lunes, 26 de julio de 2010

Saramago nos recordó a Caín

“Al recibir sus dones, lo acreditó como justo;
por ello sigue hablando después de muerto” Hebreos, 11,4

José Saramago, poco antes de irse para siempre, escribió la novela Caín, (Alfaguara, edición colombiana, 2009), una parábola sobre la creación del mundo y del hombre. El advenimiento de Adán y Eva en el Paraíso, sin el signo del ombligo, señal inequívoca para los demás seres humanos de que  fueron paridos  con el dolor de una madre.

Desde la primera  página Saramago deja claro que el Paraíso quedó atrás y que la tierra que pisa la pareja inédita, es la tierra del dolor, del sudor y de la muerte, un “valle de lágrimas”, como dirá la voz sagrada. Que la sustancia divina de la que aquellos proceden, se convertirá en polvo en el verano y en barro en el invierno. Saramago no recibió la gracia del cielo, fue ateo y comunista, por ello la Iglesia católica, religión de la familia en que nació, lo atacó con furia, acusándolo de haber cometido todos los pecados teológicos y ser un violador de la fe. Pero la lucidez de su pensamiento, la integridad de su conducta, fue tal, que ateos, agnósticos y creyentes lo admiraron y aprobaron la dignidad de su vida y la belleza de su prosa, premiada  justamente con el Nobel.

“Saramago no recibió la gracia del cielo, fue ateo y comunista, por ello la Iglesia católica, religión de la familia en que nació, lo atacó con furia...”

Saramago supo, pues, desde temprano, que el Paraíso se había ido de su vida y de la de millones de sus compatriotas. Su nacimiento en una aldea perdida de Portugal, su ambular por años como un errante de oficios varios, sin acceso a colegios y a universidades, lo obligó a comprender que debería redoblar su esfuerzo intelectual solitario y después de décadas de intentarlo, cuando ya no era joven, plasmó sus recuerdos y fantasías en papeles manchados de tinta, con los cuales conquistó la gloria y la felicidad del amor. Su compañera fue Pilar del Río y a la vez su traductora al español. Vivieron en Lanzerote, una de las islas Canarias, entre la península ibérica y África.

El escritor no podía olvidar el sacrificio del saber, cómo la pareja primera sufrió la expulsión del jardín del Edén “por el crimen nefando de haber comido el fruto prohibido del árbol del conocimiento del bien y del mal”. De esta manera el Dios creador y bondadoso se transformó en vengativo y entonces cometió la primera de las injusticias que repetiría con los humanos, por los siglos de los siglos.

El evangelio según Jesucristo  es la mejor obra de Saramago, escrita con amplio conocimiento de la Biblia y con toda la irreverencia de que es capaz su estilo agudo e imaginativo. Caín retoma los primeros libros de la Biblia y a través de ellos y de sus personajes, devela  los comienzos y motivos de la tragedia humana, en los cuales Dios está presente, pero en permanente lucha con sus criaturas. El hombre busca la libertad, pero Dios lo obliga a cumplir con su destino. En los libros mencionados Saramago plantea un problema fundamental. ¿Si Dios es todopoderoso, por qué permite el Mal, la traición, el sufrimiento, el crimen, las catástrofes naturales, la crueldad y la barbarie de la guerra?

Abel y Caín, los primeros hijos de la tierra, serán los primeros antagonistas de la “historia”, hasta el extremo de que Caín mata a su hermano, por razones no muy claras. Insinúa Saramago que la disputa comenzó por diferencias económicas, surgidas de la propiedad. “Y hubo un día en que Adán pudo comprarse un trozo de tierra, llamarla suya y levantar en la ladera de una colina, una casa de toscos adobes”, “el uno tenía su ganado y Caín su campo”, circunstancias que rompieron la amistad que unía a los dos hermanos desde la más tierna infancia.  ¿Por qué Dios permitió que Caín matara a su hermano?

El escritor Juan Gabriel Vásquez afirma (El Espectador, 25 de junio,2010 ) que hay dos Saramagos: el novelista y el prosista, el continuador de Cervantes, el autor de El memorial del convento, La muerte de Ricardo Reis y el autor de Ensayo sobre la ceguera y Ensayo sobre la lucidez. Los libros de la imaginación y las largas moralejas pedagógicas. La distinción parece válida, pero Saramago fue uno de los primeros en enunciarla: “Cuando digo que quizá no sea un novelista o quizá lo que hago sea ensayos”.

Creo que poco importa que sean novela o ensayo (a no ser para un profesor de literatura) si tienen ambas formas una alta calidad literaria. El mismo Vásquez lo reconoce como uno de los mejores novelistas de su siglo y un magnífico prosista, es decir, un gran escritor de nuestro tiempo, cuya muerte reciente todos lamentamos, menos el periódico del Vaticano.

martes, 13 de julio de 2010

“Campo santo”


El 14 de diciembre de 2001, W.G. Sebald, murió en accidente automovilístico en la ciudad de Norwich, Inglaterra. Había nacido en Wertach, Alemania, en 1944. Recibió el Premio Heinrich Heine por su obra literaria y otro galardón, póstumamente, por Austerlitz, considerado su mejor libro.

“Por ello, había que escuchar atentamente cada susurro del mundo, tratando de percibir tantas imágenes que nunca han encontrado su reflejo en la poesía, tantos fantasmas que nunca han logrado los colores del estado de vigilia”. Tomamos estas palabras del filósofo Michel Foucault, dichas en otra ocasión, para dar una idea del estilo del escritor alemán, cuya obra Campo santo, (Anagrama, 2007), comentaremos  a continuación:

En primer lugar debemos aclarar que el libro fue organizado por Sven Meyer y publicado después de la muerte de Sabald,  aunque los textos son en su totalidad de este. Está dividido en dos partes: breves prosas y ensayos. Los dos primeros relatos “Pequeña excursión a Ajaccio” y “Campo Santo”, son sencillamente perfectos. Se trata de una visita del autor durante dos semanas a la isla de Córcega, patria de Napoleón Bonaparte. La figura del Emperador queda en un segundo plano, aunque está presente en todas las páginas. “Cuanta más sangre corría por los campos de batalla, me dijo aquel investigador belga de Napoleón, tanto más fresca le parecía crecer la hierba”.

Se inicia con la descripción del Museo dedicado a Napoleón, pero sobre todo del ambiente, el paisaje, los habitantes de dicha isla del Mediterráneo. Es todavía una sociedad arcaica, de cultivadores y pastores, de pescadores y ancianos que viven del pasado, cerca del “campo santo”, donde duermen sus antepasados. Sus trajes ajustados y sus sombreros negros, su reposo casi perpetuo, anticipan su pronto ingreso a un mundo de sombras, lo que contrasta con el sol cálido y la luminosidad del mar. “ Obedeciendo a ese extraño instinto que nos une a la vida, di la vuelta y volví a dirigirme hacía la tierra que, en la distancia me parecía un continente extraño”.

Dos de los principales ensayos se refieren a un acontecimiento ocurrido durante la Segunda guerra mundial, que ha sido poco tratado por los escritores alemanes, sus víctimas  y menos aún por los Aliados, los victimarios: los implacables bombardeos a las ciudades alemanas. Sebald considera que ese silencio se debe a que fueron testigos de la terrible destrucción de sus más bellas y populosas ciudades, por parte de oleadas interminables de aviones que arrojaban poderosas bombas, muchas de ellas incendiarias, con las cuales no solo querían destruir el cemento, el asfalto, los puentes, los hospitales y las iglesias, sino romper para siempre la moral de lucha del pueblo alemán. Con la ayuda de Freud, “el investigador de almas”, recuerda que esa clase de recuerdos son imposibles y más aún, hablar de ellos.  Y si a lo anterior agregamos un oculto complejo  de culpa, podremos comprender las  causas de ese silencio mortal.

La indignación, sin embargo, permanece aunque no siempre salga a flote. ¿Por qué no bombardear  solo los objetivos militares y preferir barrios civiles donde los seres indefensos despertaban en medio de las llamas y el ruido aniquilador? Las ciudades se derrumbaban y las mujeres y los niños morían destrozados. ¿Eran culpables o inocentes? No estaban en los campos de batalla. Era la técnica al servicio de la deshumanización del hombre.

 La persistencia de la memoria frente a la muerte es el tema del escritor y dramaturgo alemán Peter Weiss. Signo de su escritura es “mantener el equilibrio entre los vivos con todos los muertos que llevamos dentro”. De alguna manera también somos culpables de las tragedias del mundo. Pero la compasión por ellas no es suficiente. Se convierte en memoria abstracta. Se  requiere una reconstrucción del “momento concreto del tormento”. No basta, pues, solidarizarnos con el dolor. En la descripción de ese itinerario de la tragedia esta el camino de su superación e impedirla de nuevo. Evitar que esa destrucción se convierta en estado de permanencia.


Jean Améry soportó el confinamiento en Auschwitz. Años después de su liberación logró convertir sus vivencias en ensayos, para testimoniar que el mundo imaginado y realizado por el fascismo alemán era el mundo de la tortura, en que el hombre existe solo “destruyendo al que tiene ante sí”. A pesar de algunos temas de este libro que nos muestran el espectro de la muerte, lo leí con la alegría que producen los descubrimientos, el descubrimiento de un gran escritor.


jueves, 1 de julio de 2010

Lecciones para comentar


Por: José Arizala

A todos, tirios y troyanos, nos sorprendió la diferencia numérica de votos entre los dos principales contendientes en las elecciones de la primera vuelta, el 30 de mayo pasado. Creíamos que el entusiasmo que veíamos en las calles y en los hogares por Antanas Mockus, que constituían una verdadera “ola verde”, compensaba la ayuda total que el gobierno de Uribe le prestaba a su candidato Juan Manuel Santos. Que una nueva era podría surgir de ese enfrentamiento electoral, capaz de modificar las viciadas conductas de la vida política colombiana. ¡Oh inocentes palomas!

Escribo esta columna, por razones de edición, una semana antes del 20 de junio de 2010, cuando todo se habrá consumado, muy probablemente con el triunfo del candidato del “establecimiento”, el “único capaz” de ejecutar una política sin contemplaciones contra la insurgencia y de mantener la “libertad y el orden”. Y que la oposición  se atenga a las consecuencias, si no acepta sumarse a la “unidad nacional” que se le propone.

El Partido Verde y su capitán – él insiste en que es un equipo – debe sacar las debidas lecciones de esta primera aventura. Las montoneras – la falta de un partido político –  conduce al fracaso. En política la emoción es útil cuando se convierte en una pasión inteligente (pasión en la forma, inteligente en el contenido) De ella surge la fuerza que puede cambiar las cosas, las circunstancias, las instituciones, los gobiernos, que el futuro se torne mejor que el presente. La pasión debe convertirse en  organización, en programa, con directores conocedores de la realidad social y política en que se vive y actúa. La política es un hombre con los píes en la tierra,  que también hace parte del mundo de la aritmética, de las sumas y las restas Las emociones juveniles debe adquirir formas concretas de lucha, como la muy sencilla de levantarse de la cama un domingo en la mañana e ir a votar. La política tiene un horizonte abigarrado, de sol y de sombras, donde se pierde o se gana. El empate es para los partidos de fútbol, no para quienes sueñan realmente con un mundo mejor.

El enemigo no es la política. No lo es per se como decimos los abogados. Resulta sucia, fea o falsa según sus ejecutores, por sus medios y fines. Por los oscuros intereses que pueden estar en juego, o como lo dice Mockus certeramente, “no todo vale”. Pero  es el instrumento que han inventado los hombres para autogobernarse desde los tiempos citadinos. Para no matarnos por los asuntos que nos separan, que nos colocan en bandos opuestos, debemos hablar. El diálogo es el método por excelencia de la política. Lo otro es barbarie. El dilema existente es “civilidad o barbarie”. No siempre se logra, pero debemos buscarlo. Desgraciadamente la historia universal es la historia de las guerras.  La guerra no declarada que sufrimos los colombinos no es un hecho  único, fortuito, ni siquiera en nuestra propia historia. Esto debemos tenerlo presente para poder encontrar una solución a nuestro ya largo conflicto armado. Desde luego éste es un acontecimiento lamentable. Como dice el poeta Bertolt Brecht: “Pobre el país que necesita héroes”.

Antes del 30 de mayo el entusiasmo por Mockus comenzó a derrumbarse, sobre todo en  los jóvenes universitarios e intelectuales y ejecutivos apartados de la política activa.  He preguntado a algunos de ellos por las razones de su enfriamiento. Dicen no haber encontrado finalmente en sus discursos un pensamiento coherente, conforme a sus necesidades y aspiraciones. Los mensajes que el profesor les enviaba por los medios electrónicos resultaban insustanciales, no se referían a sus problemas reales y de sus familias, demasiado generales. Así debieron percibirlo también en los barrios populares de Bogotá, por ejemplo, que no visitó y donde ganó Santos. No se refirió a su pobreza, al empleo, salud, vivienda. Criticaron sus elogios al Presidente Uribe y a su obra de gobierno. No compartieron  el ataque al Polo Democrático Alternativo que, de alguna manera, defendía sus intereses y representaba sectores populares.  Alguno de sus jóvenes críticos me manifestó que parecía que Mockus sintió miedo de ser Presidente de Colombia y se asustó ante la ola popular que lo aclamaba.

lunes, 14 de junio de 2010

La suerte está echada

Por: José Arizala

Una vez más ha ganado las elecciones presidenciales del 30 de mayo (la primera vuelta), el candidato del establecimiento político. En este caso, Juan Manuel Santos, representante del uribismo, de la derecha militante. Aceptando con entusiasmo toda la herencia de ese régimen, sin la menor reserva. De tradición liberal, perteneciente a una de las familias más poderosas del país, copropietario de la mayor empresa periodística, El Tiempo, que cumple por estos días l00 años de fundada, de enorme influencia en la opinión pública. Santos duplicó en porcentaje y número de votos a su más cercano contendor, el profesor Antanas Mockus.

A su vez Santos se benefició de la ayuda del aparato estatal, de las grandes empresas, de los votos de las grandes y pequeñas ciudades, de los campesinos, de la Colombia profunda, muchas veces recorrida por la guerrilla, durante los últimos cuarenta años. Su programa continuista de la política oficial enfatizó en un desarrollo capitalista neo-liberal. No importa que en el pasado haya planteado como modelo económico una “tercera vía” entre el capitalismo y el socialismo. Después de su triunfo propuso un “acuerdo nacional de unidad”, que haría innecesaria la oposición a su gobierno. Rectificando su posición anterior, saludó al candidato Gustavo Petro del Polo Democrático Alternativo (PDA), con cuyo partido no quería absolutamente nada, pues, según él, pertenecía al campo despreciable de los “mamertos y bandidos de la izquierda”.

El PDA no desapareció de la escena política como vaticinaban muchos politólogos. Por el contrario su candidato Petro salió de la batalla electoral con prestigio y absuelto de alguno de sus “pecados” de juventud, como el de haber pertenecido a un movimiento guerrillero. Pero el resultado de Petro pudo ser mejor si no hubiera cometido algunos errores. Al comienzo de su campaña se pasó de la izquierda al centro, creyendo que así ganaría más votantes, olvidando que ese lugar ya estaba ocupado por otro buen candidato, Rafael Pardo, quien ha sido liberal todo el tiempo. Desde luego los centristas preferían el original al advenedizo.

Estas vacilaciones de Petro contribuyeron al auge del fenómeno electoral de la jornada, el candidato Antanas Mockus, del Partido Verde, quien adelantó una campaña muy original, con un lenguaje novedoso y una actitud desapasionada, casi políticamente neutra, un tanto mística, como un Gandhi colombiano. Logró más de tres millones de votos, una cifra increíble en tan poco tiempo (en no más de tres o cuatro meses). El peligro de estas victorias tan inesperadas y caudalosas es que no adquieran consistencia y como globos gigantes sean arrastradas por el viento de los acontecimientos. La tarea del Partido Verde en la coyuntura, es crear, para participar en la segunda vuelta, una alianza de fuerzas anti-continuistas, capaz de derrotar la hoy sólida alianza liberal-conservadora que encabeza Santos.

El peor desempeño en la liza electoral le correspondió a la candidatura de Noemí Sanin, del partido conservador. Lo que comenzó como un partido unificado por el afán de tener en sus manos la totalidad del poder, terminó en un enorme desastre. Se dividió en tres partes: la oficial del directorio, la disidente del exministro Arias y la de los hijos de los presidentes conservadores que decían representar la doctrina más pura. Es posible que en el fondo estuviera la dispuesta por los cargos públicos del futuro gobierno. ¿Cuál era la carta más segura, Noemí o Santos?

El liberalismo terminó con muy magros resultados. Luchó por mantener una posición digna de oposición a la arbitrariedad y a la corrupción del gobierno releccionista, pero el partido, como organización, no respondió a ese llamado a favor de los principios y de la decencia. El agua, en los 12 años de oposición, que ellos han llamado de tránsito por el desierto, se agotó del todo. Una frustración más de un partido que ha contribuido a la historia de Colombia en los últimos 150 años. Sería posible que una fusión con el partido Cambio Radical que dirige Germán Vargas Lleras le permita prolongar su existencia.

Probablemente la candidatura de Mockus no logre superar en la segunda vuelta a la maquinaria arrolladora de Juan Manuel Santos. Este tiene demasiados factores de poder a su lado, incluso de vastos sectores populares que temen perder las migajas que les “regala” el establecimiento, para poder sobrevivir. Cuenta, además, con la indiferencia de muchos que prefieren el abstencionismo a participar en elecciones que la experiencia les demuestra resultan inútiles para resolver sus problemas. Los colombianos pobres y excluidos, los desempleados, los desplazados a la fuerza, los humillados y sedientos de justicia, siguen esperando que la democracia se acuerde de ellos. Amén.

martes, 1 de junio de 2010

¿Qué es la escolástica? (XIII)

Por: José Arizala


Con la decadencia del mundo romano, en los comienzos de la Edad Media, la cultura en Occidente prácticamente se eclipsó. Sobrevivieron unos pocos comentarios latinos y tratados de poca relevancia intelectual. Pero como los hombres no pueden permanecer en la orfandad del pensar poco a poco las mentes volvieron a andar. Lo que siguió fue la Escolástica, que según Hegel presenta en su conjunto una apariencia monocolor.

El alemán capta un rasgo general que permanecerá desde el siglo VI hasta casi el XVI. Difícil encontrar notables gradaciones filosóficas en esa extensa filosofía fuera del tiempo, que daba la sensación de un “pensamiento perenne”, el cual resultaba fácil señalar como venido del cielo y para toda la eternidad. No es en rigor filosofía. Se trata más bien de una teología. Los grupos donde se creaban estos pensamientos eran las escuelas “scholasticos”, que funcionaban anexas a las grandes catedrales y monasterios. Los padres más competentes recibían el nombre de “escolásticos”, más tarde fueron los “doctores” (“doctores tiene la Santa Madre Iglesia”).

Hegel no tiene una buena idea de la escolástica. Para él no es más que la ciencia de los conceptos doctrinales que todo cristiano debe abrigar. En términos más rigurosos la define como teología: “El tema esencial y único de la teología, como teoría de lo divino, es la naturaleza de Dios” Los doctores van entrando en un campo específico que se acerca a la filosofía. Con el paso de los siglos, el comienzo de la diferenciación de  la filosofía de la teología, “marca precisamente el tránsito a los tiempos modernos, en los cuales se admite ya la posibilidad de que la razón pensante admita algo como verdad que no lo sea para la teología” (Hegel, Lecciones de historia de la filosofía. F.C.E. 1955. T. III . p. l06). Para la escolástica propiamente dicha todo residía más allá de la realidad.

En el paganismo la naturaleza exterior tanto como el pensamiento estaban bien, contenían un significado afirmativo. Pero bajo el cristianismo la raíz de la verdad tiene ya un sentido completamente distinto. Ahora la naturaleza, la conciencia de sí mismo y no solo los dioses paganos y la filosofía, tienen una posición negativa. La naturaleza para los cristianos carece de interés, el firmamento, el sol, la naturaleza, “son un gran cadáver”. La espiritualidad se ha ido de la materia, carece de subjetividad, por ello puede interrumpirse su curso natural. Esto explica los milagros. La verdad, pues, no tiene asiento en la naturaleza, sino que es revelada.

Desde luego, agrego, algunas  de estas concepciones cristianas han evolucionado y tratan de ponerse a tono con aspectos de la ciencia moderna, aceptando, por ejemplo, la teoría darwiniana de la evolución de las especies, mas no los avances de la genética, los anticonceptivos, etc. En el interior de la escolástica  aparece la filosofía, la contraposición entre la fe y la razón. Según los escolásticos, la razón encuentra su realización en otro mundo, no en este, mientras que las tendencias vivas de la cultura tienden a restaurar la fe en “este” mundo. Hegel hace una aportación valiosa cuando anota que la escolástica, “por lo que se refiere al hombre real, su reconocimiento no radica en las relaciones sociales, sino en otra parte, fuera de ellas”. Esta idea de que “el hombre es el conjunto de sus relaciones sociales”, la tomará  Marx para una de sus definiciones del hombre.

Esa ausencia de la racionalidad de lo real, según Hegel, “muestra la barbarie de un pensamiento como éste” (el escolástico). Aferrado a otro mundo que no posee el concepto de razón, es decir, “El concepto de que la certeza de sí mismo es toda la verdad”, pensamiento que no es aquí un movimiento independiente  (propio) de la verdadera filosofía, “que penetra la esencia y la proclama”.

La mayor debilidad de la escolástica reside en que su mundo es el mundo de la religión cristiana, o sea, el de Dios inmutable, la materia solo como creación divina, la libertad o no del hombre, en que el entendimiento  gira en torno a lo que se manifiesta y percibe (el realismo filosófico, sobre todo en Santo Tomás). Utiliza las categorías de potencia y acto, de libertad y necesidad, de calidad y de sustancia, tomadas de la filosofía aristotélica. Con ellas el pensamiento escolástico entra en infinitas distinciones, lo que le da un carácter deductivo, propio de un proceso lógico formal. Hegel concluye afirmando : “La filosofía escolástica consiste, pues, en un razonar silogístico”. O sea, en una cadena de abstracciones.

Por juicios como los anteriormente expuestos, el filósofo colombiano Nicolás Gómez Dávila llamó a Hegel un gran blasfemo.

jueves, 20 de mayo de 2010

La campaña presidencial

Por: José Arizala


Cuando terminaron de leer el comunicado de la Corte Constitucional declarando inexequible el referendo reeleccionista y estalló la sala en aplausos, una buena parte de los colombianos tomó conciencia del fracaso del gobierno de Álvaro Uribe Vélez y del ocaso del uribismo como concepto político y obra de gobierno.

Uribe en 8 años de gobierno no resolvió  los problemas básicos de la nación: la violencia rural y urbana, las relaciones económicas y diplomáticas con países vecinos, aumentó el desempleo, la crisis de la salud, la pobreza, el desplazamiento forzado de los campesinos, la concentración de la propiedad de la tierra, se consolidaron algunas bandas de narcotraficantes, el Estado se hizo más confesional, la corrupción se extendió por el territorio nacional, las entidades estatales y empresas privadas, etc.

Periodistas destacados como León Valencia, Daniel Coronell, Juan Gossaín y  otros, han denunciado hechos, en consonancia con la Fiscalía, que violan gravemente los derechos de magistrados, políticos de la oposición, periodistas y miles de personas del común, incluyendo su libertad de conciencia y de expresión, la libertad de prensa y el más importante de todos, el derecho a la vida.

Varios columnistas han afirmado que la unidad de dos movimientos políticos nuevos: el Partido Verde y Compromiso Ciudadano, encabezados por Antanas Mockus y Sergio Fajardo, le han dado un nuevo impulso a la campaña presidencial y aportado con énfasis el tema ético. Son candidatos sui-generis, profesores universitarios de carrera, matemáticos, sin experiencia política, aunque ésta, en las actuales condiciones del país, puede ser una virtud antes que un defecto. Ciertamente la corrupción en Colombia no tiene límites. Desde hace décadas viene incrementándose.” Pero – dice Valencia – en los dos mandatos del presidente Uribe el abismo es pavoroso”. Y desde luego, debe combatirse duramente.


 "Si bien las relaciones económico-sociales resultan predominantes en la sociedad moderna, no significa que la ética haya perdido su valor y dejado de modular la conducta humana"


Si apelamos a la filosofía diremos que el problema ético es más propio de los Antiguos que de los Modernos. La ética, es decir, el conjunto de los principios y leyes morales, comenzó a ser elaborada por la filosofía práctica de Aristóteles y luego fue reforzada por el cristianismo. Era, con la religión, el elemento unificador de la vida privada y de la ciudad hasta finales de la Edad Media. En la modernidad, como resultado de cambios económicos profundos, surgió la Filosofía Social, iniciada por Maquiavelo, Tomás Moro, Hobbes, hasta Marx. Moro en 1517 escribió : “En todas partes donde hay propiedad privada, donde todos miden todo según el valor del dinero, apenas será posible ejercer una política justa o coronada por el éxito”. Maquiavelo enunció que los intereses materiales condicionaban a los individuos y a los Estados. Hobbes, el fundador del liberalismo absolutista, quiso convertir la política en ciencia, en una ciencia natural, apoyándose en un férreo iusnaturalismo. Influido por la ciencia de la época, “Hobbes investiga la mecánica de las relaciones sociales como Galileo la de los movimientos naturales” ( Habermas, 1987)

Según esta teoría, desde entonces los problemas decisivos de la sociedad no son éticos, sino los que se derivan de la propiedad privada (como lo acentuarán Locke y Rousseau), de los bienes materiales creados por el hombre en la época de la producción mercantil, regulados por el soberano, a través de la autoridad y la ley. Se convierten en un problema sobre todo del Estado y menos de la conciencia  individual de los ciudadanos.

Lo que Colombia requiere son instituciones, en lo cual contribuyó muy poco el gobierno uribista, un corpus jurídico justo, un sometimiento a la Constitución. Esta legalidad se ha venido deteriorando en nuestro país agudizando la injusticia social, que no es  solo resultado de la ambición y la codicia del dinero, de las tierras, de las fábricas, sino de una desigual estructura social que la propicia y estimula. ¿Cuál de los candidatos presidenciales  lo comprende y está dispuesto a  efectuar cambios estructurales fundamentales que disminuyan la pobreza?  Lo que prometen es darnos más dosis de lo mismo de Uribe: guerra y seguridad. ¿Seguridad para quienes?  Si bien las relaciones económico-sociales resultan predominantes en la sociedad moderna, no significa que la ética haya perdido su valor y dejado de modular la conducta humana. Pero la propiedad y la mercancía se han convertido en un dios de nuestro tiempo, dispensador del bien y del mal.

Andrés Pastrana fue elegido Presidente de la República porque el país estaba hastiado de la guerra,  Álvaro Uribe porque el país no soportaba más la guerrilla y ¿Mockus? Porque estamos cansados de los “falsos positivos”, de la politiquería y la corrupción. Lo que no hemos ensayado es un gobierno dispuesto a ganar la paz.

domingo, 2 de mayo de 2010

Presencia cotidiana del mar

Por: José Arizala

El mar es el espectáculo más impresionante que ven los ojos humanos. ¿Quién no se estremece cuando contempla esa masa ilímite que tienes siempre a tus pies, en una extensión que disuelve la distancia entre el cielo y el mar? ¿Existe comunión más intensa con el mundo – no solo con la naturaleza – que la que sientes cuando lo contemplas, estando tendido sobre un terrón de arena de la playa o sobre el peñasco del Cabo de la Vela?

Poseído por estas dilatadas emociones comencé a leer la novela El mar,  del escritor irlandés John Banville (n. 1945), considerado un escritor de gran estilo por los mandarines de la crítica literaria. Uno de ellos la sintetiza así: “Es una conmovedora meditación acerca de la pérdida, la dificultad de asimilar y reconciliarse con el dolor y la muerte y el poder redentor de la memoria”. Por esta novela su autor recibió el premio Man Booker, 2005.

Esperaba encontrar largas parrafadas líricas. Pero aunque hay repetidas alusiones a la belleza del mar, Banville, como ya se dijo, la dedica a su drama –muerte, dolor, memoria – donde el mar aparece como un acompañante cotidiano que rodea sus recuerdos, cual pesadas y oscuras olas en su mente : “ Con que felicidad sopla hoy el viento golpeando con sus grandes puños suaves e inútiles los cristales de la ventana  (…) Era un día de esos en los que, últimamente, el sol es para mí el grueso ojo del mundo que me mira con sumo deleite mientras yo me retuerzo en mi tristeza (…) Que apagado suena todo a la orilla del mar, apagado y sin embargo enfático, como sonidos de disparos a lo lejos ( …) La arena emitía un olor misterioso, como a gato (…) Levanta una mano para apartarse un pelo que ha quedado pegado a la frente mojada y fijo la mirada en la secreta sombra que hay bajo la axila, azul ciruela, el tono de mis húmedas fantasías en noches venideras (…) Las olas arañaban la arena suave que había en la línea del agua, escarbando para afianzarse en la playa, pero inevitablemente fracasaban”.

En las primeras páginas se relata la aparición de la enfermedad y posterior muerte de Anna, su  esposa. Lo hace de manera delicada y sutil, apenas con las palabras necesarias. Nos prepara para hondas reflexiones, no en tono filosófico, sino en medio de la cotidianidad de la vida, esta vez velada por un amor pleno de secreta ternura. Más adelante anota sobre la enfermedad de Anna: él escuchaba el miedo que giraba en su interior, incluso cuando el dolor no había aparecido todavía, sino en los exámenes del Dr. Todd. Lo que la atormentaba era una sensación de zozobra, Apenas tenían tiempo para recordar sus primeros días juntos, el verano londinense en que se conocieron y casaron. Al lado de este triste relato se desliza la voz del protagonista principal, mostrando su lugar en esa sociedad moderna, entre los grandes hombres de su población, médicos, abogados, industriales provincianos, para los que su padre trabajaba humildemente, los restos de una aristocracia terrateniente protestante, aferrada a sus mansiones entre los bosques del interior : “De una sociedad donde la mayoría de los hombres se sienten decepcionados con su destino, languideciendo en sus cadenas con callada desesperación”.

Banville salpica el texto con alusiones a pintores y escritores, que no siempre vienen a cuento, pero con ellos amplía el espacio de los temas del libro. Su  prosa minuciosa, precisa, llena de detalles, a veces iluminada con adjetivos inesperados y metáforas brillantes, prueban la clara influencia de Vladimir Nabokov, uno de los buenos escritores del siglo XX.

Existen numerosos libros con el mar. Entre ellos Los trabajadores del mar, Los mares del sur. El marinero que perdió la gracia del mar de Hugo, Stevenson y Mishima, respectivamente. La mayoría de ellos destacan en extenso su belleza y su fuerza. No del todo el caso del libro que comentamos. En cuanto a mí, prefiero soñar con catedrales ancladas en el fondo del mar.





Este amor truncado por la muerte descompone la existencia de Max. Lo condena a la eterna soledad, a la insatisfacción consigo mismo, a ver la pobreza intelectual y moral de los demás seres. En vano trata de revivirla en el recuerdo, pues hasta las líneas de su cara  y de su cuerpo se van perdiendo; solo quedan algunos gestos, algunas palabras o ratos de tensión, de desencuentro. Los más felices se hunden lentamente en el olvido. Aunque el autor reconoce que ha tenido momentos en que se sintió a punto de partir, la muerte de Anna le enseñó que la vida no es más que una larga preparación “para subir al negro barco de un río en sombras”.

domingo, 25 de abril de 2010

Amsterdam

Por: José Arizala

Amsterdam tiene fama de ser una ciudad donde reina la libertad. La libertad política, moral, religiosa. Libertad para el sexo, las drogas y la muerte. El escritor inglés Ian McEwan (n. 1948) escribió una novela con  el mismo nombre Amsterdam,( Anagrama, 2005). Recibió por ésta el Premio Booker. Es considerado uno de los mejores escritores europeos contemporáneos. Recientemente estuvo en Cartagena en el “Hay Festival” 2010. También en Bogotá donde dictó una conferencia en la Biblioteca Luis Angel Arango.

La primera frase que me impresionó fue: “Había algo gravemente erróneo en el mundo cuya culpa no podía atribuirse a Dios ni a su ausencia”. La sentencia es irreverente y profunda; condensa todo el tema del libro. Repetimos. ¿Qué hay más allá de Dios y su ausencia, quién llena ese hondo abismo? Respondemos interpretando al autor: la voluntad o, mejor, el destino de los seres humanos. Gozamos y padecemos este mundo, podemos libremente sembrar una flor en él o buscar la muerte.

La historia de Molly Lane comienza el día de su cremación, cuando – privilegio de pocas – sus examantes y su marido, la acompañan hasta el final. El escritor es poco discreto, de inmediato comienza a contar chismes: durante la enfermedad, cuando ella recibe la visita de Clive o de Vernon, “se excitaba en demasía como anticipo de una depresión profunda”. ¿ Ella sería consciente de que dicha excitación obedecía a auténticos recuerdos o a los atropellos de la sangre? El uno le pregunta al otro durante el sepelio: recuerdas aquella noche de Navidad de 1978 cuando en una casona escocesa, Molly bailó desnuda sobre una mesa de billar y mordió la manzana que tenía en la boca, mientras su pareja en calzoncillos mostraba un taco que hacía oscilar a modo de serpiente?

Pero la novela no relata la vida de Molly Lane. McEwan la utiliza como punto de contacto de las vidas de sus amantes y de la época – el último tercio del siglo XX europeo. Si Molly es superficial, coqueta, fácil para hacer el amor, sus amantes están en el corazón de la época, hacen parte de ese entramado complejo y contradictorio de final de dicho siglo, que  tantas cicatrices dejó en la historia.

Vernon es un periodista destacado que lucha a brazo partido por aumentar la circulación del diario, El Juez, que dirige y cuyos accionistas le exigen cada día más. Clive es un famoso músico a quien el gobierno británico le encarga la composición  de La sinfonía del milenio. Julian Garmony, Ministro de Relaciones Exteriores del Reino Unido y aspirante a ocupar el cargo de Primer Ministro. George, el marido de Molly, está dedicado a los negocios. Es uno de los accionistas de El Juez.

Molly había tomado fotografías íntimas a Garmony en las que posa ante la cámara con ropas de mujer y que ahora están en manos de su vengativo marido. Este sugiere publicarlas en El Juez, aunque las ofrece a otros diarios, dispuesto a aceptar la mejor oferta. Vernon acepta finalmente  su publicación en el diario, así ampliará su tiraje y por consiguiente mejorarán los resultados económicos. Hace tiempo que ha comprendido que la información también se ha convertido en una mercancía, en un negocio como cualquier otro, que carece de límites que le impidan acrecentar  las ganancias. Pero también sabe que si no vende su mercancía informativa, perderá el puesto. Además, si publica las fotos le dará un golpe mortal a las aspiraciones de Garmony, su adversario político, de llegar a Jefe del gobierno (todo indica que se trata del conservador).

Asistimos al mismo tiempo al proceso creador de Clive, algunas de las mejores páginas de la novela. A la secuencia del creador que se enfrenta a la tarea  de trasladar sus ideas y emociones a una melodía inspiradora, intensa y sublime. Vemos a Clive de pié o recostado , solitario, ante la amplia ventana de su estudio en espera de la noche, mientras las notas presentidas y al fin logradas, se inscriben en las hojas pautadas, que los variados instrumentos de la orquesta convertirán en sonidos suaves o tempestuosos.

Algo comienza a fallar, “ese algo gravemente erróneo del mundo”, que se mencionaba arriba, hace su aparición. Clive viaja a la región de los lagos y las montañas para recuperar la inspiración, pero los sonidos de la naturaleza apenas alcanzan para avanzar en la sinfonía por encargo, cuyo plazo de entrega se agota.

Si a Vernon le cae por sorpresa su fracaso, su soledad, su desempleo, a Clive le ocurre igual. Su “genio”, su pretensión de ser un Beethoven inglés ya no va más. Agobiados por la enfermedad de Molly los dos amigos, no ajenos a contrariedades mutuas, habían acordado ayudarse a bien morir cuando el cansancio de vivir o las fuerzas se escapen. Clive debe ir a Amsterdam a ensayar su pieza sinfónica, a sabiendas de que su racha creativa se había agotado. Vernon le sigue. La ciudad de la libertad también le abre sus puertas a la eutanasia. En sus respectivos cuartos de hotel, ayudados por médicos corruptos, se cumple la ceremonia. Garmony comentará: “No fue un doble suicidio. Se envenenaron mutuamente. Fue un asesinato recíproco”.

domingo, 18 de abril de 2010

EL CREPÚSCULO DE LOS DIOSES

Capítulo del libro Manual de ateología (2009) , de varios autores.

Por: José Arizala

 Cuando pienso en los dioses recuerdo los atardeceres. Los dioses aparecen cuando la vida comienza a apagarse como el sol en el poniente. Poetas, músicos, filósofos, han hecho referencia al “ocaso de los dioses”, queriendo indicar su lenta ausencia del escenario histórico. También aluden con ello a la lontananza del mundo, al más allá que nos recuerda el final y nos invita a un nuevo comienzo. Lo presentimos inevitable, mas no queremos morir. Esperamos que una mano oculta y poderosa nos conduzca vivos a la eternidad. Vivir, seguir viviendo, es nuestro anhelo más profundo.

Una obra que expresa esta esperanza infinita es La comedia de Dante. Iniciamos el sendero divino, el ascenso en la escala de los astros, después del infierno, despiertos, de la mano de Virgilio, hasta encontrarnos con el resplandor de Dios. La comedia es un género literario placentero, una farsa con final feliz. “Ya está bien de tanta comedia”, dicen los españoles.

Su muerte nos lleva a preguntarnos: ¿cuándo nacieron los dioses? En la profundidad del tiempo. Era la eterna noche oscura pero vital, cuyo viento cósmico creó el sol y el universo y seguirá creándolo una y otra vez. Un día, no el segundo ni el tercero, surgió la chispa de la vida; no en el aire, ni en la arena, sino en el mar, en el agua, en el h2o; sí entre la mezcla doble de hidrógeno y oxígeno. Elementos simples, sencillos, con el poder de dar origen, y por consiguiente de vivir, de extender la vida al resto de la Tierra.

En el mar y luego en los pantanos, una larva silenciosa y oculta comenzó a andar. Poco a poco se levantaría del fango y se convertiría en planta y animal, hasta que el hombre se adueñó de todo. Pero eran tantos los peligros, tan fácil desaparecer para siempre, que su corazón y su mente reclamaban un poder superior que lo protegiera; entonces los hombres inventaron a los dioses, descubrieron su palabra de fe y de esperanza. Mas los dioses eran tantos, se encontraban en todas las hendiduras de la tierra y en las tempestades del cielo, que al fin los hombres acordaron unificarlos y pensar en sólo Uno, todopoderoso, omnisciente, capaz de detener el desastre, revivir a los muertos y darnos la vida eterna.

Pero el hombre siguió viviendo en la incertidumbre, azotado por los acontecimientos, que van de los cataclismos naturales a las desgracias de la vida propia. El hombre es una brizna de hierba en manos del destino inescrutable. Está condenado a la inseguridad, a la inquietud y al fin trágico de la muerte. Se exige a sí mismo un soporte, una tierra firme en qué apoyarse, que no es otro que el don de los dioses.

Pero el genio religioso no es tan inocente, ha sido aprovechado por el poder. Es posible que religión y poder aparecieran al mismo tiempo. Se convirtieron en dos brazos de una misma fuerza de opresión. Una material, espiritual la otra. Actúan entrelazadas. El poder estatal se manifiesta no sólo con las armas, sino, sobre todo, con las ideas; tiene una expresión jurídica, leyes e instituciones, fundamentadas en la legislación divina.

En el siglo XX existieron Estados que buscaron ser ateos o a-religiosos. Sin embargo no pudieron imponer el ateísmo. Hasta el presente no se conoce una sociedad humana desprovista del sentimiento e interés religioso, de la confianza en la existencia del “más allá”. Sin embargo, resulta notorio el aumento de la población que no cree en Dios o por lo menos que no practica religión alguna, proporción que crecerá aún más.

Después de una intensa religiosidad en la edad medieval, se inició una época de paulatino descreimnto en los dioses, sobre todo en el dios de Occidente. Ocurre en la Edad Moderna cuya base económica es el capitalismo. Dicha tendencia se inicia con el Humanismo, sigue con la Ilustración, la concepción burguesa del mundo, la socialista. Es la nueva era de la desacralización del mundo, o en términos más generales, del “desencantamiento del mundo” percibido por los filósofos de la Ilustración y de manera muy clara por Max Weber.

La física de Aristóteles donde “la naturaleza siente horror al vacío”, cede lugar a una ciencia que se ocupa solo de las cosas. El “ánima” que alentaba a los procesos y los fenómenos es sustituida por las fuerzas, el movimiento, la gravedad y los átomos del interior de la materia. Se ha dicho que la religión es consecuencia de la ignorancia. Afirmación parcialmente válida sobre todo en los primeros tiempos. Cuando encontramos una cuestión grave, decisiva, a la cual no hallamos respuesta, solemos apelar a la imaginación para aclarar el misterio. Pero hombres cultos han creído en Dios, sin que podamos descalificar su saber por dicha razón. No obstante, la religión se ha opuesto al desarrollo de la ciencia, prefiere la ignorancia a la lucidez. Hace cuatrocientos años la iglesia de Roma obligó al gran científico Galileo Galilei a decir, bajo pena de muerte una gran tontería: que la tierra es fija y el sol gira a su alrededor.

Invocando la palabra de Dios se han cometido crímenes execrables. El ex-presidente de los E.E.U.U George W. Bush, anunció el ataque y la invasión a Irak en nombre de Dios y de la democracia. En Colombia se ha cortado la lengua y el cuello a millares de personas en homenaje a Cristo rey, incitados por el gobierno conservador de la época para destruir físicamente a la oposición. Podemos agregar que la dictadura franquista fue firmemente apoyada por la Iglesia Católica española. Pero también en nombre de Dios han ocurrido actos de compasión, de piedad y de perdón.

La religión ha sido utilizada para apagar los incendios sociales, la inconformidad de los que sufren, para impedir su rebelión y lograr que se resignen a este “valle de lágrimas”, por lo cual ha sido denunciada como “el opio del pueblo”. Sin embargo han existido guerras de campesinos contra los terratenientes dirigidos por predicadores cristianos. Palmiro Togliatti, jefe comunista italiano, pronunció en 1944, en Nápoles, un discurso en el que afirmó que la religión podría convertirse en un impulso para luchar por un mundo mejor. Tesis que reafirmaría la “Teología de la Liberación”, para muchos, el único pensamiento original de América Latina.

Al lado de terribles inquisiciones, las religiones, en ciertas épocas y circunstancias, han contribuido a la humanización de las costumbres humanas. Algunos de los valores religiosos más importantes buscan mejorar la conducta humana, condenar el “mal” y realizar el “bien”.

La razón fundamental por la cual no creemos en Dios es la convicción de que no existe. Si existió, “ha muerto”; la franca y dura frase de Nietzsche resulta cada día más cierta. La humanidad se aparta de él, o mejor, Dios se aparta del hombre. Sólo su ausencia explica el holocausto judío, los implacables bombardeos israelíes a los palestinos en la franja de Gaza, la ola del océano que mató a 250.000 personas en un instante. Lo que el filósofo quiere decir no es que “Dios ha muerto”, porque nunca existió, sino que el concepto de Dios se esfuma, pierde su consistencia en la sociedad moderna. Hoy se edifican menos templos. La fe resulta impotente para detener el nihilismo, esa ausencia de valores, ese vacío interior que se ha apoderado de la conciencia humana y de la humanidad. No como resultado del proselitismo de un credo materialista, sino de una época histórica en que las relaciones humanas han perdido su verdad y su cohesión. En que los valores antiguos han sido cambiados por otros que carecen de substancia, derivados de la técnica y de la producción, impuestos por el hombre encadenado al valor del dinero y del mercado, del tener y de la posición, por ello Martin Heidegger reclamaba “un nuevo dios” es decir, una nueva razón profunda para existir.

¿Cómo explicar que el sicario rece ante el altar de la Virgen Santísima (la imagen de su madre) para que nada malo le ocurra a él cuando cometa el crimen? ¿Cómo no “caer en la vanidad” ante la ofensiva de las fábricas de cosméticos y de las casas de alta costura? A favor de un auge de la religión se alega la exacerbación del Islam. Pero ésta enmascara el nacionalismo pan-árabe, las reivindicaciones de su cultura, además expresa el resentimiento por la explotación colonial occidental del que fueron víctimas y aún lo son. El catolicismo retrocede, doctrinariamente, en el número de fieles y de sacerdotes.

Reconocemos que Jesucristo pronunció una palabra de amor y no de odio, aunque sus seguidores hayan odiado a los que no están con él. Aceptamos la intuición del poeta Rilke: “Sólo el canto sobre la tierra / consagra y celebra”. En definitiva compartimos el pensamiento de Carlos Marx: “La religión es la realización fantástica de la esencia humana”.

martes, 30 de marzo de 2010

Filósofos franceses del siglo XX

Por: José Arizala

Se ha dicho que en Francia el siglo XX es el siglo de Jean-Paul Sartre. Si bien este fue el más brillante, no el único que mantuvo en alto la antorcha de la filosofía en el país galo. Por lo menos una docena de filósofos de primera línea sobresalieron entonces, sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial.


Alain Badiou, de la última camada de estos pensadores, ha publicado un breve libro (2008) en el que recoge su testimonio sobre estos filósofos con los que convivió, discutió , quiso y que tanto aportaron a que muchos de sus compatriotas y lectores de otros países, incluyendo los nuestros, formaran sus visiones del mundo.

Desde Jacques Lacan (l901- 1981) hasta Francoise Proust (1947- 1991), pasando por Sartre, Althusser, Deleuze, Derrida, Foucault, Lyotard. 14 en total. Apenas unas páginas para cada uno. El título del libro: Pequeño panteón portátil (Fondo de Cultura Económica, Argentina, 2009).

Páginas del autor escritas en momentos y motivos distintos. Badiou fue profesor de filosofía de la prestigiosa Escuela Normal Superior (ENS), hasta la edad de jubilación. Aunque hay cierto análisis de las obras de los autores reseñados, dada la brevedad de los textos, se refieren principalmente a la vida de los filósofos, anécdotas y el trato amistoso tenido con ellos. Escritos a propósito de homenajes o de su muerte, pero suficientes para dar una idea de su talante y aporte al pensamiento europeo y universal. Tuvimos la oportunidad de escuchar, en Bogotá, una conferencia de Badiou en la Universidad Nacional de Colombia hace algunos años, en un seminario sobre la filosofía francesa contemporánea.

Sartre murió en 1980. Después de los Acontecimientos de Mayo del 68, Sartre radicalizó sus posiciones políticas, convirtiéndose en un activista al lado de los grupos comunistas que proclamaban a Mao como el líder de la revolución mundial, secundado por el propio Badiou. Por ello el texto dedicado al autor de la Crítica de la razón dialéctica se refiere principalmente a las reflexiones sartrianas de ésta época militante: la lucha, el Partido, el problema de la violencia política, la revolución.

Jean Hyppolite fue un filósofo profesional, dedicado a la enseñanza, traductor de Hegel al francés, con tal precisión y brillantez que más de un profesor alemán consideraba su versión de La fenomenología del espíritu, mejor que el libro original de Hegel, “hizo de él un monumento, algo completamente nuevo” (Junger Brankel). Fue un importante historiador de la filosofía. Una de sus características era la forma como la enseñaba: en tiempo presente. Las categorías del pasado las actualizaba convirtiendo la filosofía en algo vivo e interesante. Preocupado por los sucesos de su tiempo. Le daba gran importancia a la literatura, conocedor de las novelas contemporáneas y de la poesía: Valery, Claudel…

Louis Althusser era el caso diferente. Filósofo militante, miembro del Partido Comunista Francés. Después de Stalin se propuso restaurar al marxismo en los rieles “ortodoxos”. Produjo obras importantes como La revolución teórica de Marx. Recuperado de una enfermedad que le ocasionó hechos trágicos, escribió una autobiografía estremecedora El provenir es largo. El artículo de Badiou sobre Althusser es uno de los más originales y densos que se han escrito sobre este autor.

En aquella tarde miles de jóvenes rodeaban, sin poder entrar, al Auditorio León de Greiff, porque estaba a reventar. Jean-Francoise Lyotard, comenzó su intervención diciendo: “Creo que ha habido un equívoco: yo no soy una vedette sino un filósofo”. ¿Por qué tanto interés, tanta expectativa? No sé. Probablemente la mayoría de los asistentes no había leído sus libros, pero quizá estaba enterada de que se trataba de un filósofo “pos-moderno”. Quizá los jóvenes colombianos de fin de siglo querían algo nuevo, que fuera más allá de la sociedad en que vivían y padecían. Esperaban encontrar en sus palabras un camino…Lyotard le había dedicado l5 años al combate político, con su grupo “Socialismo o barbarie”. Entonces él creía que “la política lo era todo (y) sentido el más intenso amor por la abnegación política”, dice Badiou. Luego había comenzado a descubrir que el marxismo es un discurso “vagamente anticuado”, pero “¿Cómo resistir sin el marxismo?”, se pregunta Lyotard.

Michel Foucault es descrito así : “Un sabio, en la excelencia del término, lleno de humor, modesto, capaz - cuando la ocasión la requería – de una gran violencia racional… Hay que mencionar el racionalismo de Foucault”.

Todos los filósofos incluidos en el libro por Badiou han muerto. Algunas de sus tesis sobreviven en medio de las hecatombes del siglo XXI.

martes, 16 de marzo de 2010

El cristianismo, otra página de la filosofía (XII)

Por: José Arizala

Con el final de la Escuela de Alejandría termina una etapa de la filosofía que duró 1.000 años. Desde Tales de Mileto en el 550 a.C. hasta Proclo que murió en 485 d.C. y a la desaparición de los centros de la filosofía pagana en el 529 d.C. Se inicia un nuevo período de la filosofía que durará otros 1.000 años y que coincidió con una nueva época de la historia universal. La ocupará casi en su totalidad una nueva religión, la cristiana. que surge en la esquina oriental del Mediterráneo, en una sociedad todavía tribal, dominada por Roma y en menor medida con el aporte de los judíos y los árabes.

Como ya lo habíamos anotado, el fundamento filosófico del cristianismo no está ni en el Viejo ni en el Nuevo testamento, sino en la filosofía griega, que se convierte en la inspiración directa de la filosofía medieval y que muestran de manera relevante sus mayores filósofos: Agustín, siguiendo a Platón y Tomás de Aquino, a Aristóteles. El aporte místico al cristianismo vendrá de los mitos griegos y orientales y desde luego de la nueva sensibilidad originaria de la sociedad patriarcal de Judea, expresada en el Evangelio con la muerte de Cristo como el acontecimiento central, es decir, de la crucifixión. Cuando el espíritu puro y eterno de los griegos, que Hegel llama la Idea, encarna en un hombre, que sufre y reclama la salvación.

Hegel lo dice en su lenguaje filosófico : “El primer interés con que nos encontramos en la religión cristiana es, por tanto, el de que el contenido de la Idea se le revela al hombre; dicho en términos más precisos, que el hombre adquiere conciencia de la unidad de la naturaleza divina y la naturaleza humana” (Hegel,Lecciones sobre la historia de la filosofía T. III p. 76 y s.s.F.C.E.,1955)

La aparición de Jesús como hijo-de-Dios y su sacrificio en la cruz, es el elemento concreto que le faltaba al neoplatonismo para que los hombres percibieran e hicieran suyo lo absoluto, que es , al fin y al cabo, la máxima aspiración de las religiones. Pero en el cristianismo el espíritu “es existente, presente, inmediato en el mundo; en que el espíritu absoluto es conocido como hombre en el inmediato presente”, añade Hegel. El espíritu absoluto no como algo externo, abstracto, sino formando una unidad armónica con el universo.

El conocimiento de esta verdad, el de la unidad Dios-Jesucristo, que la hace parte íntima de su subjetividad, lo convierte en partícipe de la divinidad. De aquí se deriva, agrego, el aspecto más positivo del cristianismo: tratar de elevar al hombre de sus intereses materiales egoístas, al nivel del espíritu, que el creyente solemniza en el culto y en la práctica de la “caridad”, es decir, del amor al semejante, a su prójimo, que hoy secularizamos como la solidaridad con los otros.

Según la interpretación hegeliana el Dios cristiano sin el hombre sería un dios incompleto, todavía no el verdadero Dios. “Necesita que se de, también, la identidad de la naturaleza divina y la humana y la conciencia de esto se le revele de modo inmediato en la persona de Cristo”. Aparecerá luego la contraposición absoluta a lo anterior, lo finito en el espacio y en el tiempo, el universo, pero formando una unidad con lo eterno e infinito.

La religión griega es antropomorfa, pues sus dioses tomaban las formas y los actos humanos. El cristianismo es proclive, también, a representar a Dios y a sus santos, los elegidos, en formas y procederes humanos, lo que es negado por otras religiones compatibles con el Viejo Testamento, en especial, por el judaísmo. El hombre a través de la intuición adquiere la verdad de que el logos se hace carne en Cristo, remontándose de esta manera a la espiritualidad. Pero para alcanzar la plenitud de ésta debe renunciar a lo inmediato y a “su querer, su saber y ser naturales”, como lo contempla la pasión y muerte de Cristo.

El cristiano es redimido por el sacrificio de Cristo. “Cristo fue un hombre completo, compartió la suerte común a todos los hombres: la muerte, sufrió y se sacrificó como hombre, negó su naturaleza y fue exaltado por ello”. (Hegel). El muestra como se produce el fenómeno de la conversión humana en espíritu y la exigencia del dolor que esto implica, el dolor de ver muerto a Dios mismo, la fuente donde emana la santificación y la exaltación del hombre a Dios. Así trasforma su condición finita y mortal. De ser vivo tiene la posibilidad de llegar a ser espíritu, pero este no le es dado por naturaleza.

Los acontecimientos relatados en el Evangelio serán desarrollados y generalizados por los “Padres de la Iglesia” y relacionados con la filosofía griega y con la historia. Se inicia un proceso del que no fueron plenamente conscientes los apóstoles que acompañaron al Maestro, pues no habían llegado a comprender la infinita significación de Cristo, “todavía no creían en El cómo verdad divina”.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Ajuste político en Chile

Por: José Arizala 

Los cables de la mayoría de las agencias noticiosas y comentaristas de prensa del continente, han afirmado que en las pasadas elecciones presidenciales de Chile triunfó la derecha con el candidato Sebastián Piñera, un multimillonario, quien ya lo había intentado en las elecciones anteriores, en que ganó  Michelle Bachelet.

Si bien Piñera es un militante de la derecha, al derrotar al candidato de la Concentración, Eduardo Frei-Table, quien ya había sido presidente (1994-2000), al igual que su padre Frei Montalva, pertenecientes al partido Demócrata-cristiano, no es del todo cierto que  producirá un viraje brusco   hacia la derecha, pues,  el gobierno de la Concentración que presidió la saliente Bachelet, no era un gobierno homogéneo de izquierda, sino de una coalición formada por demócratas-cristianos, liberales, social-demócratas, socialistas . El partido Socialista que hace parte de la Concentración tiene dentro de ella menor poder político que la suma de sus otros socios. Si bien el partido Demócrata-cristiano ha hecho su aporte al proceso democrático chileno, estuvo comprometido con el golpe de Estado  de 1973 y en los primeros meses apoyó la dictadura de Pinochet.

El gobierno de Bachelet ha sido uno de los más prestigiosos de la historia de ese país. Hasta el final gozó de un porcentaje favorable superior al 80%, el mayor que presidente alguno de América haya tenido en los años que corren. Entre las causas de tan alto prestigio está el ejemplo de su vida. Cuando asumió el ministerio de defensa en el gobierno anterior de Ricardo Lagos, se presentó ante los militares de la siguiente manera: “Soy mujer, socialista, separada y agnóstica. Reuno en mí cuatro pecados capitales. Pero vamos a trabajar bien”. (Le Monde Diplomatique, diciembre. 2009). Su padre, Alberto Bachelet, general de aviación, fue encarcelado y torturado por la policía pinochetista y murió poco después de salir de prisión. Ella y su madre se vieron obligadas a exiliarse en la República Democrática Alemana, donde continuó sus estudios de medicina.

El largo período del gobierno de la Concentración trató de mejorar las condiciones de vida de la población, disminuir los efectos negativos más agudos producidos por el neoliberalismo de la dictadura, con reformas que disminuyeron el número de pobres, aumentaron la cobertura educativa y de la salud, pero sin alcanzar la meta prometida de convertir a Chile en un país del primer mundo, consecuencia, también, de la crisis económica global.

Michelle Bachelet esbozó su política básica así: “Ser progresista quiere decir garantizar derechos sociales permanentes, con el fin de que la corrección de las desigualdades sea efectiva en el tiempo. No se trata de dar asistencia hoy para quitarla mañana”. Su gabinete ministerial fue paritario de hombres y mujeres. Pero todo no fue de color de rosa. Al comienzo de su mandato, dentro de la coalición, se manifestaron dudas sobre su capacidad de gobernar, nos informa el periodista Libio Pérez. Los estudiantes secundarios – más de un millón – protestaron violentamente por el bajo nivel de la educación pública, con el apoyo de numerosos profesores y padres de familia; afrontó las reivindicaciones de los indígenas mapuches de la Araucanía, hubo problemas en el transporte público, huelgas, pero se abstuvo de aplicar la legislación antiterrorista dictada por Pinochet. La socialista Michell Bachelet era el rostro amable de la izquierda latinoamericana.

Las diferencias económicas y sociales entre la población siguen siendo muy notables. Los sectores más pobres tienen un ingreso per cápita de tres dólares diarios, es decir, de 6000 pesos colombianos.

Esta situación tan precaria ha conducido a que sectores de izquierda radical y de la misma Concentración expresen su descontento. Exigen más actividad y diligencia en la solución de los problemas sociales. El joven Marco Enríquez Ominami, de tendencia socialista, ha  fundado un “centro de izquierda independiente”, que ha logrado un apoyo popular sorprendente. En las pasadas elecciones del 13 de enero, el Partido Comunista eligió por primera vez en mucho tiempo, tres diputados al Congreso Nacional.

Es previsible que el nuevo gobierno del empresario Sebastián Piñera no esté muy interesado en resolver estos problemas del pueblo más necesitado. Por el contrario, puede generar una oposición enérgica que estimule las luchas sociales, en un país como Chile de una larga y poderosa influencia de la izquierda democrática de inspiración marxista, como lo demostró la elección del gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende. Otros consideran que la victoria de Piñera, indica un repliegue de la ola electoral de la izquierda, que se extendía por las costas del sub-continente.

jueves, 18 de febrero de 2010

Lección Oportuna


Por: José Arizala


Ernest Cassirer fue un filósofo alemán del siglo XX. Publicó  El problema del conocimiento (4 tomos), La filosofía de las formas simbólicas (3 tomos), La filosofía de la Ilustración, Antropología filosófica, Kant, vida y doctrina, El mito del Estado todos vertidos a nuestra lengua en el Fondo de Cultura Económica (FCE). Recientemente en la colección Breviarios apareció Rousseau, Kant, Goethe. 

La lectura de Herman Cohen, por insinuación de su profesor Goerg Simmel, pone a Cassirer en la pista para la lectura y comprensión de Emmanuel Kant, que impresionará su pensamiento hasta el punto de convertirse en el principal intérprete del kantismo de la Escuela de Marburgo. Ésta participa, como lo afirma Roberto R. Aramayo, el prologuista de los últimos ensayos mencionados, “en la lucha sin cuartel entre un obsoleto idealismo y el monopolio que pretendían conquistar las ciencias de la naturaleza”. Boris Pasternak quién estudió en Marburgo en los comienzos del siglo XX, contribuye a dar una visión de dicha Escuela: además de extraer los tesoros del Renacimiento italiano, del racionalismo francés y escocés, se interesaba por la ciencia: “Concebida de esta manera, la filosofía habitada por la historia se rejuvenecía e impregnaba de una sabiduría que la volvía irreconocible”.  

En 1929 tuvo lugar en Davos (Suiza) un duelo filosófico entre Cassirer y Martin Heidegger, quién, con Ser y tiempo (1927), el libro más famoso de entonces, se colocó en el cenit del pensamiento filosófico. Cassirer defendía la tradición filosófica y Heidegger desplegaba las armas de un pensar desconocido y enigmático, que se convertiría en la fuente intelectual más influyente en la segunda mitad del siglo XX. 

Pero como lo mostrarían los años por venir, ese día se discutía algo más que filosofía. Cassirer criticaría al Nazismo que en 1933 llegaría al poder en Alemania, mientras Heidegger, se afiliaría a él. Cassirer, siguiendo a Kant, fue un admirador de la gran revolución francesa, mientras Heidegger lo sería de la revolución nacional socialista, aunque en años posteriores se retirara de dicho partido. Cassirer, además de demócrata, era de origen judío, y, por consiguiente, una temprana víctima del antisemitismo que ya existía en Europa desde antes del triunfo electoral en Alemania del nazifascismo. 

A finales de la segunda guerra mundial, en 1945 se publicaron los ensayos recogidos ahora en el breviario del FCE que comentamos. Cassirer, respondiendo las críticas a Rousseau de algunos autores, de que éste no es un pensador riguroso sino un “filósofo del sentimiento”, dice: “En su doctrina se encuentra el punto de vista de dos corrientes espirituales diferentes: la una conduce en Alemania al Werther de Goethe y al romanticismo, mientras que la otra desemboca en las doctrinas políticas de la revolución francesa, así como en la moral y la filosofía de la historia de Kant”.

Hitler llega al poder cuando Cassirer escribe este texto sobre Rousseau: “La libertad es negada, cuando se exige el sometimiento a la voluntad de uno solo o de un grupo dirigente […] ningún privilegio particular puede atribuirse a un individuo en cuanto tal o a una clase determinada […] conllevaría a la disolución del pacto social y el retorno al estado de naturaleza, que en ese contexto quedaría caracterizado como un estado de violencia”. Previendo el accionar de Hitler señala: “Allí donde reina el simple poder, donde gobierna un individuo o un grupo de individuos y se imponen sus mandatos a la totalidad, es convincente y necesario poner límites al soberano, vinculándolo a una Constitución escrita que no pueda sobrepasar o modificar”.
  
Para gobernar y ser obedecido se requiere la “voluntad de legitimidad”, pues, sin ésta, resulta imposible evitar que las “leyes fundamentales” sean interpretadas por el soberano, a la hora de aplicarlas, en un sentido que le sea favorable y las manipule a su antojo. Buena lección de derecho constitucional cuando el soberano aspira a mantenerse indefinidamente en el gobierno. 

El paralelo entre Rousseau y Kant lo construye Cassirer en el contraste de sus personalidades. Dos temperamentos opuestos, dos vidas completamente diferentes. Rousseau el aventurero, el caminante de los bosques y las montañas, solitario, soñador, poseído de amor por la naturaleza, explorador de la conciencia humana, creador del romanticismo. Kant, tranquilo, sereno, sometido voluntariamente a una rutina estricta, frío y penetrante en el análisis metódico del pensamiento, hasta el punto de encontrar los límites de la razón; sociable, cordial con sus amigos, trabajador incansable en la cátedra universitaria o sobre su escritorio, confortable en su estudio, que no tiene otro adorno que el retrato de Jean-Jaques Rousseau. El primero, arquitecto del alma humana; el segundo, del entendimiento humano. Dos corrientes poderosas de la voluntad y del intelecto en el siglo XVIII, que se unían en la admiración y el respeto al derecho y a la justicia.

lunes, 8 de febrero de 2010

Banquete a comienzos del siglo XX

Por: José Arizala

No hay una mesa ni sabrosas viandas, pero sí una revista que hace las veces de aquella. Están sentados a su alrededor, Baldomero Sanín Cano, quien la preside, Ricardo Hinestrosa Daza, Max Grillo, J. García Ortiz, Antonio Gómez Restrepo, Víctor M. Londoño e Ismael López (Cornelio Hispano). La revista Contemporánea, se edita en Bogotá, en los años inmediatamente posteriores (1904 – 1905) a la guerra civil que duró mil días. Las incipientes estadísticas calculan que solo el 5% de la población colombiana sabe leer y escribir. El primer número no publica manifiesto ni editorial en el que se consignen los ideales que inspiran a sus fundadores y colaboradores. Pero se puede leer un artículo de su director, el “empleado de tranvía y literato” Sanín Cano, que sirve como carta fundadora de la nueva publicación.

El siglo XIX ha tenido un final sangriento. Es el primer siglo de la independencia de Colombia. Muestra algunos avances sociales (la libertad de los esclavos) y políticos (régimen republicano), pero sin dejar atrás algunos de los grilletes de la colonia española. Un siglo conservador, católico, oligárquico, de aislamiento de los demás países, donde la brisa de los dos mares a penas penetra en su interior, interrumpida por cordilleras enormes.

 La guerra civil no resolvió ningún problema fundamental del país. La opresión política y religiosa continúa por parte de la presidencia conservadora y de la Iglesia Católica. Al contrario, precipitó la pérdida del istmo de Panamá (1903), “puente del mundo”, según Bolívar. Los jóvenes de entonces soñaban con una nueva patria. Los creadores de la Contemporánea, como su nombre lo indica, comprendían que esto solo sería posible renovando el pensamiento, ahincado en la escolástica, colocándolo a la altura de los tiempos y de la cultura mundial. La revista en su breve existencia (un año) dio mensualmente pruebas de cumplir las expectativas intelectuales que despertaba.

La tarea no era nada fácil. Una aventura política y comercial. Si bien al final de la contienda armada podía esperase cierto renacimiento de la tolerancia mutua, también mantenerse los rencores en los heridos y en la memoria de los muertos. De todas maneras los poderes del Estado y de la Iglesia, de la sociedad terrateniente, mantenían su poder y su amenaza.

Los comensales a nuestro banquete prefirieron los platos de la renovación y de la libertad. Ante todo en el idioma. Se debía remozar el lenguaje, el instrumento del pensamiento y el relato de la sensibilidad. No podía seguir siendo un medio de propaganda política y religiosa. Como en el Banquete  platónico toma el Arte como motivo: “Según el pensamiento de los de los Redactores, la propaganda, o excluye la noción pura de la belleza, o lastima su esencia”. La belleza y la  verdad van juntas, abren nuevos horizontes a las ideas y a los derechos de los colombianos.

La solidaridad venezolana no se hizo esperar. El redactor del Cojo Ilustrado, en Caracas, del 15 de julio de 1905 se apresura a distinguir “entre la Nueva Granada rancia y  estrecha, ceremoniosa y cortesana”, de la de los “buenos muchachos entusiastas, enamorados del arte”, que acompañan a Sanín Cano. Palabras que contrastan con las del bogotano José María Rivas Groot, quien afirma que en esa revista, (la Contemporánea)” donde en general aparecen escritos de mala tendencia filosófica y por añadidura en un castellano decadente e inteligible ( …) publicación neurótica y enrevesada”, el no colabora.

La Universidad Externado de Colombia, en edición de lujo ( 2006) reproduce la totalidad de los textos de dicha revista, con presentación del rector Fernando Hinestrosa y un comentario del profesor-investigador del claustro, Gonzalo Cataño. Un siglo después todavía su lectura resulta interesante e ilustrativa, nos traslada a la aurora de la segunda centuria de la patria. Sus autores escriben sobre todos los temas importantes de la cultura, literatura, arte, ciencia, en notas, artículos, ensayos, poemas, etc.

BSC muestra una prosa tersa y sencilla, llena de claridad y de ideas, destinada a sembrar en nuestro  medio provinciano los valores de las personalidades avanzadas y firmes en los principios liberales y democráticos. La inspira una auténtica rebeldía contra la academia que pretende apropiarse del idioma cuando este es del pueblo, “el verdadero y único dueño de las lenguas”. Si bien Sanín y sus compañeros no eran políticos, comprendían su importancia  para lograr el progreso de Colombia y vieron en la práctica de las libertades y en el predominio de las instituciones republicanas, los medios para alcanzar esos cambios que nos apartaran del coloniaje y de la barbarie. Iba más allá de su tiempo hasta el punto de expresar admiración por el socialismo. En 1904 escribió: “el mundo se está haciendo socialista a la vista de todos”, las reformas que se han implantado (en unas partes) impulsadas por las organizaciones obreras “ya tienen al socialismo obrando en la historia”. Baldomero Sanín Cano y algunos de sus colaboradores fueron fieles a su ideario democrático hasta el final de sus días. Un temprano antecesor de los escritores “comprometidos” que iluminarían el siglo XX.

lunes, 1 de febrero de 2010

Pañuelo trágico

Por: José Arizala

Hay un momento en la vida de un gran escritor: cuando sube al podio de la Academia Sueca, donante del Premio Nobel. Es el instante inolvidable en que culmina una existencia de trabajo, esperanza, dolor y felicidad. Breves minutos que resumen una vida, una época, un sueño, un mensaje. El escritor ( a ) transcribe en pocos reglones el talento de muchos años. Esas palabras, que surgen más del corazón, que de la pluma o de la voz, nos hablan de un mundo particular, que se ha vuelto universal. Pensamientos al que todos queremos acercarnos para medir la profundidad del pozo o la extensión del horizonte, sombrío o pleno de luz.


El 7 de diciembre de 2009 le correspondió el turno al discurso de aceptación del esperado Nobel, a la escritora rumana-alemana Herta Müller, en Estokolmo. Es un texto inesperado, absolutamente original, con un título enigmático: “Cada palabra sabe algo sobre el círculo vicioso”. Tratemos de interpretarlo: cada palabra es distinta, nos dice algo nuevo, pero guarda un misterio, porque se refiere a lo que ocurre siempre, dibujando con la elipse un ojo ciego y por ello repetitivo. Un círculo que recorre un camino infinito para regresar al punto de partida, tal como el prisionero que marcha hacia adelante pero descubre luego que ese espacio no es otro que el patio de la cárcel. ¿La autora querrá decirnos que la existencia equivale a un encierro, es una casa sin puertas ni ventanas, aunque el huésped anhela el vuelo, la libertad?



"La parte más importante del discurso de la Nobel es cuando explica porque ella escribe. Sencillamente porque no podía hablar. Al escribir se sentía gozando de libertad".



La frase clave alrededor de la cual construye su testimonio es ¿TIENES UN PAÑUELO? Es la pregunta que todas las mañanas le hace su madre cuando la niña, la adolescente, la mujer trabajadora, se apresta a salir de su casa. Es dicha con ternura o indiferencia, pero la hija la escucha siempre porque sabe que es una manera de recibir el amor, el cuidado de su madre. Regresa al cuarto a recoger el pañuelo, más bien pequeño de bordes azul celeste, que apretará en sus manos o acariciará su rostro en alguna hora del día o de la tarde, cuando el clima o las circunstancias lo apremien : “El amor se disfraza de pregunta (…) como si en el pañuelo estuviera mi madre”.

Veinte años después Herta es traductora en una fábrica de maquinarias [en Rumania]. Al comienzo de la jornada se oye el himno a través de los altavoces. Al medio día se escucha el coro de los obreros. Almuerzan con las manos embadurnadas de aceite y la comida envuelta en papel periódico. Al tercer año de empleada comienza una verdadera tragedia. Un hombre forzudo, gigantesco, del Servicio Secreto está en su oficina y le clava los ojos azules centelleantes. Le exige convertirse en “colaboradora”. Pero ella rechaza firmar la carta que le ha puesto sobre su escritorio .Le dice que ella carece de ese “carácter”, es decir, que jamás será policía o denunciará a sus compañeros. El hombre se pone histérico, “rompió la hoja y tiró los trozos al suelo” . El oficial alaba “su inusual conocimiento del ser humano” e insiste, pero ella rechaza el elogio.

La traductora comienza a ser víctima del director de la fábrica y del presidente del sindicato. Es desalojada de su oficina sin previo aviso. Se ve obligada a despachar en una escalera entre el primero y el segundo piso. Todos los días extiende su pañuelo para sentarse y manipular los gruesos diccionarios. El pañuelo se convierte en el único lugar que todavía le une al empleo. Y para colmo comienzan a verla sus colegas como una “soplona”. Finalmente es despedida de la fábrica.

“El hijo de mi abuela se llama Metz”. En una escuela alemana de Tomizoara, maestros del Reich alemán lo convirtieron en un nazi fervoroso.”Ladraba consignas antisemitas”. El abuelo lo reprendió varias veces, pero le habían “ lavado el cerebro”. Durante la guerra quiso ir al frente de voluntario de las SS. Luego celebró la boda y apenas regresó al frente fue destrozado por una mina. En la foto “sobre el fondo negro, el paño blanco parece tan pequeño como un pañuelo de niño”.

El pañuelo se convierte, pues, en un elemento importante de la vida campesina. Incluso cruza las fronteras, “pasando entre montañas y estepas hasta adentrarse en un gigantesco imperio sembrado de campos de trabajos forzados”. Recuerda su conversación con Oskar Pastior, quien permaneció en uno de esos campos. Recibe de una madre soviética un pañuelo que guarda como una reliquia y que llevó a casa cinco años después, como símbolo de la esperanza y el miedo. No renunció a él porque, “cuando uno renuncia a la esperanza y al miedo, muere”.

La parte más importante del discurso de la Nobel es cuando explica porque ella escribe. Sencillamente porque no podía hablar. Al escribir se sentía gozando de libertad, “cuantas más palabras nos es permitido usar, tanto más libres somos”. Su oración termina con una nota de desesperanza: La naturalidad ya nunca regresa cuando la dictadura a uno se la ha robado por completo. “Ya nada es cierto y todo es verdad”. El círculo vicioso se ha cerrado.