortes de la antigüedad”. Es decir, a dialogar con el Dante, Petrarca, Ovidio y los filósofos, en su biblioteca de San Casiano, cuenta Nicolás en una carta a su amigo Francesco Vittori. Pero tiene tiempo para reír y hacer reír. Escribe una de las mejores comedias de la lengua italiana: La mandrágora, que los teatreros colombianos han representado muchas veces.

Cierra el ciclo de los ensayos el de Alfonso López Michelsen, quizás el político colombiano que mejor conoció a Maquiavelo en la teoría y en la práctica. El más moderno de nuestros contemporáneos. “Me atrevería a decir – opina López – que Maquiavelo es un visionario pragmático, un pensador de nuestro tiempo, el más moderno de los escritores del Renacimiento, el precursor de la politología, sino su propio padre”. López reconoce que hasta bien entrado el siglo XIX con la aparición de “la interpretación materialista de la historia que arrojaba una nueva luz sobre algunas de sus aproximaciones al tema del Estado”, no comienza la recuperación de la importancia del florentino como pensador y figura de la historia.

El ex-presidente colombiano encuentra un paralelismo – yo diría más bien aproximación – en las concepciones sobre el Estado de Maquiavelo y de Juan Bodino (1530 - 1596). Para ambos el nuevo Estado reposa sobre el principio de la soberanía. A pesar de las divisiones internas que se convirtieron en guerras de religión, estaba la autoridad del Estado, resultado de la soberanía que ejercía sobre todo el territorio y la población, como un Derecho per se seguido de la necesidad de preservar el orden dentro de la sociedad. Para Bodino como para Maquiavelo la finalidad concreta del Estado es la de “solucionar por medio de la autoridad superior las diferencias entre los ciudadanos”, según López Michelsen, el florentino y el francés conciben el divorcio total entre la moral pública – la del Estado – y la moral privada – la del individuo – y diferencian el gobierno del ámbito religioso. Para Bodino – anota López – cuando habla de soberanía del Estado no pensaba en el gobierno representativo, sino que la definía como un hecho, producto de la necesidad.

López se inquieta por el motivo que decidió a Maquiavelo a publicar un libro tan escandaloso como El Príncipe, pero como anotamos arriba dicho libro sólo fue publicado 5 años después de su muerte, por ello sigue viva nuestra suposición que se trataba en realidad de consejos para el Borgia, un personaje terrible en más de una ocasión pero que Maquiavelo admiraba.

El ex-presidente se pregunta: “¿con qué criterio distinto al del éxito puede medirse la acción?” y contesta: “es que el éxito de la acción eclipsa lo censurable de los medios”. La política es acción y la acción se juzga históricamente por el éxito, afirma el autor de el “mandato claro”.

Como una prueba de la actualidad de Maquiavelo, anotamos algunas de sus fra-ses tomadas de su libro sobre la primera década de Tito Livio, que se asemeja a las de un autor contemporáneo cuando habla de la “seguridad democrática”: “Cuando se trata de la salvación de la patria hay que olvidarse de la justicia o de la injusticia, de la piedad o de la crueldad, de la alabanza o del oprobio y dejando de lado toda consideración ulterior, es necesario salvar la patria con gloria o con ignominia”.

Los colombianos hemos reflexionado sobre Maquiavelo por lo menos desde 1896 cuando el gramático y futuro presidente de Colombia, Marco Fidel Suárez, escribió su ensayo “Los maestros de Maquiavelo”. Termina la antología que comentamos con el prólogo del también ex–presidente de Colombia para la edición El príncipe de Áncora Editores en 1988 que hemos mencionado. Si agregamos el ensayo de Iván Duque Márquez publicado en 2007, completamos más de una centuria en que las ideas de Maquiavelo han sido como un hilo continuo, a veces oculto, del pensamiento político colombiano.

Termino recordando la siguiente anécdota: En los años de Maquiavelo, un comerciante florentino, en un día luminoso, sale a la terraza de su casa y exclama: “¡Gracias Señor os sean dadas, por haberme permitido vivir en esta ciudad y en este tiempo!”.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Leamos juntos

Por: José Arizala

¿Has unido la  luz de los textos con el placer dorado del sexo? Pues resulta encantador e inolvidable. Tal es el testimonio novelado del abogado penalista Bernhard Schilink, en su libro El lector. (Anagrama, 2009). ¿Existe algo más placentero que salir del agua tibia de la tina para tenderse al lado de  una mujer hermosamente desnuda que espera con ansiedad nuestro arribo? ¿Podemos desprendernos de nuestros  prejuicios – dogmas y principios – y de la ropa que cubren nuestras mentes y cuerpos, mientras leemos o escuchamos los pensamientos de los escritores clásicos y modernos?

Tales son las preguntas que nos hacemos al leer el relato sobre la desigual pareja de amantes que todos los días se encuentran para hacer el amor, mientras uno de ellos lee para el otro un libro importante de la literatura universal. Hoy puede ser El viejo y el mar de Hemingway. Mañana Guerra y Paz de Tolstoi o la Odisea de Homero, sin dejar de sentir esa dulce fiebre del amor intenso y puro. El tiene 15 años, ella más de 30. El estudia en el Instituto; ella es una empleada del tranvía que desde la madrugada hasta la hora perfecta de la tarde en que se encontrarán, veía en el sol matutino la esperanza de la felicidad.

 Mas El Lector no es una novela sobre el sexo, sino profundamente política y muy cercana al derecho, al derecho penal. El primer encuentro de la pareja fue completamente casual. El “chiquillo”, como lo bautiza Hanna Schumitz, lo recoge en la calle cuando un duro ataque de hepatitis lo ha tumbado al suelo. Lo lleva a su pequeño apartamento y lo cuida lavándolo en la bañera que se convertirá de ahí en adelante en la antesala del acto amoroso, continuamente repetido. Michael se enamora de Hanna durante varios meses, hasta que sus condiscípulos lo reclutan para sus fiestas y juegos propios de su edad.

Pasan los años y Michael ingresa a la Facultad de Derecho. La II Guerra Mundial ha terminado y Alemania comienza a reflexionar sobre el terrible pasado del nacional-socialismo, en el que participó el pueblo alemán. El estudiante de derecho, a instancia de uno de sus profesores veteranos,  ingresa a un seminario de su clase que seguirá con su presencia las audiencias públicas del juicio a un grupo de carceleras de los campos de concentración  y de exterminio, principalmente de judíos, erigidos por los seguidores de Adolfo Hitler. Una de las acusadas es su antigua amante, Frau Schumitz .

Para los lectores colombianos resulta de interés la lectura de los incidentes del juicio, sobre todo del ambiente predominante en él. Los estudiantes, sobre todo Michael, tenían claro la necesidad de la “revisión del pasado” y que “hacía falta condenas”. Sin embargo,  jueces, jurados, sindicados, y público, parecían como “embotados”. “Era como cuando la mano pellizca un brazo adormecido por la anestesia. Luego la sangre vuelve y la zona recupera su color. Pero sigue siendo insensible”.

Algunos abogados, quizá antiguos nazis, tenían un aire insolente y pendenciero, casi cínico. Criminales y testigos hablaban de las cámaras de gas y de los hornos crematorios, en Auschwitz con la tranquilidad de quien los ha visto todo el día, con  falta de escrúpulos e indiferencia. Hanna también mostraba una gran frialdad  cuando relataba los hechos y admitía sus culpas. Michael no podía comprender que fuera la misma mujer que tanto amor le dio y que incluso en algunas ocasiones fue tierna y agradecida con él. Y el joven estudiante se preguntaba “¿Es éste nuestro destino: enmudecer presa del espanto, la vergüenza y la culpabilidad?” Descubre su secreto: que Hanna era analfabeta, por ello siempre le exigía que él fuera el lector de los libros que ella deseaba conocer pero estaban fuera de su alcance. Esto resulta difícil de aceptar, que en un país de “cultura superior” como Alemania, existieran analfabetas. Mucho menos cuando Hanna afirma en el juicio que durante la guerra trabajaba en la fábrica de Siemens en Berlín y  aceptó ser reclutada por las SS. El autor matiza lo anterior anotando que ella había nacido entre la minoría alemana de Rumania, pero, alegamos nosotros, la escritora Herta Müller, Premio Nobel de Literatura (2009), también nació en esa región.

Esta novela ha vendido centenares de miles de ejemplares, sin embargo, su éxito se debe al tema, a la trama, mas no a la forma como está escrita. No  es fácil leer un libro que comienza con esta frase: “A los 15 años tuve hepatitis”. Contiene lugares comunes y ripios. Oigamos algunos de ellos: “A lo largo de mi vida, he hecho muchas veces cosas que era incapaz de decidirme hacer y dejado de hacer otras que había decidido firmemente (…) A lo mejor es que la única felicidad verdadera es la que dura siempre (...) Tú no podrías ofenderme a mí aunque quisieras (…) Los bosques eran alfombras verdes…”  Y algunos aciertos como cuando él protagonista dice de su amor  por Hanna: “Quedó atrás, como queda  atrás una ciudad cuando el tren sigue su marcha”. Me gustó mucho más la película, donde Hanna (Kate Winslet) hace un magnifico papel.


viernes, 6 de noviembre de 2009

Tumaco

Por: José Arizala

En la bahía, pequeñas islas rodean la mayor donde están asentados los tumaqueños, cerca del continente. Un puente destartalado que atravesaron trenes en mejores épocas. El día es amplio y caluroso en los manglares. Todo es plano, salvo el promontorio que surge como una joroba de la tierra, antes de entrar  en las aguas azules y tranquilas. Lo llaman El Morro.

Después de navegar por los esteros se llega a Bocagrande, una franja de tierra en cuya orilla  comienza el mayor de los océanos: el Pacífico. Sin embargo, en nuestra era tiende a encogerse cercado por fuertes imperios. En él coexisten islas-continentes como Australia, con atolones como Bikini, donde los franceses reventaron una bomba atómica. En el interior de mares e islas actúan volcanes que desencadenan enormes oleajes que enfurecidos destruyen costas y puertos, con miles y miles de víctimas, desoyendo así el mar la voz con que fue nombrado. En sus orillas escuché por primera vez el hondo silencio del cosmos, cuando ya el sol se había ahogado en el horizonte.
En los planes de algunos planificadores está convertir a Tumaco en el puerto al Pacífico del norte de Suramérica. Ven en su bahía el final de autopistas que vienen de Caracas y de ferrocarriles que parten de Brasilia. Otros agregan oleoductos y refinerías gigantes previas al embarque de petróleo o gas para los países de Oriente, necesitados de combustible,  como Japón, China o la India .Pero el Tumaco de hoy está muy lejos de contar con tal emplazamiento técnico que, sin duda, tendría gran importancia en el proceso de unificación de América del Sur, en que nos encontramos (2009).

La Nota uniandina ( La revista de la Universidad de los Andes). En su edición de agosto de 2009, publica un artículo  que resume la investigación del profesor Andrea Lampis del Centro Interdisciplinario de Estudios sobre el Desarrollo (Cider), de dicha universidad sobre Tumaco y sus problemas más acuciantes que, desde luego, se extienden por la costa colombiana sobre el Pacífico.

Tumaco, en el departamento de Nariño, tiene 160.000 habitantes . El 65% de ellos vive en situación de pobreza crónica. El 88,8%  son afrodescendientes. Están afectados por “procesos de degradación ambiental, económica y de infraestructura”. El investigador afirma que no pueden superarlos con sus propios medios, que se agravan por los problemas de vulnerabilidad social : tierras  que desaparecen, escasez de agua, olas de calor que afectan a los más ancianos, destrucción de ecosistemas y de servicios ambientales.

El agotamiento del   recurso pesquero es el más grave por ser la principal fuente de ingreso de sus habitantes. Los pescadores sobreviven con menos de un salario mínimo y asisten impotentes a la destrucción de los  manglares donde los peces anidaban antaño. Mientras los tumaqueños pescan en pequeños botes y canoas, las empresas ecuatorianas lo hacen con buques. Muchos de sus habitantes viven en palafitos (viviendas paradas sobre estacas en zonas lacustres, fluviales o marítimas). La concentración de la tierra es mayúscula, problema ligado al cultivo de la planta de aceite, que ha entrado en decadencia. Y si faltara algo para agravar la situación de estos compatriotas tumaqueños, paramilitares, guerrilleros y fuerza pública, siembran el terror y la muerte diaria.

Pero la región costera nariñense no es la única que presenta en nuestro país estado tan calamitoso. Los últimos censos hablan de más de 20 millones de pobres y, en medio de ello, 8 millones de indigentes. Tienden la mano esperando una ayuda. Pero el dinero de las arcas oficiales no es para ellos, sino para los ricos. No lo reciben éstos como préstamo sino como regalos a manos llenas. Algunas familias cercanas a los ministros y congresistas, se han beneficiado de  miles de millones de pesos, como lo ha denunciado ejemplarmente la Revista Cambio. Lo que significa que a algunos pocos el Ministerio de Agricultura los hace cada día más ricos y a los muchos pobres, más pobres. ¿Se requiere de Carlos Marx o de “agitadores profesionales” para instigar la lucha de clases en Colombia o  basta gobiernos como el de Uribe?

Pero este programa  no es un caso aislado. Alejandro Gaviria, decano de Economía de Uniandes, en su columna de El Espectador ( 4 / 10 /2009) dice lo siguiente: “El programa Agro Ingreso Seguro es solo un elemento de un conjunto de grandes ayudas. Los subsidios a las tasas de cambio entregados consuetudinariamente a bananeros, confeccionistas, floricultores, son aún más aberrantes, más regresivos que los subsidios agropecuarios. Las zonas francas también son una forma indirecta de subsidiar a los más ricos(…) transfieren recursos públicos al sector privado” “La esencia del problema es la existencia de un modelo económico ineficaz e injusto”.

lunes, 26 de octubre de 2009

Rafael Gutiérrez Girardot

Por: José Arizala

La Revista Babel, que se edita en Medellín, dirigida por Víctor Bustamante, ha dedicado su No. 11 (mayo-diciembre 2009) al escritor Rafael Gutiérrez Girardot (1928-2005). Su profesión fue la docencia universitaria hasta su jubilación en la prestigiosa Universidad de Bonn (Alemania), donde ejerció la dirección del Departamento de Hispanística.


Gutiérrez Girardot era un hombre contradictorio. De trato amable y escritura provocadora. Admirado por pocos y criticado por muchos de sus compatriotas. Su seriedad intelectual se manifestaba  en su dedicación absoluta al estudio, a la enseñanza y a la producción literaria y filosófica. Su vida compartió los dramas de los intelectuales colombianos del siglo XX.


Víctima de la violencia desde la más temprana edad. Su padre, Senador de la República por Boyacá, conservador, fue asesinado en 1932. Quedó a cargo de la familia de su madre, descendiente del héroe del Bárbula. Estaba, pues, predestinado para la lucha que libró con intensidad y valentía, no en el campo de las guerras civiles, sino desde la tribuna de las letras. Su temperamento más que sus ideas lo llevaron a disparar a diestra y siniestra contra sus adversarios ideológicos y estos le contestaron en igual medida. Por ejemplo, Germán Arciniegas, se refería a él sarcásticamente: “Filósofo alemán nacido en Sogamoso”.


Gutiérrez realizó una parábola política completa, desde el falangismo de sus años universitarios en el Rosario y la Nacional, hasta su adhesión a la candidatura a la presidencia de la República de Carlos Gaviria por el PDA, poco antes de su muerte. El diálogo de Gutiérrez Girardot con los profesores Rubén Jaramillo Vélez, Juan Carlos Celis Ospina y Carlos Sánchez L. el 6 de mayo de 1997, es un documento muy revelador de sus dimensiones intelectuales, al igual que el artículo Rafael Gutiérrez Girardot prólogo conservador y epílogo en la izquierda (1928-2005), de las colaboradoras María Alexandra Mosquera y Patricia Tobón Ricaurte. El ensayo más completo sobre el homenajeado es del iusfilósofo  Hernán A. Ortiz Rivas : “Un heterodoxo comprometido, que muestra dos  aspectos característicos de su personalidad: el inconforme con el establecimiento político y social y el combatiente por un cambio cultural en Colombia e Hispanoamérica que haga realidad la democracia y el libre pensamiento.


Para un intelectual resulta emocionante leer la descripción que hacen las autoras arriba mencionadas de la biblioteca de Gutiérrez en su casa de la Rheinaustrasse 142 donde vivió desde 1973 hasta  su muerte en mayo de 2005, en Bonn, a las orillas del Rin. Desde la terraza de su casa se divisa la Universidad donde Federico Hegel también enseñó en el siglo XIX. Entre los textos envidiables mencionan el Nitzsche de Heidegger dedicado por el autor el 14 de marzo de 1966, a la vez que manuscritos de éste filósofo alemán. Además colecciones de los novelistas y poetas alemanes. Gutiérrez conoció el marxismo por medio de los autores de la Escuela de Frankfort, Habermas, Horkheimer, Adorno.


Uno de los temas que merece la mayor atención de su parte es el de la formación del intelectual latinoamericano. Toma como ejemplos a Alfonso Reyes, Pedro Henríquez Ureña, José Enrique Rodó, González Prada. Y entre los últimos, Jorge Luis Borges, autores que reunió en un libro de conferencias pronunciadas en la Universidad de Maryland, E.U. Elogia a los grandes maestros del ensayo, que es el género de su preferencia, dado que éste conjuga la destreza literaria y el pensamiento filosófico. Para R.G.G. algunos ensayistas colombianos muy conocidos no pasan el examen, como Estanislao Zuleta, William Ospina, Fernando González, Gonzalo Arango.


Pocos se salvan con su exigente medida, entre ellos, Rafael Moreno Durán, Hernando Valencia Goelkel y desde luego Baldomero Sanín Cano. Rafael Maya le parece una “personalidad intelectual ambigua”. Considera importante la obra de García Márquez hasta El general en su laberinto, lo demás…repetición de sí mismo.


Resulta interesante el artículo del profesor Juan Guillermo Gómez G. que hace parte de un trabajo más extenso, que comienza con ésta afirmación:”Rafael Gutiérrez Girardot llegó a desatiempo a la vida de la crítica literaria en América Latina”. De todas maneras, agrego, es un escritor colombiano que debemos escudriñar y esclarecer.