lunes, 29 de agosto de 2011

Leibniz (XX)

Gottfried Wilhelm (barón de) Leibniz nació en Leipzig en 1646. En un comienzo se dedica a estudiar jurisprudencia, matemáticas, física y filosofía. Finalmente buscó el doctorado en Derecho, pero la facultad de Leipzig no se lo concedió por ser demasiado joven. Según Hegel es posible que no lo lograra por sus enormes conocimientos en filosofía, “pues es sabido que los juristas sienten horror hacia esta disciplina”. Como muchos estudiosos de la época se entusiasmó por la alquimia, que conduce a un mundo arcano y misterioso. Vivió en París durante 4 años y también en Inglaterra y Holanda. En 1677 descubrió el cálculo diferencial. Promovió la fundación de la academia de ciencias de Berlín. Murió en Hannover en 1716, a los 70 años de edad.


 “En la Monadología Leibniz trató de explicar su teoría sobre la mónada, una de las más altas concepciones del idealismo, tanto que se le considera el primer idealista en sentido estricto.

Uno de sus primeros trabajos fue Nuevos ensayos sobre el entendimiento humano, para refutar a Locke. Su obra más sistemática es su Théodicée y tal vez la más famosa; escrita en forma popular, en la cual Leibniz “trata de justificar a Dios por los males de este mundo”. En el ensayo sobre Principios de la naturaleza y de la gracia, el filósofo alemán expresa sus principales hipótesis sobre la esencia del universo, partiendo de determinaciones metafísicas. Sintetizando su pensamiento, Hegel afirma: “la filosofía leibniziana es un idealismo de la intelectualidad del universo”. Contradice a Spinoza quien ha afirmado: “la existencia de la sustancia general y simple” y plantea la absoluta pluralidad de las sustancias individuales, a las cuales da el nombre de mónadas, expresión ya utilizada por los pitagóricos.

En la Monadología Leibniz trató de explicar su teoría sobre la mónada, una de las más altas concepciones del idealismo, tanto que se le considera el primer idealista en sentido estricto. Mónada en griego significa “unidad”. Expresa la unidad del mundo. Son sustancias simples e individuales, invisibles como si fueran átomos formales y no materiales. Sometidas a cambios internos cuando desarrollan sus posibilidades; autónomas, que reflejan el universo de un modo propio, particular. No se trata, pues, de átomos vacíos como los concebía Epicuro sino “formas sustanciales”, expresión propia de la escolástica. Comienzan por creación divina y terminan por vía de la destrucción. “La mónada es algo cerrado dentro de sí mismo, no puede salirse de sí misma ni otros pueden entrar en ellas”, por ello no pueden existir 2 cosas iguales manifestando el principio de lo “indistinto”. Lo interesante, lo profundo es la distinción determinada en las cosas mismas – dice Hegel – y agrega, en la sustancia misma va implícita la negatividad. Leibniz distingue 3 clases de mónadas: las inorgánicas, las orgánicas y las conscientes, lo que representa una clara exposición del orden del universo. La mónada es un  “mundo pequeño”, un “universo comprimido”.

Leibniz logra grandes progresos no sólo en la matemática sino también en la lógica. Afirma que las verdades descansan sobre 2 principios: el de contradicción y el de la razón suficiente. Este último significa que deben fundamentarse en el razonamiento, en la demostración. Es decir, “el principio de la razón consiste en que todo tiene su fundamento”, por consiguiente, en que lo particular tiene por esencia lo general. Hoy se considera a la razón suficiente como la cuarta ley de la lógica formal.

martes, 16 de agosto de 2011

Dos maestros

En los dos extremos del planeta nacieron dos grandes maestros de la literatura del siglo XX:William Faulkner, en los Estados Unidos de América y Vladimir Nabokov en el imperio ruso de los zares, más concretamente, en los Estados del Sur de EE.UU y en la medieval Riga, respectivamente. En cuna modesta el primero, aristocrática el segundo. Ambos escribieron novelas inolvidables, más profundo y leído Faulkner. Más elitista y superfluo Nabokov.

Javier Marías,  el novelista español, ha escrito un librito Faulkner y Nabokov, dos maestros  ( España, De bolsillo,2009), con el que tropecé casualmente. Se trata de breves apuntes sobre estos artistas del idioma. Trae una primicia notable, la traducción de Marías de la poesía de ambos, incluyendo a Nabokov, cuya lengua materna era el ruso y que cambió por el inglés, convencido de que nunca  vería sus ediciones en ruso, por lo menos mientras él viviera (así ocurrió), pues el régimen bolchevique parecía inexpugnable y eterno.

"El motivo de la publicación del librito de de que nos ocupamos son los centenarios del nacimiento de Faulkner en 1997 y de Nabokov en 1999. Cien años del nacimiento de un escritor es un largo período, pues muchos de ellos se opacan en el tiempo, cuando no desaparecen del  horizonte de los lectores"

El motivo de la publicación del librito de de que nos ocupamos son los centenarios del nacimiento de Faulkner en 1997 y de Nabokov en 1999. Cien años del nacimiento de un escritor es un largo período, pues muchos de ellos se opacan en el tiempo, cuando no desaparecen del  horizonte de los lectores. Pocos son los que permanecen, aunque algunos  llegan a incrementar su importancia y su prestigio.

Marías afirma que algunas tendencias literarias predominantes cuando él escribe, acusan a Faulkner de varón, blanco, anglosajón, machista y desde luego de estar muerto. El hecho de que haya recibido el premio Nobel de 1950 lo protege  de sus enemigos gratuitos y lo mantiene en las librerías de todo el mundo. Al mismo tiempo anota Marías que escritores notables como Cabrera Infante, García Márquez, Onetti, Rulfo, Vargas Llosa, Borges, lo elogiaron  como un verdadero creador.  

Navokov fue un escritor un tanto raro, debido a la trayectoria de su vida. Emigró al extranjero después de la Revolución de Octubre.  Se convirtió en nómada por toda Europa hasta que desembarcó en la Unión Americana donde adquirió la nacionalidad.  La obra que lo hizo famoso y otra vez rico fue su novela Lolita. La historia de un hombre mayor que se enamora perdidamente de una “nínfula”, de una niña entre 9 y l4 años. Agregando una nueva palabra,  Lolita, al vocabulario amoroso.

Lolita fue rechazada por editores y gobiernos por “inmoral”, pero la calidad y belleza de su estilo finalmente se impuso. Marías afirma que “esta es una prueba de que la lengua en que un escritor  escribe  es de gran importancia, pero no determinante”. Navokov no necesitó escribir en su idioma nativo para ser un gran escritor, capaz de crear relatos a la altura de los mejores del siglo, “superiores a los de Hemingway o Cortázar”.

Agregamos una breve muestra de su poesía: “AÚN SIGO MUDO” / Aún sigo mudo – y me hago fuerte en el silencio./Las remotas crestas de futuras obras, entre/ las sombras de mi alma están  aún escondidas/ como cimas de montañas en la niebla antes del alba.

“¡Yo te saludo, mi inevitable día! / La amplitud, variedad y luz del horizonte/ aumentan; y al primer paso resonante/ asciendo, colmado de delicia y espanto.” Crimea, 1919

martes, 26 de julio de 2011

Izquierda latina

La izquierda latinoamericana, una de las más activas del mundo actual,  ha recibido un inesperado golpe con la grave enfermedad del presidente venezolano, Hugo Chávez. Mientras agitaba y dirigía su pueblo, un cáncer silencioso socavaba el interior de su cuerpo vigoroso y desafiante. Después de Fidel Castro, se ha convertido en el jefe de esta tendencia política en el subcontinente. No solo era el caudillo de Caracas, sino que su influencia  impulsaba cambios económicos y sociales en países como Bolivia, Ecuador y Nicaragua.

Chávez propaga en el vecindario lo que él denomina “el socialismo del siglo XXI”, apoyándose en la riqueza petrolera de su país. Surge la pregunta   de cuál sería el destino de Venezuela en el caso de un desenlace fatal del  líder socialista. ¿Existirán hoy  cuadros capaces de llevar adelante la revolución bolivariana y de conducir el partido socialista con la suficiente lucidez y carácter, para llevar a la práctica sus objetivos transformadores?

“La crisis mundial es tan profunda y vasta que algunos comienzan a preguntarse si no presenciamos el surgimiento de un nuevo sistema social...


Con excepción de Brasil, varios países latinoamericanos cuyos gobiernos se reclaman de izquierda, no han logrado todavía dibujar un camino claro y varios partidos de la misma tendencia carecen de una línea política definida, como ha ocurrido en el caso colombiano. El déficit ideológico en algunos de ellos es notorio, y se han dejado permear por la corrupción y el individualismo caudillista. En términos más precisos, podemos decir que viven del día a día, arrastrados por los acontecimientos o sea que su accionar depende de una táctica a corto plazo y no de un pensamiento estratégico.

Sin embargo, nunca antes la izquierda continental había gozado de tanta simpatía de sus pueblos como en esta década inicial del siglo XXI. Para lograr en el futuro  un triunfo popular se requiere una fuerte lucha a favor de la democracia, previa unión de las fuerzas que marchan en la misma dirección, oponerse al dominio de gobiernos oligárquicos, impulsar una  profunda reforma agraria, el fortalecimiento del sindicalismo y la equidad social.

No hay duda de que la actual crisis global ha despertado a centenares  de millones de personas que hoy expresan  serena o airadamente su descontento con muchas de las “democracias” gobernantes, como ocurre en la Europa capitalista y se enfrentan  a los despotismos  del norte de África y del Medio Oriente.

Semejante a los acontecimientos de mayo de 1968, la juventud encabeza hoy  movimientos de masas que reclaman libertades reales y nuevos modelos económico-sociales capaces de resolver el problema más urgente y decisivo, el del desempleo. Por ello exigen “ ¡La democracia real ya!”. El grito parece contradictorio pues se entona en países donde la “democracia liberal” ha reinado durante muchos años, con elecciones libres que eligen sus gobernantes en fechas indicadas en la Constitución. No obstante las dificultades crecen y se tornan más dramáticas e insoportables. No se trata solamente de cuestiones económicas sino de  una crisis que afecta sus existencias por todos los flancos, produciéndoles desazón y angustia.

En España, Francia e Italia, para no hablar de Grecia y Portugal las manifestaciones se agigantan. No han sido convocadas por determinado partido, sino por jóvenes anónimos a través de los medios electrónicos, de facebook, twitter, etc,  Están académicamente bien preparados ,  han estudiado por años y muchos tienen un diploma bajo el brazo. Desvirtuando la tesis de que la educación es el camino del éxito y de un futuro seguro y digno. Pertenecen a diferentes clases sociales. Algo semejante comienza a ocurrir en los EE.UU.

La crisis mundial es tan profunda y vasta que algunos comienzan a preguntarse si no presenciamos el surgimiento de un nuevo sistema social de nombre desconocido, distinto al capitalismo. 

viernes, 15 de julio de 2011

Claves Literarias

En los últimos años, la academia sueca ha acertado más que en otras ocasiones en la escogencia de los escritores que merecían el Premio Nobel. Destacamos a José Saramago (Portugal), en 1998; J. M. Coetzee (Sudáfrica), en el 2003; Doris Lessing (Gran Bretaña), en el 2005; Orhan Pamuk (Turquía), en el 2006; Mario Vargas Llosa (Perú), en el 2010.

John Maxwell Coetzee es novelista y ensayista. En algunas de sus obras combina estos dos géneros, como ocurre en el tercer tomo de su autobiografía Verano. Pero en esta ocasión nos referiremos a Mecanismos internos (Mondadori. Colombia. 2009), que recoge sus ensayos escritos entre el 2000 y el 2005 e incluye desde Beckett y Bellow hasta Márai y Whitman, pasando por Faulkner y García Márquez. Como el título del libro lo sugiere, su objetivo es descomponer, separar, desvelar las tendencias, los estilos, las estructuras de que están construidas las obras de los grandes maestros. Resulta útil para quienes aspiran a seguir el camino de las letras, para los estudiantes de literatura o simplemente para los que gozan de los placeres de la palabra. Un gran escritor hablando de sus pares o estrictamente contemporáneos o que ya han sido consagrados por la crítica y la fama.

"(Este libro) resulta útil para quienes aspiran a seguir el camino de las letras, para los estudiantes de literatura o simplemente para los que gozan de los placeres de la palabra."

Poco sabíamos de Italo Severo, Robert Walter, Bruno Schulz, Hugo Claus, N. Gordimer, V. S. Naipaul. Los lectores de Coetzee ya habíamos leído sus ensayos anteriores, Costas extrañas, publicados entre 1986 y 1999, en que se ocupa de algunos de los clásicos como Daniel Defoe, Rilke, Kafka, Dostoievsky, Borges, Musil. Algunos de estos textos fueron en un comienzo conferencias o reseñas para el prestigioso New York Review of Books.

En Mecanismos internos, se ocupa, además del análisis de sus obras, del relato de sus vidas, trágicas para algunos o de varios familiares cercanos, como el caso de la esposa de Svevo, que vivió escondida durante los años de la Segunda Guerra Mundial (era judía) y de otros que fueron fusilados por los nazis. Se ocupa de W. G. Sebald, de quien ya hemos hablado en esta columna a propósito de su libro Camposanto, que resulta la revelación de un gran escritor hasta entonces desconocido para nosotros. El análisis de las obras incluye el de su tiempo, convulso y violento, que muestra el esfuerzo que exige la destrucción de ese mundo vivido y el nacimiento de otro, sin que podamos decir que este nos promete una existencia más tranquila y bondadosa.

Walter Benjamin es el autor de Los pasajes, un libro extraño y complejo que se inspira en el descubrimiento de Baudelaire de los bulevares parisinos (en este caso, bulevares internos) y de un nuevo personaje que podíamos traducir torpemente como el veedor o el novelero, para quien los grandes almacenes se convierten en escenarios de un andar que estimula al ocio y al consumismo y que muestra el reinado del mercado. Libro plagado de citas de otros autores, intercalados con sus propios pensamientos epigramáticos, en que condensa la economía capitalista de entonces (1938) y las nuevas formas de ver ese mundo.

William Faulkner (Falkner es su verdadero apellido) visto por sus biógrafos es uno de los mejores ensayos de Coetzee. Nadie había descrito como aquel el profundo Sur de EE UU con tal prosa, brillante e incisiva, aunque en algunos momentos ampulosa. La luz de agosto es una de las grandes novelas del siglo XX: “Una clase de novela que él inventó, con sus inigualables recursos retóricos para enlazar pasado y presente, memoria y deseo” (Coetzee).

Coetzee dice del estilo de nuestro Premio Nobel: “Su estilo verbal suele ser ágil, enérgico, innovador y muy característico de él”. Destaca la deuda que García Márquez tiene con el escritor japonés Yasunari Kawabata, autor de la novela corta La casa de las bellas durmientes (1961). Un anciano todavía alucinado por el sexo de las bellas jóvenes que duermen tranquilas a su lado, de bocas anhelantes. Muestra la cercanía de Memoria de mis putas tristes con su novela anterior El amor en los tiempos del cólera.

domingo, 3 de julio de 2011

Filosofía del lobo (XIX)

Thomas Hobbes nació en Masnelbury en 1588 y murió en 1679, es decir, 90 años después. Contemporáneo de la Revolución Inglesa y de la dictadura de Cromwel. Su reflexión sobre estos graves acontecimientos en Inglaterra lo convirtió en filósofo del Estado y del Derecho, uno de los mayores de la historia.

Su poderosa mente quiso abarcarlo todo, desde la lógica y la física hasta el funcionamiento de los órganos humanos. Realizó un análisis profundo de la sociedad, elaboró principios que permanecen como guías para comprender la conducta de los individuos y de los pueblos.

"Para Hobbes, resulta claro que los hombres no pueden permanecer en el estado de naturaleza, sino salir de él y alcanzar un estado jurídico". 

El espacio que le dedica Hegel a Hobbes en su historia de la filosofía es corto. Pero plantea en breves párrafos lo esencial del pensamiento de este creador de una nueva visión del hombre y del Estado. Fue el autor de una de las máximas más certeras sobre los seres humanos: “homo homini lupus” (el hombre es un lobo para el hombre). Señaló el estado de naturaleza como el primer estadio de los seres humanos en el umbral de la historia, donde predominaba la lucha de uno contra todos y de todos contra uno, la ambición incontenible de dominar unos a otros, de sobreponer el apetito y el impulso de cada uno al de los demás, hasta el punto de afirmar que la igualdad de los hombres se manifiesta en la capacidad para matar al otro.

Escribió una panorámica de la filosofía, Elementos de filosofía. Su primera parte, De corpore, sobre la lógica y la metafísica y la mecánica, fijándose en las relaciones entre el movimiento y la magnitud. En la segunda parte, de la naturaleza del hombre, De homine, y la tercera del Estado, De cive. Su libro más famoso El Leviathan (1651), que fue prohibido, a mi manera de ver no ha sido suficientemente estudiado, a pesar de que la bibliografía sobre Hobbes no deja de crecer.

“La sociedad y el Estado son para Hobbes, lo absolutamente supremo y lo sencillamente predominante por encima de la ley y la religión positiva” (Hegel. Lecciones sobre la historia de la filosofía. T. lll p. 332. FCE. 1955). Como los lectores comprenderán esto era algo inusitado y todo lo contrario a lo aceptado hasta entonces, que no se compadecía con lo enseñado en las sagradas escrituras y el Derecho vigente. Al restarle autoridad a la religión cristiana y al Derecho positivo, pretendía Hobbes reducir la comunidad del Estado y la naturaleza del poder político “a principios que se hallan dentro de nosotros mismos y que reconocemos como propios”, lo que significa que surgen dos principios contrapuestos: la obediencia pasiva de los súbditos al rey (o al regente o soberano), cuya voluntad se torna absoluta y que se sustrae a “toda otra ley”, y el razonamiento que contiene nuestras propias determinaciones y que se llama “la sana razón”.

Lo anterior contrasta con las continuas citas de La Biblia que hace Hobbes en sus escritos, por ejemplo, el leviatán, que es en la sagrada escritura “la mayor de todas las bestias”, la utiliza para referirse al Estado. Esta obra es, sin duda, uno de los alegatos más serios que se han escrito a favor del absolutismo. La igualdad de los hombres no surge de su fortaleza, sino de la igual debilidad de todos ellos. Su debilidad debe ser compensada por el poder del Estado, capaz de rechazar la fuerza del otro con la fuerza del soberano. Entonces “el origen de toda sociedad civil hay que buscarlo en el temor mutuo de todos”. Su raíz profunda se funda en el egoísmo. Así asegura la vida, la propiedad y el goce. Son fines puramente terrenales, que no toman en cuenta, como en los tiempos modernos, la libertad del espíritu o la dignidad y la autonomía de los hombres, sin embargo, al estado de naturaleza opone el estado de razón, consistente en que el hombre se sepa dominar y sepa dominar sus impulsos inmediatos. Para Hobbes, resulta claro que los hombres no pueden permanecer en el estado de naturaleza, sino salir de él y alcanzar un estado jurídico. La manera principal para ello es acatar la ley de la razón que no es otra que la defensa de la vida propia para ganar y salvaguardar la paz.

martes, 14 de junio de 2011

Venecia, el Tintoretto

La ciudad sobre la laguna y el mar. El Tintoretto, uno de los mayores pintores del Renacimiento italiano, cuyos pinceles todavía actúan en las catedrales y palacios de la ciudad encantada que, como sabemos, imperceptiblemente se hunde. ¿Tendremos algún día que descender a sus aguas profundas para rescatar sus tesoros, como si fuera una nave naufraga?

Estoy leyendo dos ensayos del filósofo francés Jean-Paul Sartre. El primero publicado en la revista Les Temps Modernes, en 1957. El segundo en Verve, en febrero de 1953, que luego formarán un pequeño libro de Gallimard, titulado El secuestrado de Venecia, en 1964. Ahora la editorial española Gadir los entrega como Jean-Paul Sartre. Venecia, Tintoretto, (Madrid. 2007), ilustrado con algunos de los mejores cuadros de Jacopo Tintoretto, a todo color y belleza, con sus grandes contrastes de colores vivos como en “El robo del cuerpo de San Marcos”.

La idea inicial del filósofo fue escribir una obra extensa,  omnicomprensiva, que nunca terminó y finalmente dedicó más bien a Flaubert. Sartre afirma que Venecia no es propiamente una ciudad, sino un archipiélago de pequeñas franjas de tierra que se contemplan entre sí. El buscaba frenéticamente “la Venecia secreta de la otra orilla”, cargada de palacetes principescos que “salen” del agua, pues resulta imposible creer que “flotan”.

La tesis central de la obra es que el Tintoretto no habría existido sin la ciudad que lo engendró. Sartre llega por primera vez a Venecia en 1933 y desde entonces clavó sus ojos en este pintor, que en la verdad de su tiempo, no fue otra cosa que un artesano genial. No era difícil descubrirlo puesto  que sus cuadros y lienzos están en las iglesias, palacios y muros de la ciudad. Comprendió de inmediato la estrecha ligazón de ambos, haciendo del Tintoretto, “una encarnación épica de la modernidad”, según la expresión del prologuista Francisco Calvo Serraller. Para Sartre Jacopo Rubiste fue “un rebelde”, una categoría de hombre y de artista admirable que se enfrenta, sí es necesario, a la sociedad de su tiempo. Nadie mejor que Sartre, papa del existencialismo francés, para realizar este proyecto de sintetizar en esa vida toda una época.

El texto de Sartre no es rico en datos sobre la vida y la obra del pintor veneciano. Antes que una biografía es un análisis del alcance de su obra y de su carismática personalidad. Un tanto “fantasmal”, porque también representa la decadencia de la ciudad a partir del siglo XVIII. El autor hace un extraño símil entre Jacopo y el mar . Relaciona el carácter  inestable del pintor con las mareas, peligros y tempestades y su anclaje definitivo en Venecia y como víctima de la crisis económica que golpeaba por entonces a “esa ciudad  mercantil”.

Jacopo Rubiste (1518 – 1594) fue un hombre conflictivo, desleal y ambicioso. Se enredó en numerosas disputas con sus colegas. Tuvo que competir con los más destacados pinceles del Renacimiento, entre otros, con el Tiziano, Rafael, Miguel Ángel, Veronese, Vocellio. Venecia fue una potencia marítima, comercial y militar que extendió su influencia por todo el Mediterraneo, desde las columnas de Hércules hasta el Bósforo e incluso en las mareas del Mar Negro. Fue una de las primeras ciudades europeas donde surgió el capitalismo, lugar de transición  de la aristocracia a la burguesía. Sartre coloca al Tintoretto en una clase social intermedia, la pequeña burguesía.

Fue propietario de un taller de arte pictórico, donde laboraban  obreros  y aprendices, para satisfacer los numerosos encargos que recibía por parte de la Señoría veneciana, de los ricos mercaderes y de las familias patricias. “Como pequeño burgués, la gran burguesía lo atraía”. Sus admiradores y la posteridad lo llamaron “genio”, una palabra nueva en Europa.

Estos cortos estudios están escritos en una prosa  bella y  profunda, cargada de insinuaciones, de rasgos de la ciudad y sus días, de reflexiones, de pinceladas sobre los grandes artistas y personajes de la época, hasta el punto que resulta a ratos difícil de seguir. Se trata, desde luego, de un homenaje a la ciudad bella y húmeda, considerada la Reina de los Mares, mucho antes que a Inglaterra. Las aguas que separaban y envolvían sus islas despertaron en sus habitantes una vocación  de amor al mar y a emprender  viajes hasta los más lejanos confines de la Tierra.

jueves, 2 de junio de 2011

Conversaciones de Borges y Sábato

Estos dos grandes escritores argentinos ya han muerto. Ernesto Sábato hace pocos días. Hoy quizá se encuentren en alguna parte y hablen como aquel año de 1975. No fue entonces en un café de la Recoleta (en el Victoria, por ejemplo) como yo hubiera preferido que lo hicieran, sino en un apartamento de la calle Maipú, en donde vivía Jorge Luis Borges con su madre enferma. El escritor Orlando Barone tuvo la feliz idea de reunirlos para grabar sus conversaciones en Diálogos Borges-Sábato (Emecé. Buenos Aires. 2007).

Borges ya está ciego, apenas enfatiza sus palabras con movimientos de las manos o de la  cabeza y expresiones en su rostro de complacencia o de ansiedad. El silencio de la sala solo se interrumpe levemente a la hora del café, para Borges; del whisky para Sábato. El trato es cortés y respetuoso, pero se alcanzan a ver las cenizas de antiguos pequeños incendios. Dos excelentes escritores con estilos y pensamientos bien distintos. Excluyeron la política, donde sus diferencias son mayores.

Los temas principales fueron la palabra, el idioma, la literatura, la metafísica o la dialéctica, los sueños o los átomos. Por ejemplo Sábato afirma: “Todo lo grande de nuestro tiempo salió de la filosofía de Hegel”. La religión es un  tópico constante de estos dos ateos. Para mi sorpresa, Borges, el gran poeta, el prosista sin par, resulta más agnóstico que Sábato, físico en París y Massachusetts. Sábato: “Pero dígame Borges, si no cree en Dios, ¿Por qué escribe tantas historias teológicas?”. Borges: “Es que creo en la teología como literatura fantástica, es la perfección del género”. Pero también logran aproximaciones alrededor de la poesía, del recuerdo de relatos de viejas civilizaciones, en la admiración del milagro humano, en ese futuro que terminará inevitablemente con la muerte. A veces, brota espontáneamente la ironía cuando se burlan de algunos colegas de todos los tiempos, de sus pompas y vanidades.

“¿Cuando ustedes escriben qué sienten?” pregunta Barone. Sábato confiesa de inmediato: “Un desgarramiento”, No es para menos en el autor de novelas  El túnel, Sobre héroes y tumbas. Borges tampoco vacila: “Es un alivio, me ayuda a olvidarme de mi mismo o de mi circunstancia”. No sufre buscando el tema. Este se impone. Ve el principio y el fin de la isla del cuento, pero ignora lo que hay entre estos. Poco a poco lo descubre. El fulgor de la poesía aparece, digo, como una joya surgida del misterio. El cuento, según Borges: “Tiene que dar en pocas palabras una idea total y poética, exige un mayor poder de concentración y una total perfección”. Sábato: “En cambio la novela es un continente”. Para los dos escritores existe una misma novela suprema: el Quijote de Cervantes, “tan interesante como la novela La Biblia”. Sábato subraya: “El Quijote es una obra genial, una de las dos o tres más geniales obras que se han producido jamás”.

Incursionan brevemente sobre los estilos de la escritura. Sábato es categórico: “De todas las formas de contar, la más falsa es la naturalista. Porque la realidad es infinita y el naturalismo no puede abarcarla”.

Veo que Usted Sábato, es un especialista en sueños. Todos lo somos. Sin embargo, conozco personas que no han soñado nunca, agrega Borges. Los dos ancianos hablan a menudo de la muerte, incluso del suicidio. Sábato señala que “el suicida aspira con su acto a liquidar el Universo”. Las palabras los unen. Los silencios los separan.

martes, 24 de mayo de 2011

Algo o mucho anda mal

La idea de una sociedad en la que los únicos vínculos son las relaciones y los  sentimientos que surgen del interés pecuniario es esencialmente repulsiva.
                                                                                                                John Stuart  Mill.

Tony Judt murió en 2010, poco tiempo después de escribir Algo va mal (Taurus. Colombia. 2010). Nació en Londres en 1948. Enseñó en las universidades de Cambridge, Berkeley, finalmente en la de Nueva York. Una terrible enfermedad aprisionó su cuerpo y paralizó parte de él. Su mente continuó lúcida hasta el final. Políticamente fue un socialdemócrata  de izquierda.

Este libro es producto de su reflexión sobre el mundo actual donde las cosas no van nada bien. Trata de encontrar las causas de las crisis que a todos nos afectan y que pronostican un futuro difícil, cargado de temores. Cuando el capitalismo estaba en pañales, más o menos en el siglo XVI, en la sociedad se abrió una inmensa confianza en la iniciativa individual. Nace el “hombre económico”, el individuo que dedica todas sus energías al trabajo, al desarrollo de la producción, de la riqueza, al incremento del capital.

"Los nuevos jefes de Estado, Reagan, W.Bush, Clinton, Thatcher,  Blair, Brown, descomponen con sus políticas el régimen del Estado del bienestar..." 

Algunas capas sociales unen la religión con el capitalismo, como lo hicieron los comerciantes e industriales del cristianismo calvinista. Para estos, quienes se enriquecían con el trabajo honrado, los elegidos por el Señor, lograrían la salvación eterna. Un filósofo marxista de las primeras décadas del siglo XX, Walter Benjamín, afirmó que los ideólogos del capitalismo habían convertido sus teorías en  una nueva religión, porque este era capaz de realizar milagros al solucionar los problemas de la población: erradicar el hambre, la pobreza, la ignorancia y lograr la libertad, la cultura, la paz y el bienestar.

Evidentemente la empresa privada crea riquezas incontables, pero también produce desequilibrios catastróficos. El Estado fue colocado en el “cuarto de san Alejo”, por anticuado e inservible. A comienzos del siglo XX comenzó a reaparecer tímidamente, sobre todo después de la “gran depresión” . El gobierno estadounidense, presidido por Franklín Delano Roosevelt lanzó la iniciativa del New Deal  para contener y superar la crisis de los años 1929 – 1933, que englobó al mundo. Se trataba de una crisis económica  como la había pronosticado Carlos Marx en El Capital.

Roosevelt apela a la intervención del Estado, a la planificación de sectores importantes de la economía, para combatir el desempleo y reanimar la producción. Lo que es considerado por los más destacados economistas de su tiempo, principalmente los exiliados de Europa Central que huían del nazismo, como un grave error. Pero las medidas tienen éxito. El teórico que está detrás de este renacimiento económico es el británico John Maynard Keynes que formulará la política anticíclica y hará un nuevo examen del capitalismo moderno. Keynes concibe el Estado como un instrumento moderador que puede evitar los desajustes de la economía capitalista y reducir los peligros de una nueva crisis global. De esta manera el Estado de Maquiavelo recupera su papel protagónico. Keynes no cree en la auto regulación del mercado ni que “la mano invisible” sea capaz de colocar las cosas en su lugar y darle a cada cual lo que necesita o se merece.

Luego de la II Guerra Mundial, en 1945, viene un nuevo auge de la producción, se acrecientan los capitales  hasta el punto que se puede redistribuir el ingreso de los impuestos y los excedentes del trabajo social a través del Estado del bienestar y del Estado Social de Derecho. El apetito de los grandes capitalistas  aumenta cada día más. Dan de baja las disposiciones restrictivas del mercado, las leyes y decretos reguladores de las inversiones, de  la propiedad inmobiliaria, etc. Las transacciones se oscurecen, nadie sabe lo que está pasando debajo de las cifras, de las fusiones, ya la codicia no tiene límites. Se regresa a las viejas teorías económicas. Ahora se llaman neo-conservadoras, neo-liberales. Los nuevos jefes de Estado, Reagan, W.Bush, Clinton, Thatcher,  Blair, Brown, descomponen con sus políticas el régimen del Estado del bienestar y se crean las condiciones para la aparición de una crisis económica profunda y prolongada, que afecta sobre todo a los trabajadores y enriquece más aún, a gerentes y ejecutivos de las grandes empresas, en la cual todavía nos encontramos.  

lunes, 2 de mayo de 2011

Locke según Hegel (XVIII)

John Locke retoma el tema de Francis Bacon y de René Descartes: la reflexión sobre la verdad, como consecuencia de la crisis de la filosofía, ocurrida a finales de la Edad Media y en el comienzo de la nueva época que hemos denominado la Modernidad. El nacimiento de nuevas ciencias o el replanteamiento de algunas de ellas, como la astronomía, la física, la geografía, la economía, ponen en tela de juicio las “verdades eternas” de la Escolástica y los principios filosóficos que la sustentan.

¿El universo es tal como lo describe el Antiguo Testamento y por consiguiente el  conocimiento solo tiene una fuente verdadera que es la revelación divina o la mente humana es capaz de captar y comprender el mundo material y la naturaleza humana?

"Para Hegel, la filosofía de Locke es uno de los momentos fundamentales de la formación del espíritu"

Descartes había dado el paso decisivo, se pregunta: ¿existe un punto de apoyo a partir del cual podemos estar seguros de que  nuestra sensación o  nuestro razonamiento son verdaderos? Sí, responde. Es  la conciencia humana,  el cogito, el pensamiento. Solo existe lo que está en mi conciencia. ¿Pero como llega a nosotros ese conocimiento? A este problema , que es uno de los más arduos y difíciles de la filosofía se enfrenta John Locke.  

Rechaza las ideas platónicas, únicas y eternas, que según lo creído hasta entonces persisten en el espíritu humano . Acepta lo afirmado por Bacon de que nuestro saber es resultado de la experiencia, transmitida por los sentidos.  Locke profundiza esta intuición baconiana, ahondará  en la reflexión sobre el proceso del conocimiento. Para ello se apoya en los hechos  registrados por la razón.

Los filósofos pre-modernos, partían de la base  de que  una sola sustancia conformaba lo existente, tesis que reafirmará Spinoza, haciendo de lo general lo fundamental. Como hemos señalado,  Descartes escinde lo creado en dos substancias diferentes: el pensamiento y lo físico, dando lugar al dualismo filosófico.  Lo existente deja de ser único y hegemónico. Para Descartes  con la dualidad del ser surge la diferencia y  por consiguiente, lo negativo. La aceptación de lo negativo y de su papel en los procesos, fruto de lo individual y lo finito, tendrá una enorme importancia, recuperando la dialéctica su juego diverso y múltiple, el poder transformador del pensamiento y la materia, tesis que desarrollará precisamente  el sistema hegeliano. Estos avances del saber originan un gran interés por lo contrario, lo opuesto,  lo sensorial,  lo limitado, lo inmediatamente existente.

Están dadas las premisas para que Locke pueda afirmar que  no existen “ideas innatas”. Nada hay en la mente humana antes de la experiencia. La mente es una especie de tabula rasa vacía de todo contenido y que va llenándose con lo que llamamos experiencia. Parte de las percepciones singulares hasta llegar al concepto, es decir, a lo general. “Por consiguiente para Locke lo general  es lo deducido, el resultado, lo hecho por nosotros, lo que pertenece simplemente al pensamiento como algo subjetivo” (Hegel. Lecciones sobre la historia de la filosofía. T. III p. 318 FCE. 1955). Su desarrollo consiste en revelarse a la conciencia.

Kant  observa que la fuente de las representaciones generales no es precisamente lo individual, como creía Locke, sino el entendimiento. Para Hegel la filosofía de Locke es fácilmente comprensible, una filosofía popular a la que se une toda la filosofía inglesa. Sin  embargo, la considera como uno de los momentos fundamentales de la formación del espíritu. “Las ciencias en general y en particular las ciencias empíricas  deben su origen precisamente a esta trayectoria del pensamiento” . Resulta muy interesante la observación de Hegel de que los ingleses llaman filosofía a una serie de principios acerca de la economía del Estado, como el principio del libre cambio y a los pensamientos  necesarios y útiles. Rechazan el método escolástico que parte de principios y definiciones. Les interesa más las leyes físicas, las fuerzas, la materia en general, por ello consideran a Newton  como el filósofo por excelencia.

John Locke nació en Inglaterra en 1632. Estudió en Oxford, haciendo a un lado la Escolástica y, por su cuenta, aprendió la filosofía cartesiana. Se hizo médico pero no la ejerció como profesión. Vivió en Alemania, Francia, Holanda, donde encontró asilo y protección, pues fue víctima de persecución política y  expulsado por Jacobo II de Inglaterra. Después de la revolución de  1688 regresó a su país.  Murió en octubre de 1704, a la edad de 73 años.

viernes, 15 de abril de 2011

Terremoto nuclear

Buscó su acostumbrado miedo a la muerte y no lo encontró  “¿Dónde está ella? ¿Qué muerte?”. No había miedo porque tampoco había muerte. En el lugar de la muerte había solamente luz.
                                                                                                                                              Tolstoi
Con esta frase del novelista ruso tomada del texto “La muerte de Iván Illich”,  inicia Tomás Eloy Martínez un capítulo  de su libro Lugar común la muerte (Planeta. Colombia. 1998), dedicado a los sobrevivientes de la bomba atómica en 1945, que hemos vuelto a leer con motivo del estallido de la central nuclear de Fukushima, posterior  al terremoto que sacudió como nunca al archipiélago nipón, dejando miles de muertos y desaparecidos.

El tema de la muerte se atravesó muchas veces en la temática del escritor argentino, hasta que ésta lo alcanzó en el año 2010. La escritura del libro que comentamos le permitió  descubrir que las víctimas de Hiroshima y Nagasaki  “pueden morir indefinidamente y que la muerte es una sucesión y no un fin”.

Premonitoriamente Tolstoi vio que la muerte se convierte en luz y la luz (en este caso del átomo), en muerte. La bomba que lanzaron los aviones norteamericanos sobre cada una de las ciudades  mencionadas, constituyeron un verdadero holocausto para los japoneses  y mostraron al mundo la capacidad de destrucción y de crueldad que dichos artefactos producidos con fines bélicos, son capaces de ocasionar.

Según el filósofo Martín Heidegger la humanidad entraba así en la era de la  Bomba Atómica, sembrando en el corazón del hombre el temor a desaparecer en cualquier día por efecto de la intensa y mortal luz  nuclear. La reflexión de Heidegger lo lleva a  decir que si los griegos vivieron en el asombro, dando nacimiento a la filosofía,  en nuestro tiempo nos correspondió el espanto, la angustia generalizada, consecuencia del predominio de la esencia de la técnica sobre el mundo de la naturaleza.

Después de Hiroshima se producirá en la Unión Soviética el grave accidente de  Chernóbyl en 1986. Cuando escribimos estas líneas  no sabemos aún la magnitud de la catástrofe en el Japón, en su población, ciudades, ríos, bosques y en los países vecinos. La prensa norteamericana ha especulado en estos días sobre la posibilidad de que en algunas centrales nucleares de su país, construidas en terrenos donde existen fallas geológicas, puedan ocurrir  tragedias semejantes. Muchas de ellas no están  solo en manos de los Estados sino también de la empresa privada.

La necesidad de  energía que exige mantener en actividad el inmenso aparato de producción en el mundo actual y de disminuir drásticamente los residuos y los gases contaminantes de los combustibles  fósiles, como el petróleo y el carbón, ha estimulado la instalación por doquier de  plantas nucleares, aunque estas plantas generan sus propios residuos tóxicos.  Más aun cuando estas no están en manos solo de los Estados sino también de la empresa privada.

El autor de Santa Evita, durante su exilio en Venezuela y otros países, escribió varios libros en que  combinaba el periodismo con la literatura, entre ellos, este reportaje sobre los sobre las consecuencias  de la bomba atómica.

El 6 de agosto la señora Koda bajó a la ciudad antes del amanecer. Debía llevar a su hija Makiko de 9 años a la escuela.  Después escuchó el ruido de un avión. El cielo estaba opaco pero el disco solar comenzó a caminar con aliento por el horizonte.  “En ese instante, el fin del mundo llegó verdaderamente”. La niña diría años después: “El sol se hizo pedazos y cayó”. Le quemó los hombros. “La luz creció tanto que salió de su cuerpo. Así que también la  luz murió aquel día”. Hiroshima no había sido bombardeada con anterioridad, salvo una que otra vez, para recordarles a los habitantes que su ciudad había sido olvidada en los planes de la  guerra de la Fuerza Aérea  de los EE.UU.

Sadako creció alegremente hasta  que fue a la escuela y comenzó a preguntarse qué  había sucedido con su madre. Le contestaron que el día de su nacimiento, “El cielo se derrumbó y volvió a levantarse” . Sadako aprendió a leer, a coser y a hacer muñecas de yeso. Parecía fuerte aunque a veces una llamarada de fuego la devoraba. A los 12 años cayó desmayada. Murió a las dos semanas de una leucemia fulminante.  Yukio  Yoshioka se limita a decir: “Solo quiero quejarme de que la bomba mató a mi padre, y a mi me volvió inútil y estéril”.

martes, 29 de marzo de 2011

Diccionario latinoamericano de Vargas Llosa

En Londres, 26 de junio de 2005, el escritor universal, Mario Vargas Llosa, escribe el prólogo de uno de sus libros más interesantes y personales: Diccionario del amante de América Latina (Paidos Ibérico. 2005). En solo 6 páginas condensa sus ideas y sentimientos sobre este continente, el verdadero Nuevo Mundo. Es una magnifica síntesis con la profundidad propia de sus novelas y ensayos. Un texto plagado de nombres de personas y lugares que han hecho la historia, que contribuyeron a definir el carácter de estos países surgidos en la selva; muestrario de su riqueza humana y cultural.

“Este libro”- escribe Vargas Llosa – “es un testimonio del compromiso con América Latina que contraje en París, pronto hará medio siglo, y al que sigo fiel”. Fue en esta ciudad y en los años sesenta cuando descubrió que él no era solo peruano sino latinoamericano. Que América Latina no era un puñado de países dispersos y diferentes, sino una unidad que iba más allá del idioma y de la pobreza. Una región  desconocida para la mayor parte del mundo, que la revolución cubana y las guerrillas colocaron en primera fila. Además, aquellos descubrieron que en ella se  escribía una literatura de alta calidad, vivaz, sorprendente, con una nueva manera de contar las historias. “En sus mejores exponentes, el arte y la literatura latinoamericanos han dejado atrás hace tiempo lo pintoresco y lo folklórico y alcanzado unos niveles de elaboración y de originalidad que les garantizan una vigencia universal”.

Los noveles escritores de entonces, viajan, viven y escriben en París, ciudad que se convirtió” en la capital de la literatura  latinoamericana”. Personas de todas las razas y continentes, principalmente de ascendencia africana, conviven con los de origen latino que representan a occidente y con pueblos nativos como los incas, aymaras, aztecas, etc. más cercanos al Oriente que a la civilización europea. El autor nos advierte sobre el  alto grado de subjetividad con que fueron escritos estos vocablos o entradas  de su diccionario amoroso. Por eso encontramos  en él muchas contradicciones y cambios de rumbo sobre acontecimientos de trascendencia,  que han transformado la historia de nuestros pueblos.

En diversos artículos de este libro Vargas Llosa  se refiere a las astronómicas diferencias de ingreso entre pobres y ricos, a los niveles de marginación, desempleo y pobreza, en los países latinoamericanos, a sus altos niveles de corrupción que socava sus instituciones, a  la criminalidad y el narcotráfico, en buena parte responsabilidad de gobiernos dictatoriales, oligárquicos o populistas.

Vargas Llosa era un intelectual de izquierda, entusiasta  partidario de la  revolución cubana, admirador del comandante Ernesto Che Guevara. En 1967, año de la muerte de éste, escribe un artículo que comienza con estas palaras: “El Diario de campaña del Che en Bolivia quedará como uno de los libros más fascinantes de nuestro tiempo (…) si la revolución no se realiza el Diario perdurará como testimonio de la más generosa y osada aventura individual intentada en América Latina”. Más adelante agrega:  “Esa idea de que América es una sola y que esa unidad se forjará a través de la acción revolucionaria, surgió durante la etapa de la emancipación de América (…) La originalidad suya está, precisamente, en conciliar  su adhesión a Marx y a Lenin con el  ideal de la unificación continental que profesaron los mejores americanos y, sobre todo, Bolívar y Martí”. ( p. 185). Pero pocos años después Vargas Llosa da un fuerte giro político y se enfrenta a Fidel Castro y a la revolución cubana.  El caso del poeta Heriberto Padilla tiene mucho que ver con su nueva posición. El régimen castrista ha impuesto la censura y encarcelado a Padilla por publicar su libro Fuera de juego. Otro de los cargos contra el poeta era el de ser homosexual. Finalmente,  ante la presión internacional, Heriberto Padilla es expulsado de Cuba y morirá de sida en Nueva York. ¿Los versos de Padilla podían desestabilizar al régimen socialista  o se castigaba su condición sexual? Recientemente el presidente  Raúl Castro reconoció como un error el trato dado por el gobierno revolucionario a los homosexuales en Cuba. El escritor peruano reconoce que a lo largo del tiempo sus opiniones literarias y sus juicios políticos han cambiado muchas veces de blanco y de contenido. ¿Puede alguien asegurarnos que sus posiciones políticas actuales, no hablo de sus principios filosóficos, son definitivos? 

jueves, 17 de marzo de 2011

Monte Ararat

Partimos de la estación central de trenes de Moscú,  un día de verano de 1962. Nos esperaba un largo camino. Nos dirigíamos a Erevan, la capital de un país para nosotros desconocido, que ni siquiera podíamos imaginar, Armenia.

Atravesamos amplísimas estepas de la Rusia blanca y de Ucrania, donde  antaño las tropas  cosacas recorrían las tierras de los ríos  Don,  Volga y  Dniéper como en el Taras Bulba de Nicolái GógoL  o en El Don apacible de Mijáil Sholojov.  Recuerdo el paso por la ciudad heroica  de Stalingrado, que hoy lleva el nombre neutral de la Ciudad del Volga, donde se libró la mayor batalla de la Segunda Guerra Mundial. Bordeamos el Caspio, un mar encerrado que muere porque las olas pierden lentamente la batalla con la sal, ampliándose la extensión de las tierras. Llegamos al puerto de BaKú, capital de Azerbaiyán, donde divisamos hileras de torres metálicas extractoras de petróleo.

Fue el viaje en tren más largo de mi vida. Cuando llegamos a Erevan,  prácticamente había perdido la movilidad de las piernas. Sencillamente había olvidado caminar. Fueron dos noches y tres días continuos. Atravesamos las montañas del Cáucaso. Recodé el mito griego de Prometeo encadenado a las rocas del Cáucaso, castigo del Dios Zeus por haber entregado el fuego a los hombres. La única región de la URSS donde contemplé  paisajes propios de Colombia, las mismas montañas gigantes. Los trenes y los camiones se veían a lo lejos  reptando entre el intenso verde de las laderas.

Erevan está situada en la cumbre de una montaña. Los edificios  recubiertos con losas  arrancadas de canteras de color rojo quemado, logrando  la ciudad un tono extraño digno de una hecatombe olvidada. La población consume un agua cristalina y fresca, tan agradable, que se encuentran surtidores en diversos lugares públicos donde beben sus habitantes. Nos hospedamos en el Hotel Armenia. A la mañana siguiente de mi llegada, bajé a la recepción del Hotel y me encontré con un suceso inesperado.

Estaba allí un amigo colombiano, Marco Tulio Rodríguez. Fue tal la sorpresa de mi compatriota que le entró una risa nerviosa e inconscientemente  trató de apartarse de  de mí. Comprendí su ofuscación, pues, resultaba tan increíble  ese encuentro en un lugar tan lejano del mundo. Marco Tulio, quien ocuparía un alto cargo en el Ministerio de Comunicaciones de Colombia, era por entonces, también, una persona importante en los países socialistas del Este. Había sido elegido Secretario General de la Unión Internacional de Periodistas.

Otro hecho que me extrañó fue escuchar en la calle conversaciones en español. La mayoría eran jóvenes. Les pregunte dónde habían aprendido el idioma. Resultaron argentinos, cuyos padres habían emigrado al país suramericano y ahora sus hijos regresaban a la patria armenia, entusiasmados por las victorias de la Unión Soviética en la guerra  mundial y en la economía. Era ya la segunda potencia del mundo, con un sistema socialista que presagiaba nuevos y sucesivos triunfos.  El guía que nos acompañaba, miembro sin duda del partido comunista, nos propuso, entre otras iniciativas, visitar algunas iglesias y el Seminario donde se preparaban los futuros sacerdotes de la religión Católica Armenia. Su Papa era el Católicos. Otra sorpresa. Dialogamos con 28 jóvenes que estudiaban para el sacerdocio.

 Marco Tulio me invitó a conocer el lago Sevan. Es un espejo de aguas azules entre las montañas. En el centro hay un promontorio y en su cumbre las ruinas de una iglesia. El paisaje es bellísimo. Con razón se decía que allí estuvo el Paraíso Terrenal. El lago desagua por el río del mismo nombre. Para aprovechar la altura de la montaña, construyeron los armenios siete caídas de agua sucesivas. En cada una de ellas instalaron una central eléctrica.

La víspera de mi regreso subí a la terraza del hotel. En el firmamento millares de chispas de estrellas. A mis pies,  un área de la tierra iluminada. En la parte turca, la oscuridad plena de la noche. Al fondo, el macizo imponente de Ararat. Su cumbre es plana, donde podría aterrizar  una nave interplanetaria o encallar un barco lleno de seres vivos, capaz de esparcir las especies animales y vegetales por toda la Tierra.

martes, 1 de marzo de 2011

Viñetas sobre un joven vagabundo



La carretera de Cormac McCarthy (1933) es una de las mejores novelas de los últimos años publicada en los E.E..U.U. de América. Galardonada con el Premio Pulitzer. Es el relato más despiadado que hemos leído sobre ese país, cabeza de la democracia y la prosperidad, tan admirado y discutido por una buena parte del mundo. Se trata de una metáfora que pronostica un final trágico para los E.E.U U.

 En tiempos de realismos maravillosos y dilatada fantasía (sobre todo en las literaturas de países aún no desarrollados), la literatura norteamericana actual ofrece a los lectores obras de intenso realismo. Nos recuerda aquellos libros escritos alrededor de los años treinta del siglo anterior (los de la “gran depresión”), como El camino del tabaco  de Erneskine Caldwell o la trilogía U.S.A. de John Dos Passos, entre otros. Muestran el mundo “tal como es”. Una prosa precisa, donde los objetos y los hombres se entrelazan en medio de una profunda transparencia. Sin ocultar lo malo y lo feo o las causas de disolución de la sociedad humana.


En tiempos de realismos maravilosos y dilatada fantasía (...), la literatura norteamericana ofrece (...) obras de intenso realismo

Atraído por la lectura de La carretera, también llevada recientemente al cine, emprendimos la tarea, no siempre placentera, de leer otra novela del  mismo autor: Hijo de Dios (Random House Mondadori,  Debolsillo, 2009) Escrita más que con pluma o computador, con una cámara cinematográfica. Numerosas secuencias se suceden rápidamente, algunas son tan cortas que no se extienden por más de una página. El joven Lester Ballard, quien es “un hijo de Dios más o menos como tú”, es decir, un individuo cualquiera, presencia la subasta de la propiedad de la familia. En lugar de irse a la  ciudad, en busca de empleo o de estudio, se queda rondando por Frog Mountain. Seguía  los rastros que dejaban los conejos en el bosque, caminaba por los bordes de la carretera entre retazos y latas de cerveza o se extendía en alfombras de hojas secas o  cogía ardillas para asarlas o jugar con ellas. Siempre cargaba un rifle que había comprado con lo ganado en trabajos transitorios y que por ahora  le servía para mejorar la puntería en las ferias, ganando osos de peluche. Sin embargo, dice el autor: “un astro maligno velaba por él”.

Una tarde encuentra un coche a un lado de la carretera. Ve  una pareja , uno encima del otro, un muslo totalmente desnudo y un par de nalgas peludas. Ballard se metió al carro, apagó el radio, pero el motor seguía funcionando sin parar. “!Me cago en la puta! ¡Pero si están muertos!”. Observó los pechos de la chica. Con la punta del pulgar le acarició el pezón. Lo que sigue es realmente espeluznante, digno de un hombre que en vida regresa a los infiernos.

El pene del muerto está embutido en un condón amarillo húmedo. Lester se acuesta sobre el cadáver de la muchacha desnuda y la posee (si es exacta la palabra) frenéticamente y le susurra en su oreja blanca como la cera todo lo excitante que es posible decirle a una mujer. La arrastra a su morada, la desviste y la vuelve a vestir hasta que  las chispas de la chimenea encienden la casucha . Solo encuentra un hueso mordido por el fuego. Más tarde irá a su antiguo hogar  y matará a una joven, hija del nuevo propietario. Destruirá también la casa. Continúa con una serie de asesinatos gratuitos y absurdos, dignos de un loco.

Ocurren otros acontecimientos, entre ellos, McCarthy describe la inundación del pueblo. “Es la peor que jamás he visto, dijo el sheriff. Dicen que en las inundaciones de 1885 el pueblo entero quedó sepultado bajo las aguas. Estaréis de acuerdo conmigo que hay lugares en que el Señor no quería  que nadie viviera ¿no?.  Mi mujer me ha dicho hoy: Es un castigo de Dios”.

(Lester Ballard) “Mientras yacía despierto en medio de la oscuridad de la cueva le pareció oír un silbido como cuando era niño y estaba en la cama a oscuras y oía a su padre volver por la carretera, un gaitero solitario; pero el único sonido era el del riachuelo que fluía a través de la cueva para ir a desembocar, quizá, a mares desconocidos del centro de la tierra”.  Será capturado y ejecutado. El sheriff encontrará en la cueva  siete cadáveres en fila y despojos de un pequeño monstruo que al fin y al cabo “era un hijo de Dios como tú”.           

miércoles, 16 de febrero de 2011

Triunfo de la razón (XVII)

Si Francis Bacón abre la puerta, es René Descartes quien entra de lleno a la modernidad. Toda una época, toda una historia queda atrás. Hasta el siglo XVI el pensamiento dependía de fuerzas ajenas al hombre. A partir de Descartes se descubre un pensamiento diferente, sencillo e independiente, que solo procede sustantivamente de la razón y de la conciencia de sí. La teología filosofante cede su lugar a la filosofía. Los hombres hacen una pausa en el camino del pensar y se preguntan de nuevo ¿Qué es la verdad? ¿Tenemos certeza de ella?

Con René Descartes comienza la cultura de los tiempos modernos. Formula un principio general que regula y gobierna el mundo, que surge del hombre mismo y no de la divinidad, por lo menos de una manera directa. El pensamiento parte del pensamiento, de la razón, luz que iluminará la modernidad hasta nuestros días, cuando ésta comienza a agotarse.



“Para Descartes no es verdad nada que no tenga una evidencia interior en la conciencia o que la razón no reconozca de un modo tan claro que excluya toda posibilidad de duda.

Cartesio nació en 1596, en Haye, Francia. Estudió en colegio de jesuitas. Sumamente interesado por todas las ramas del conocimiento humano, literatura antigua, filosofía, jurisprudencia. matemáticas, química, física, astronomía, etc. Sin embargo, repudiaba el estudio libresco, le atraía sobre todo la práctica de las ciencias. Vivió en París, pasó a Holanda, ingresó al servicio militar, combatió como voluntario en la guerra de los Treinta Años. Un filósofo que amaba las armas, cosa poco frecuente. Mas su heroísmo estaba en otro lugar. Hegel dice: “René Descartes es un héroe del pensamiento, que aborda de nuevo la empresa desde el principio y reconstruye la filosofía sobre los cimientos puestos ahora de nuevo al descubierto al cabo de mil años”. (Lecciones de historia de la filosofía. T.III, p.254. F C E . 1955.) Viajó por Alemania, Praga, Polonia, Suiza, Italia. En Holanda permaneció de 1629 a 1644, aprovechando la gran libertad de que gozaba el país, donde escribió la mayoría de sus obras. La Reina Cristina de Suecia lo llamó a Estocolmo donde murió en 1650.

El espíritu de su filosofía es el saber, como unidad del ser y del pensar. Su tesis básica es que se debe dudar de todo y “esto representa evidentemente un comienzo absoluto”. Por ello no es escepticismo sino algo más profundo. El sentido de la duda cartesiana es que debemos renunciar a todo prejuicio, a cualquier premisa que se acepte de antemano como verdadera. La única guía es el pensamiento mismo, buscando un puro comienzo. Nada está firme ni seguro, nada existe con la cualidad de un algo exterior totalmente objetivo. Toda la filosofía anterior llevaba el defecto de presuponer algo como verdadero. Pero para Descartes no es verdad nada que no tenga una evidencia interior en la conciencia o que la razón no reconozca de un modo tan claro que excluya toda posibilidad de duda. Podemos dudar que Dios existe, los planetas, cierto cuerpo que vemos o sentimos, pero no que existiéramos nosotros mismos. Sería contradictorio pensar que no existe aquello que piensa.

Hemos llegado al famoso Cogito ergo sum, “Pienso, luego existo”. El pensamiento es lo primero, es la determinación del ser. El “yo pienso”, envuelve mi propio ser y este es, dice Descartes, el fundamento absoluto de toda filosofía. El pensar como ser y ser como el pensar es mi certeza, mi yo. En “Pienso, luego existo”, se contienen inseparablemente unidos el pensamiento y el ser. Entre ellos hay una identidad, una relación directa e inmediata. No existe ningún intermediario. No hay imagen, ni concepto de lo externo que interfiera y nos pueda conducir al error.

La identidad del ser y el pensar es, según Hegel, la idea más interesante de los tiempos modernos. La conciencia está en primer lugar. Incluso si lo que vemos o pensamos no es real y dudamos de su existencia, hay algo de lo que no podemos dudar y es que estamos pensando y por consiguiente que existimos. El pensamiento es más cierto para mí que el cuerpo. Desde luego que en el querer, ver, oír, va implícito el pensamiento.

De esta manera la filosofía ha recobrado su verdadero terreno. Es la conciencia y solo la conciencia la que nos da la evidencia de la verdad. La “cosa” del yo, de la conciencia, se desdobla en dos substancias, el cogito y la extensión. El pensamiento y el cuerpo. La modernidad ha encontrado lo suyo, lo que más tarde será el espíritu, las ciencias del espíritu o de la cultura y las ciencias de la naturaleza. “El hombre es esa cosa que piensa”.

viernes, 4 de febrero de 2011

“La verdad de las mentiras”

Adiós a las armas, El viejo y el mar, París era una fiesta, son, en mi opinión, las mejores novelas de Ernest Hemingway (1899). En ellas sobresalen  dos de las características principales  del escritor estadoudinense: pasión por la escritura y por la acción. Hemingway pertenece a esa estirpe de escritores que no pueden permanecer quietos en su escritorio, hasta el punto de  gustarle escribir de pié en los mostradores de los bares y siempre andan en busca de aventuras, bien sea en las cumbres del Kilimanjaro, en la guerra civil española o en los mares de Cuba.

Mario Vargas Llosa ha dedicado en su libro La verdad de las mentiras (Alfaguara, 2002) dos ensayos al escritor norteamericano sobre sendas de sus obras: París era una fiesta y El viejo y el mar. Como la inmensa mayoría de los lectores exclama su admiración por este “canto del cisne” que escribió  en Cuba en 1951, cuando hasta los críticos más perspicaces daban como un hecho su irremediable decadencia. Es el relato de una epopeya, la indomable lucha del anciano pescador, Santiago, por capturar un inmenso pez, lo que pone en tensión todas sus fuerzas, hasta lograrlo finalmente. Pero la voracidad de los tiburones convierten su triunfo en una victoria pírrica, que le permite a Hemingway consignar una sentencia inolvidable: “Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado”.

La verdad de las mentiras le sirve a Vargas Llosa para sustentar su tesis básica sobre la novelística. Las “novelas se escriben y se leen para que los seres humanos tengan las vidas que no se resignan a no tener...”


París era una fiesta (1964), la última  (póstuma) gran obra de Hemingway,  comunica a los lectores el mismo embeleso que sienten los visitantes por esa ciudad, iluminada por su belleza física y el encanto indefinible que flota por todos sus ámbitos.  La fiesta es por la liberación (además de  celebrar vivir en París), cuando los aliados expulsan a las tropas hitlerianas. Es la del reencuentro de los artistas y escritores que han vivido y amado a la entonces sede de la cultura de Europa. Es por el disfrute de un vaso de whisky o de un habano, al abrigo de la noche y escuchando las canciones de moda que no solo hablaban de amores sino de muertes heroicas.

La verdad de las mentiras es la plena prueba del talento y la erudición del escritor sudamericano (Arequipa, 1936) Son cortos ensayos, entre otros, sobre Joyce, Virginia Woolf, Scott Fitzgerald, Faulkner, Malraux, Camus, Nabokov, Tomasi de Lampedusa, Pasternak, Doris Lessing, Böll, Tabucchi. Cantos a la riqueza y el esplendor de la literatura, un alegato elocuente a favor de la lectura de buenos libros, que hacen mejores a los hombres.

La verdad de las mentiras le sirve a Vargas Llosa para sustentar su tesis básica sobre la novelística. Las “novelas se escriben y se leen para que los seres humanos tengan las vidas que no se resignan a no tener. En el embrión de toda novela bulle una inconformidad, late un  deseo insatisfecho”. Su tesis es profundamente revolucionaria: no se escriben las novelas para contar la vida sino para transformarla. Todas las novelas rehacen la realidad, a veces para adornarla y otras para empeorarla. Translucen los más secretos deseos, ambiciones o frustraciones, bien se trate de un escritor realista o del género fantástico.

El autor peruano afirma que la literatura forma ciudadanos críticos e independientes difíciles de manipular, que es sediciosa, subversiva, que hay textos literarios que provocan conmociones   sociales que pueden acelerar las revoluciones, de dichas obras resulta un desafío a lo que existe. Por ello las iglesias y los gobiernos establecen censuras, cuando no persecuciones y confinamientos. Autores como Orwell o Kafka anticiparon las dictaduras totalitarias del siglo XX, “las más refinadas, crueles y absolutas de la historia”. Hoy existe la amenaza de que en el mundo cibernético que comenzamos a vivir se extienda una sociedad aletargada, sin espíritu, una  resignada” humanidad” de robots que habrían renunciado a la libertad.

El premio Nobel 2010 termina su libro con una exhortación a defender la literatura, “esa fuente motivadora de la imaginación y la insatisfacción, que nos refina la sensibilidad y enseña a hablar con elocuencia y rigor y nos hace más libres y de vidas más ricas e  intensas”.

jueves, 20 de enero de 2011

Vargas Llosa, premio Nobel

Mario Vargas Llosa, además de gran novelista, es un excelente ensayista. Entre los escritores de su generación, que es prácticamente la misma del boom literario latinoamericano, sobresale por su erudición. Ha logrado unir su talento de literato, una prosa vigorosa y en momentos hermosa, con una gran lucidez intelectual. Ha adelantado estudios académicos de literatura y letras, enseñado en importantes universidades, dictado conferencias en foros de la cultura mundial y como lo destacó la Academia Sueca del Nobel, posee un sentido político que le ha permitido la  comprensión de las estructuras de poder, que ha reflejado en sus múltiples novelas y ensayos y piezas de teatro.

Su interés en la política ha llevado a Vargas Llosa, también, a participar en ella en forma decidida y entusiasta, hasta el punto de lanzar su nombre como candidato a la presidencia del Perú. Si bien podemos calificar algunas de sus tesis económicas como de derecha, sería un error englobar su pensamiento político en la reacción. En defensa de sus ideas liberales se ha pronunciado enfáticamente a favor de los derechos fundamentales del individuo, de la libertad de pensamiento  y el respeto de los derechos humanos. Sus obras literarias se inspiran en un hondo humanismo y  solidaridad social. Creo no exagerar si afirmo que Vargas Llosa es un profundo analista de las situaciones del mundo contemporáneo, un agudo observador de los dramas y encrucijadas de la modernidad capitalista, que se ha nutrido del colonialismo, de la explotación, de la desigualdad social y económica y de la opresión política, como lo afirma en su última obra El sueño del celta, Alfaguara, 2010. , uno de sus mejores trabajos literarios y políticos.


“Creo no exagerar si afirmo que Vargas Llosa es un profundo analista de las situaciones del mundo contemporáneo, un agudo observador de los dramas y encrucijadas de la modernidad capitalista”.

Demuestra como la llamada “barbarie africana” no es propia de los pueblos originarios de ese  continente, sino que les fue impuesta  como un  cruel legado de las potencias coloniales europeas, emblemáticas de la civilización  occidental y cristiana.  Igual ocurre con la selva amazónica donde la empresa inglesa Peruvian Amazon Company, la tristemente célebre Casa Arana, condenaba a los indígenas de las diferentes tribus a la esclavitud más monstruosa en el proceso de extracción del látex, en las caucherías, sin límites geográficos, legales o éticos, iniciando de esta manera la destrucción de la selva virgen y arrasando con sus culturas. El escritor peruano calcula que murieron, principalmente en el Congo, bajo el reinado de Leopoldo II de Bélgica, 10 millones de personas, “casi como dos veces el holocausto judío. El primer gran holocausto moderno”.

El sueño del celta, no es estrictamente una novela, sino la biografía novelada de Roger Casement, personaje histórico que vivió entre 1864 y 1916. Vargas Llosa centra su relato en los años más dramáticos y decisivos de su vida, 1903 – 1916. Año en que muere en la horca por traición a la patria inglesa. En realidad era irlandés, que se entrega totalmente a luchar por sus ideas y principios,  por causas dignas y nobles, merecedor de la admiración y el respeto de sus coetáneos y de todos los hombres que piensen con dignidad en cualquier lugar de la Tierra.

Casemet era un joven educado, apasionado e inteligente. Amante del género humano.  Funcionario del Foreing Oficce. Tiene algo de misionero. Viaja al Africa. Desembarca en el Congo. Detrás de esa naturaleza imponente está El corazón de las tinieblas, de su amigo el escritor Joseph Conrad. Ve con sus propios ojos la terrible realidad de la colonia belga, oculta por las mentiras piadosas del Rey Leopoldo II, quien se hace regalar más de dos millones y medio de kilómetros cuadrados para sembrar en Africa la civilización y el cristianismo. Descubre que su verdadera patria, Irlanda,  también es una víctima del colonialismo inglés. A la causa de la  Independencia de Irlanda entrega su vida en el patíbulo. Los informes que escribió Roger Casement como producto de su dolorosa experiencia en el Congo y en el Putumayo, a instancias del gobierno británico, fueron conocidos en el mundo entero y acatados en sus recomendaciones. Muchos de los altos empleados de la Casa Arana fueron encarcelados y finalmente ésta  se  extinguió devorada por la selva.

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En una pequeñita alfombra voladora enviada por la Casa de Poesía Silva, leo este bello poema de Maruja Vieira sobre la PAZ.

Más allá de esta nube de ceniza / el hombre espera. / Espera que la sombra le devuelva / su herencia de esperanza, / su antiguo mapa tranparente.

El hombre quiere un poco de silencio / para que el hijo diga su primera palabra.

Esa palabra que nunca es “guerra”, / que nunca es “muerte”.